3 de diciembre de 2008

La interculturalidad es una ficción, el espacio público una farsa

Notas de la intervención de MANUEL DELGADO en el II Training Seminar de Jóvenes Investigadores en Dinámicas Interculturales. Fundación CIDOB, Barcelona, 2 de diciembre de 2008.

por Chac

[Correspondió a Manuel Delgado dirigir, en el Training Seminar, el panel "Espacios de/para la interculturalidad". Trato de recuperar algunos de sus comentarios (necesariamente filtrados por mi escucha, mis palabras y el orden que arbitrariamente les daré) que versaron sobre la interculturalidad, tema en general del seminario, y también sobre tres investigaciones de estudiantes de doctorado.]

La multiculturalidad y la interculturalidad [y podemos agregar "el fenómeno de la migración"] son en realidad ficciones creadas por las investigaciones sociológicas y antropológicas y reproducidas por políticos y medios de cumunicación; son dominios casi metafísicos. Son en principio obviedades: que haya muchas culturas y que las culturas se encuentren es por definición el estado de las sociedades. La interculturalidad y la migración supuestamente se estudian porque son "problemas" recientes. Pura hipocrecía: el problema de fondo para quienes se preocupan por la interculturalidad [en el caso de España y de ciudades como Barcelona concretamente] es qué hacer con los "putos moros" (sic).

[Anécdota: Manuel habló durante los primeros minutos de su intervención en catalán, hasta que la coordinadora del panel le pidió, en voz baja, que hablara en castellano. Él quedó visiblemente atónito, y dijo "sí, puedo hablar en la lengua del imperio... si quieren también puedo hablar en francés o en italiano", y sonriendo irónicamente agregó: "¿ven cómo la multiculturalidad es una ficción? ¡Uno no puede hablar en su país en su propia lengua!" Continuó la intervención en castellano.]



Los problemas de cultura no son reales. La gente tiene otros problemas que sí son reales: de vivienda, de desempleo, de que no le alcanza para llegar a fin de mes. En realidad sus problemas no son de cultura. ¿Es realmente la interculturalidad un problema? ¿Qué hay que decir de la interculturalidad? Hay que decir que no hay que decir nada.

La noción de espacio público también es una ficción. Es una monstruosidad hablar de la presencia de alguien en el espacio público, cuando lo que define ese espacio es el anonimato, y el anonimato es una institución social.

Uno de los trabajos de investigación expuso cómo la celebración de la ashura por parte de la comunidad musulmana de Barcelona, fue desplazada por las autoridades de pequeñas calles de la ciudad hacia el paseo Lluis Companys, avenida muy amplia donde pueden ser observados y controlados. También se les pidió como requisito para seguir realizando el rito que no hubiera sangre, ya que en la ashura suele haber autoflagelaciones. Este hecho pone de manifiesto que el espacio público no existe, porque es falso que exista un espacio para todos. El espacio "público" se ha vuelto excluyente, no puede estar ahí quien no sea de clase media, caso de Barcelona. El espacio público como objeto de estudio es un fraude y una farsa.

Que la calle sirva para algo más que para ir a trabajar y volver a casa es una cosa obvia. Es el espacio de las expresividades sociales. Los argumentos para querer canceler o limitar festividades son en el orden de que las fiestas molestan. Que la ashura se mueva de lugar y se restrinja porque molesta a los vecinos es también una hipocresía. Si fuera por eso las fiestas de Gràcia [las fiestas populares más aparatosas de Barcelona] ya se habrían prohibido hace mucho tiempo. Las fiestas por definición son para molestar, porque se trata de crear un estado de excepción. La cuestión es que en el caso de la ashura los que molestan son los "putos moros", que no son vecinos ni ciudadanos. Alguien a quien se llama "vecino inmigrante" no es un vecino. Es una hipocresía que los "inmigrantes" sean ciudadanos y encima sus hijos tengan que escuchar en la escuela lecciones de ciudadanía.

También se suele hablar de integración cultural. Pero la integración no puede ser cultural. La integración es legal o no es nada. Usemos en la investigación categorías más solventes y rigurosas. Lo que integra a una persona a una sociedad no puede ser otra cosa que la ley. A una cultura no es posible integrarse. Por otra parte gracias a los de fuera se ha revitalizado la "cultura catalana": otra vez tenemos colmados de barrio y los chicos y chicas juegan al futbol en la calles, cosas que antes hacía la gente "de aquí" y ahora ya no.

Toda la jerga de la interculturalidad y multiculturalidad, que no es más que una tremenda obviedad, que nos lleva a esas ilusiones pseudocristianas de "comprender al otro", es perversa, porque al final resulta que los problemas sociales se tratan de una avería de los sentimientos, de llevarnos bien o mal, y no de injusticias tangibles. A fin de cuentas uno tiene derecho a juntarse e interactuar con quien le da la gana, y si no quiere hablar con los vecinos no lo hace; si sólo quiere hablar con los de su mismo país ¿por qué tiene que dar explicaciones por ello? No hay un vehículo de interacción más poderoso que el conflicto. Una "sociedad armoniosa" es la cosa más anodina que pueda haber.


Un inmigrante lo que pide es que se le deje en paz, no que lo traten bonito; es decir, tener derecho al anonimato, lo cual implica tener los mismos derechos y oportunidades que cualquiera por lo que nadie lo tomaría en cuenta, esto quiere decir ser en verdad uno más. El problema con los inmigrantes no es en realidad de origen, sino de clase social, esto es, que son pobres. Barcelona, por ejemplo, no tiene previsto que haya gente que no sea de clase media, y lo disfrazan entonces preguntándose qué hacer con la migración.

Una pregunta interesante es cómo la calle se convierte en el espacio público. La calle es el espacio de integración por excelencia. Sales y ya está integrado. No se tiene más que entrar en las prácticas de la calle que implican el anonimato.

El más integrado es el más apartado. Su función, como es el caso del inmigrante, es convertirse en operador simbólico: no hacemos más que hablar de él, nos ordenamos en torno a él, en contra de él. Como escribió Simmel, el extranjero nos hace pensar en lo que no podemos pensar. La "cultura catalana" existe porque es amenazada, y todo el tiempo estamos hablando de los inmigrantes que la amenazan. El día que no estén vamos a preguntar dónde quedaron los inmigrantes.

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Manuel Delgado es profesor del Departamento de Antropología de la Universidad de Barcelona. Sobre espacio público y antropología urbana ha publicado los libros El animal público (Anagrama, 1999) y Sociedades movedizas (Anagrama, 2007).

Fotos de Lirba Cano.

2 de diciembre de 2008

hoy tuve un sueño en tres partes

-soñé con que la espuma eran tortugas... y yo las tomaba con mis manos y me las llevaba... ...me las llevaba aquí conmigo.

- ¿a dónde te las llevabas?

-pues aquí, conmigo.

-entonces se dice traje... ...las traje conmigo, o sea... me las traía aquí conmigo.


-sí... me las traje aquí conmigo, con nosotros. Esa es la primer parte...
...y si son tres partes, ahora nos quedan dos. Así, con los dedos de las manos, el dos es como un conejito...


-¿Y cuáles son las otras dos partes?
-Luego las pusimos en una pecera, como esa de México, que nos trajimos en una maleta, escondida. Pero en esa pecera, había tortugas, cocodrilos, tiburones, y delfines, pero así, pequeños como las tortugas, y había estrellas de mar y caballitos; pero luego, el cocodrilo y el tiburón se querían comer a las tortugas.

-¿Y cuál es la última parte?

- Pues que el tiburón se hizo bueno y como se hizo bueno, no dejaba que el cocodrilo se comiera a las tortugas, ni a los caballitos, ni a las estrellas de mar, ni a los delfines...

17 de octubre de 2008

Futuras depresiones

Por Alberto García

En el futuro, el mundo estará marcadamente dividido en ricos y pobres. Los ricos le venderán a los pobres: casa, cobija, alimento, diversión. Los pobres, para poder comprarles a los ricos sus satisfactores, serán sus esclavos. Ingresarán con la etiqueta de empleados a trabajar a sus constructoras, fábricas, tierras de cultivo, espacios recreativos. Se dedicarán a producir cada vez más rápido, cada vez con mejor calidad, cada vez a menor costo, cada vez con menos que cero defectos: casa, cobijas, alimentos, diversión. El producto de su trabajo no será suficiente para comprar. Los ricos poseerán un ingenioso instrumento que llamarán Banca, cuya función será prestarle dinero a los pobres para que puedan comprar: casa, cobija, comida, diversión. A cambio, los pobres que usen el crédito, se comprometerán a entregar a los banqueros sus sueldos íntegros y un poco más. Los que tengan media casa, la hipotecarán, los que tengan media cobija, la empeñarán. Al cabo de un tiempo, los ricos poseerán todas las casas, todas las cobijas, todos los alimentos, toda la diversión. Saldrán a buscar quien compre sus productos cada vez más baratos. Los pobres no podrán comprarlos. Una inmensa mayoría morirá: sin casa, sin cobija, sin alimento, sin diversión. Los ricos anunciarán que existe un desplome económico ya que nadie compra las casa, las cobijas, los alimentos, la diversión que otros fabrican para ellos. Y las nuevas adquisiciones que han obtenido cuando los pobres no pagaron su hipoteca, tampoco.

Las hipotecas no se cobran, las casas no se venden, las cobijas no cubren, los alimentos no se consumen, la diversión no recrea.

La crisis, en ese momento, puede afectar a todos, anuncian los diarios de los ricos, sus páginas de internet, sus canales de televisión, sus estaciones de radio, sus periódicos, sus carteles en la plaza mayor, sus juglares, sus heraldos. Algunos pobres leen y hacen circular la noticia. Hay pánico general porque los ricos no venden sus casas, sus cobijas, sus alimentos, su diversión.

12 de octubre de 2008

La mentalidad de los barcos falsos

por Pablo Fernández Christlieb

De hecho, la mayoría de los barcos no flotan; es más, sólo lo hacen los peores, los buques mercantes de los negociantes, los acorazados de guerra de los norteamericanos, los cruceros de turistas que van a las Bahamas. Un barco no es algo que flota, aunque tampoco lo que no flota no es barco, porque, si fuera así, el Titanic no sería un barco, ni los cientos de galeones hundidos entre la España y la Nueva España cargados de tesoros, que para muchos son los más barcos de todos, y que jamás han visto; pero esto no quiere decir que lo que está en el mar pero no flota sea una barco descompuesto, porque entonces la Venus de Milo, a la que encontraron en el fondo sólo sería un barco descompuesto, aunque de repente da por pensar que la Victoria de Samotracia sí lo sería, ya que formaba parte de una proa de navío, y sería el más bonito barco de todos.


Los barcos fantasmas sólo flotan en la imaginación, como el barco de Loch Awe, que significa Lago del Temor Reverencial, o ése otro que se ve por el Mar del Norte lleno de gente vestida de fiesta que cruza silencioso en días de calma y bruma: quizá sea falso que es fantasma, pero no que es barco. O tal vez será que los barcos falsos están tan bien falsificados que sí flotan pero no son barcos, pero es difícil que una tina, o los lirios acuáticos, o las latas vacías de coca cola, o los veinte mil patitos de hule que en los años noventa en una tormenta cayeron de un carguero y que actualmente siguen flotando en algún lugar del Atlántico, salvo algunos cientos que alguna mañana, diez años después, aparecieron en las costas de Escocia, sean barcos falsos, porque no lo son ni verdaderos. Tampoco puede decirse que sean falsos los barcos que no llevan tripulantes o carga, porque el mayor número de barcos de este mundo no sirve para tales efectos, ya que, por ejemplo, de todos los barquitos de papel que han sido construidos a lo largo de la historia, en promedio uno por cada ser humano, solamente el de Hans Christian Andersen llevaba un soldadito de plomo, quién sabe si como tripulante o como carga...

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Gracias a Jahir Navalles por enviar este texto para la "pabloteca".
Fotografía: Memorial de Walter Benjamin, en Portbou, Cataluña. Foto de Lirba Cano.

9 de octubre de 2008

La cultura de la diferencia

Texto extraído del libro Yo, tú, nosotras
de LUCE IRIGARAY
(Madrid: Cátedra, 1992. Págs. 43-47).


El cuerpo femenino presenta la particularidad de tolerar el crecimiento del otro dentro de sí, sin enfermedad, rechazo o muerte para uno de los dos organismos vivos. Por desgracia, la cultura ha llegado a invertir casi por completo el sentido de esta economía del respeto al otro. Ciega, ha venerado hasta el fetichismo religioso la relación madre-hijo, pero no ha sido capaz de interpretar el modelo de tolerancia que manifiesta tal relación de un ser distinto dentro de y con una misma. El cuerpo de las mujeres, en efecto, ofrece idénticas oportunidades de vida a los hijos y a las hijas concebidos en él por el encuentro de cromosomas masculinos y femeninos.


La cultura del entre-hombres actúa de forma inversa. Se organiza excluyendo de su sociedad la aportación del otro sexo. Allí donde el cuerpo femenino engendra en el respeto a la diferencia, el cuerpo social patriarcal se edifica jerárquicamente excluyendo la diferencia. El otro-mujer se queda en un substrato natural de esta construcción social, cuya aportación permanece oscura en su significación relacional. Evidentemente, el culto a la relación madre-hijo muestra la tolerancia femenina. Pero, hasta el presente, también las hijas se engendran a través del semen masculino. Sus madres no las producen partenogenéticamente, aunque el resultado del encuentro cromosómico tenga como efecto el nacimiento de un niño que se les parece.

Así pues, nuestras civilizaciones presentan dos carencias, dos represiones, dos injusticias o anomalías: 1) las mujeres que han dado vida y crecimiento al otro en ellas, son excluidas del orden del mismo-que-ellos que los hombres han elaborado; 2) la niña, aunque concebida de hombre y mujer, no es admitida en la sociedad como hija del padre con el mismo trato que el hijo. Permanece fuera de la cultura, conservada como cuerpo natural tiene valor para la procreación.

Las dificultades de las mujeres para lograr que se reconozcan sus derechos sociales y políticos se basan en esta relación entre biología y cultura, sobre la que nunca se ha pensado lo suficiente. Rechazar hoy en día toda explicación de tipo biológico -porque la biología, paradójicamente, para explotar a las mujeres- es negar la clave interpretativa de la explotación misma. Ello significa también mantenerse en la ingenuidad cultural que se remonta al establecimiento de los dioses-hombres: sólo lo que se manifiesta con forma de hombre hijo divino del padre, legitimable como hijo portador de valor. Los deformes y los atípicos se ocultan con vergüenza. Las propias mujeres deben habitar la noche y la casa, entre velos y despojadas de su identidad por no ser una manifestación de las formas correspondientes a los cromosomas sexuados masculinos.

Así pues, para obtener un estatuto subjetivo equivalente al de los hombres, las mujeres deben hacer que se reconozca su diferencia. Deben afirmarse como sujetos portadores de valor, hijas de madre y de padre, respetuosas del otro en ellas y exigiendo de la sociedad idéntico respeto.

Pero todo el marco de su identidad está por construir, o reconstruir. Me gustaría indicar aquí algunos sencillos ejemplos para fomentar las relaciones de identidad entre madres e hijas, el espacio menos cultivado de nuestras sociedades. Así es, ya que se encuentra doblemente excluido de las culturas patriarcales, pues la mujer es rechazada como mujer-sujeto, y la hija no recibe un reconocimiento paritario como hija-sujeto. Los valores dominantes en nuestras culturas son los que manifiestan visiblemente su pertenencia al género masculino.


¿Cómo salir de este engranaje endiabladamente riguroso del orden patriarcal falocrático? ¿Cómo dar a las hijas la posibilidad de un espíritu y un alma? Eso puede realizarse gracias a la existencia de relaciones subjetivas entre madres e hijas. Ofrezco aquí algunas sugerencias prácticas para cultivar este tipo de relación:

1. Volver a aprender el respeto a la vida y a los alimentos. Ello significa reencontrar el respeto a la madre y a la naturaleza. Con frecuencia olvidamos que las deudas no se pagan sólo con dinero y que no todos los alimentos pueden comprarse. Este punto, que concierne también, como es evidente, a los hijos varones, es imprescindible para las mujeres si quieren redescubrir su identidad.

2. Es conveniente colocar hermosas imágenes (no publicitarias) de la pareja madre-hija en todas las casa y lugares públicos. Resulta patógeno para las hijas encontrarse siempre ante representaciones madre-hijo, especialmente en la dimensión religiosa. Propongo, por ejemplo, a todas las mujeres de tradición cristiana que coloquen en las habitaciones comunes de sus casa, en las de sus hijas y las de ellas mismas una imagen que represente a María y a su madre Ana. Existen en esculturas y pinturas fáciles de reproducir. Les aconsejo también exponer fotografías en las que figuren al lado de su(s) hija(s), e incluso de sus madres. Igualmente, pueden hacer fotos del triángulo: madre, padre, hija. Estas representaciones tienen como meta dar a las hijas una figuración valoradora de su genealogía, condición indispensable para constituir su identidad.

3. Propongo a las madres suscitar ocasiones de emplear con su(s) hija(s) el plural femenino. Pueden también inventar palabras y frases para designar las realidades que experimentan e intercambian, pero para las que no poseen un lenguaje.

4. Es igualmente necesario que madres e hijas descubran o fabriquen objetos intercambiables entre ellas para definirse como un yo -nosotras- y un tú femeninos. Digo "intercambiables" porque los objetos que se pueden compartir, fraccionar, consumir en común pueden prolongar la fusión. Los únicos asuntos que habitualmente intercambian las mujeres son los referidos a los niños, a la comida, y, a veces, a su arreglo personal o a sus aventuras sexuales. Pero ésos no son objetos intercambiables. Y para bien hablar de los otros y de sí mismas, es útil poderse comunicar a propósito de las realidades del mundo, poder intercambiar alguna cosa.

5. Sería útil que las madres enseñaran muy pronto a las hijas el respeto a la diferencia no jerárquica de los sexos: él es él; ella es ella. Él y ella no se reducen a ser funciones complementarias, sino que corresponden a identidades distintas. Mujeres y hombres, madres y padres, hijas e hijos, poseen formas y cualidades diferentes. No pueden ser identificados sólo por sus acciones y sus roles.


6. Para establecer o prolongar las relaciones consigo misma y con el otro es indispensable disponer de un espacio. A menudo, las mujeres quedan reducidas a los espacios internos de su matriz o de su sexo, en la medida en que éstos son útiles para la procreación y el deseo de los hombres. Es importante que dispongan de un espacio exterior propio que les permita moverse de dentro a fuera de ellas mismas, de experimentar su condición de sujetos libres y autónomos. ¿Cómo conceder una oportunidad a la creación de este espacio entre madres e hijas? Veámos algunas propuestas:
a) Sustituir, siempre que sea posible, las magnitudes artificiales por las magnitudes humanas.
b) Evitar alejarse de los espacios naturales, cósmicos.
c) Jugar con los fenómenos que produce el espejo y los de simetría y asimetría (especialmente derecha-izquierda) para reducir la proyección y la anulación en el otro, y los fenómenos de indiferenciación con el otro, ya sea la madre, el padre, la futura pareja amorosa, etc.
d) Aprender a no moverse siempre en el mismo sentido, lo que no significa dispersión, sino un saber circular de dentro a fuera y de fuera a dentro de una misma.
e) Interponer entre la madre y la hija pequeños objetos realizados a mano para compensar las pérdidas de identidad espacial, las fracturas del territorio personal.
f) No contentarse con describir, reproducir o repetir lo ya existente; saber inventar o imaginar lo que aún no ha tenido lugar.
g) En los intercambios verbales, crear frases en las que el yo-mujer hable al tú-mujer, especialmente de ella misma o de una tercera mujer. Esta clase de lenguaje, prácticamente inexistente, contrae enormemente el espacio de la libertad subjetiva de las mujeres. Podemos emepezar a crearlo sirviéndonos de la lengua habitual. Madres e hijas pueden practicarlo bajo la forma de juegos afectivos y didácticos. Esto significa concretamente que la madre-mujer se dirige a la hija-mujer, que utiliza las formas gramaticales del femenino, que habla de cosas que les conciernen, que habla de ella misma e invita a su hija a hacerlo, que evoca su genealogía, en especial la relación con su madre, que habla a su hija de las mujeres que tienen una dimensión pública en la actualidad y de aquellas que la tuvieron en la Historia o en la mitología, que pide a su hija que le hable de sus amigas, etc. Cuando las hijas comienzan a frecuentar el colegio aprenden el discurso del él/ellos o del entre-él/ellos. En cuanto a las escuelas mixtas, aunque presentan ciertas ventajas, desde este punto de vista serán poco favoralbes al desarrollo de la indentidad de las minñas mientras los códigos lingüísticos -gramatical, semántico, lexicológico- no evolucionen.

Sólo la madre está actualmente en condiciones de preocuparse de dar a su hija, a sus hijas, una identidad como tales. Las hijas que somos nosotrras, más conscientes de aquellas cuestiones que conciernen a las necesidades de nuestra liberación, podemos también educar a nuestras madres y educarnos entre nosotras. Todo ello me parece indispensable para los cambios sociales y culturales que estamos necesitando.

Septiembre de 1987.

21 de septiembre de 2008

Hojas sin arrugar

por Alberto García Lozano (Giirado del mundo)

Algunas veces he visto, en las películas, cómo un escritor toma una hoja blanca de un montón, la mete en la máquina de escribir, teclea la primera frase, no le gusta, saca la hoja de la máquina, la arruga, la arroja con muy mala puntería al cesto de la basura (close up al cesto, donde se nota que un montón de papeles han caído fuera); toma una nueva hoja y repite el proceso.
Se me pidió, entonces, que juntara en diez cuartillas todas esas frases que han sido arrojadas (o que han pretendido serlo) al cesto de la basura. Sin tirar una sola. Reunirlas aquí. Mirarlas escritas en una decena de hojas sin arrugar y sin lanzar.

Se podría pensar que el proceso que siguen los escritores es muy sui generis, ¿de dónde sacan la idea de que tras arrojar cierta cantidad de papeles con apenas una frase escrita, arrugados, a veces ni siquiera cerca del bote de la basura, surgirá por fin la novela genial que albergan dentro de sí? ¿Y si el orden fuera trastocado? Me explico: He conocido personas que en un momento de sus vidas deciden ser deportistas. Un caso típico: se levanta un buen día (o un jodido día, a propósito de lugares comunes) más temprano que de costumbre, se abrocha las agujetas de unos tenis que son, de plano, completamente inapropiados para la tarea del corredor olímpico en ciernes. Lo demás es: camisa de botones, pantalón con presillas, calcetines de vestir, cinturón con hebilla grande. No está dotado aún para la decisión que acaba de tomar. Sale a la calle y no sabe qué camino será el mejor. Camina como descubriendo el mundo por primera vez. En alguna esquina, donde cree que nadie lo observa, ejecuta mal algunos ejercicios de calistenia. Se anima y trota un poco. Su paso es torpe y se cansa enseguida. Alterna la caminata con el trote y, cada vez que siente el corazón en la garganta y es capaz de recuperarse, piensa que su espíritu le va ganando la batalla al cuerpo (noto aquí cierta formación maniquea en el neo-correcaminos).

Te encuentras dos años después con la misma persona y, en una de las posibilidades, te das cuenta que sus tenis ya no son de suela dura, ha invertido una cantidad de dinero en comprar ropa que lo haga ver como un verdadero deportista. Ya no usa pantalones vaqueros o acampanados, los ha sustituido por un conjunto deportivo. Y no sólo es la ropa, cuando inicia su rutina lo hace con la seguridad de quien sabe hacer lo correcto. Toma el camellón de una avenida que mejor estaría en una villa olímpica. Mira su reloj de pulsera para:
a) Ver la hora.
b) Tomarse el tiempo y saber si estableció un récord.

Corre. Ya no lo hace a brinquitos tipo Bambi, tampoco intercala momentos agachado, jalando aire hasta por las orejas y con los ojos tipo niño con síndrome de Down. Es decir, a fuerza de hacerlo, aprendió a correr. No desechó ningún paso, por muy caricaturesco que fuera, al bote de la basura. Si fuera película, hasta tendría una foto Polaroid del primer día que salió de su casa a trotar el mundo. No se avergonzaría de su indumentaria ranchera, ni de su corte de pelo, ni de sus lagañas (que no se alcanzan a ver en la foto).

Esa es la tarea que se me pidió. Que tras haber escrito la primer frase en la hoja, dominara mi impulso (muy de escritor) de poner cara de fuchi, arrugar la hoja y enviarla a las inmediaciones del cesto (pienso en un escritor con las expectativas muy altas o con la autoestima muy baja, que en lugar del tradicional cesto de papeles, se armara, antes de comenzar su obra, con un tambo de esos que se usan acá en Ciudad Juárez para sacar la basura a la calle).

Diez cuartillas. Lo que hice fue contar las hojas (no me fuera a pasar), apilarlas en mi escritorio y simplemente comencé a escribir. Sabedor de que nadie me veía, no tenía caso quedarme un momento viendo el papel con las manos en la cintura, como dispuesto a iniciar la batalla.

Apenas llevo dos y media cuartillas y ya me doy cuenta de dos cosas:
1) Me faltan siete cuartillas y media.
2) No es verdad que cada coma es la obra maestra en sí (cfr.: Ordaz, Axel.
Estratengaños Mercadoilógicos, Obra Negra Editores, 2007, p. 30).

El acto de escribir es la obra maestra en sí. Así como para nuestro corredor, caminar o trotar torpemente era el ejercicio en sí. No necesitaba hacerlo correctamente para entrar en la categoría de ejercicio. Hazlo mal y ve al doctor y dile que caminas diariamente media hora y ni te va a preguntar por la marca de tus tenis ni por lo ridículo de tu indumentaria. Probablemente salgas de la consulta con una estrellita en la frente y una etiqueta de “saludable” que no te quepa en el ego.


Así comprendí el acto de escribir. Empezar a hacerlo es ya estarlo haciendo.
Luego te puedes conseguir un erudito que te diga dónde va coma y dónde punto y coma. Si es de verdad profesional, no se va a detener en tus ideas, son irrelevantes. Para el profesional de escribir técnicamente bien, no hay ideas buenas o malas; hay ideas, incluso robadas, correcta o incorrectamente escritas. Todo es así para los profesionales. Por eso están, algunos, más allá del bien y del mal. Un da, da, da o un chacarrón, correctamente utilizados, son música y, eventualmente, pueden ser música buena; digo, es mi culpa elegir malos ejemplos. Pero lo importante es saber que no importa tanto la letra de la canción para que ésta sea cantable, pegajosa y capaz de hacerle cosquillas al corazón y sacudirnos la modorra y, a veces, los pies.
Luego vienen los que están o no de acuerdo con lo que escribiste. Los que deciden si lo tuyo es Literatura o si es una pena que no hayas procedido de acuerdo al cliché: escribir una frase, sacar la hoja, arrugarla, lanzarla. Nos hubieras ahorrado las siguientes nueve cuartillas de nada. Bueno, ya ahorita, cinco y media. Los que opinan que las bibliotecas bien pudieran ser menos y más pequeñas. Basta que tuvieran un estante con Spinoza, Ortega y Gasset, Niestché y alguno más. Pienso en lo que opina de esos expertos la mamá de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, o su editor, o tanta gente que sólo a él ha leído. La gente que de no existir Paulo Coelho no conocería un libro. Las personas que no se sientes desvalijadas al salir sonrientes de la librería del aeropuerto con su “cómo ser una perfecta cabrona” bajo el brazo y un buen baucher en la cartera.

Que conste que no es esto una invitación abierta a que los Masca brothers escriban su libro.

El corredor que encontramos dos años después sólo es mejor técnicamente. Se puede decir que el principiante le rebasa en algunos sentidos. Para el habituado es más fácil madrugar. Trae condición, respira adecuadamente para fatigarse menos y hasta se pone una muslera en caso de lesión. El de tiempo atrás sólo contaba con una férrea voluntad, sin ropa adecuada, sin prestigio de corredor y con muchos augurios de “no va a aguantar ni una semana”.

El escritor de oficio sólo tiene unos signos de puntuación más que el novel. Sus ideas no son mejores a fuerza de expresarlas. Quizás llegaron a ser más claras, más entendibles a los demás, pero igual de sorprendentes o de ordinarias que al principio. Y la originalidad de los pensamientos ni siquiera depende del propio escritor. Una sociedad determina qué le sorprende y que no. La nota roja puede ser sorprendente y, sin embargo, a veces parece que deja de sorprendernos.

Desde que era niño existían los corredores y también los periódicos amarillistas (¿han reparado en cuántas cosas, que aparentemente no tienen nada en común, coexisten, conviven, se rozan?). Yo nunca fui aficionado a este tipo de literatura especializada. Creía, tal vez por haberlo escuchado, que los reporteros gráficos de dichas publicaciones visitaban regularmente los anfiteatros de las ciudades y, mediante un soborno, tenían acceso a tomar fotografías a los cadáveres, mismas que, después, eran editadas y a las cuales se les construía una historia. Nada fantástico o imposible. Nada de increíble hay en que alguien resbale y, justo en ese momento, la llanta de un camión ruede por encima de la cabeza, provocando un crack, audible para dos o tres testigos, y una muerte instantánea. Eran, como dije, historias posibles pero que no tenían nada qué ver conmigo. Mis amigos no habían muerto aplastados, nadie de mi familia había sido torturado o ejecutado, nadie había desesperado al punto de ahorcarse. Pero, o los escritores de la nota roja se hicieron técnicamente mejores con el paso del tiempo o la sociedad decidió, un día, levantarse más temprano de lo habitual para comenzar a ejercer la violencia de manera tan sincronizada con los medios de comunicación que, ahora, dos realidades que para mí no se tocaban, comenzaron a hacerlo. O yo respondí que sí noto lo que pregunté diez y ocho líneas arriba. Que sí existen cosas disímbolas, contrarias, ajenas hasta hace poco, que se seducen, se tocan, cohabitan, se vuelven cotidianas, terminan por parecer rutina.

Comencé a comprar el periódico que, en cuestión de marketing, le da una lección a los que envían correos electrónicos invitándome a la presentación de un libro, editado por la Universidad. Y las notas parecían reales. Ya no creía que los reporteros sobornaban a los vigilantes del CEMEFO para retratar cadáveres viejos. Mis amigos dejaron de ser los que metían el gol gana en el partido de ayer, para convertirse en el “cuando llegues di esto para que te dejen entrar, porque si no, te van a decir que no estoy, es que he recibido amenazas de secuestro”.

La nota roja no tiene que gustarte. Es así, como la realidad. Porque si no es así, entonces los reporteros siguen creando ficción a partir de una foto. Y, entonces, los dos muertos que tiraron ayer, cerca de mi casa, o el estudiante de secundaria que fue victimado con arma blanca en una cancha de fútbol de un centro comunitario; o los helicópteros que llevan días pasando por el cielo de mi oficina; o los soldados que me detienen, me bajan del auto y me preguntan que a dónde voy; o los balazos a que juegan los adolecentes de mi colonia; o la esposa de mi compañero, que es atrapada en el puente internacional por intentar cruzar mariguana, y los otros que tú conoces, que de tanto repetirse, que de tanto ejercitarse, comienzan a hacerte sospechar que esta vida se trata de una ficción muy bien elaborada.

Hace una semana asistí a la presentación de una revista de “corte cultural”. Había vino tinto, canapés, poses, perfumes y, por supuesto, discursos. En el explícito alguien mencionó que los medios cometían un error al presentarnos las buenas noticias en un recuadro pequeño, lo que de bueno estaba sucediendo en la ciudad. La cultura, que también era una cara, una buena cara, de la realidad era relegada. Pinche realidad hipócrita, polifacética, acomodaticia. Cuando alguien quiere decir que en Juárez suceden cosas buenas, ahí está el Centro Cultural recién creado y sus múltiples actividades. Cuando otro cuenta que, en menos de nueve meses, en esta ciudad se han ejecutado más de mil personas, ahí también está la realidad que no lo deja mentir. ¿Por qué la realidad decide darles a ambos la razón? Tal vez el escritor de la vida opina también que no hay temas buenos y malos para escribir. Que da lo mismo hablar de la sopa de fideos o de los patrimonios culturales de la humanidad. Que, comas más, puntos menos, él escribe de ejecuciones, de narcomenudeo, de sobredosis, de muerte. O de aplausos, nudos en las corbatas, virtuosismo en la ejecución de algún instrumento, atardeceres multicolores. Y todo se junta, todo coexiste. En esta biblioteca el bibliotecario no discriminó. En el estante de la Literatura del Río Bravo, se encuentran, sin clasificar, los filósofos, los comentaristas de un equipo chafa de fútbol, los pelados que cuentan chistes obscenos en las presentaciones de revistas culturales, los moralistas, los a favor del toque de queda, los en contra. Es como muchas bibliotecas que conozco: ecléctica, no especializada.

¿Y si los medios procedieran al revés? Planas y planas de cultura, de gente que baila, se contorsiona, alcanza otra octava con la voz, se rompe la uña al rasgar la guitarra y, pese a ello, no deja de tocar. En Paquimé se hacen ollitas muy monas. Con todo y ser chueco, un tipo, originario del país más exótico, hace malabares con fuego. La nota roja quedaría relegada al cuadrito que hoy se le destina a la cultura. En vez de aparecer en primera plana, lo haría en página par y nunca en la sección de deportes, que es la que se lee primero. No cabrían fotos, únicamente los encabezados.

Tengo un corcho con una colección de encabezados del periódico. Muchos comienzan así: “Lo matan por” y a continuación se describe la variante del asesinato. Los motivos suelen de todo tipo, igual que en la literatura. La muerte no elige tópicos. Borracheras, paseos, negocios, amigos, amores. El recuadrito podría tener nombre, como las columnas editoriales. En la columna “Lo matan por”, cada día aparecería: por robarle, por infiel, por borracho, por diversión, por error, porque se parecía tanto a otro (¿su gemelo en el mundo, el que todos tenemos?). Lo matan por joto, por macho, por gandalla, por enojón, por soez. Sin descripciones, sin agrandar el dato, sin exagerar. Al final de la columna podrían decir: total = quince ejecutados. Pero sólo un cuadrito. Punto final, paso a la siguiente noticia: “Inaugura grupo de viejitas exposición de macramé en importante teatro de la ciudad”. Ahora sí, descripción detallada, quién patrocina, el pedigrí cultural de cada participante, fotos de los asistentes, la mejor vestida de la noche. Sólo los morbosos se detendrían a leer la mini columna amarilla.

No es que nadie crea que a fuerza de tapar el sol con un dedo (antes de ser arrancado como forma de tortura), un día el astro deje de salir. Pero puede suceder que, así como yo decidí tomar diez cuartillas y resistir a la tentación de arrugarlas a la primera frase. El gran escritor de la vida, tome su resma del paquete de Ciudad Juárez, saque de su pluma un montón de personajes siniestros, resista sus propias tentaciones (porque también él puede caer en el cliché de Dios todopoderoso y borrar a la gente de la faz de la tierra sólo porque no le haya gustado la primer frase escrita por esas incipientes vidas), termine sus diez cuartillas y, al final, se pregunte como me pregunto: ¿cuál era el objetivo de este ejercicio? Escribir. Ya lo hice. Ahora sí, con tinta encima, con historias contadas o esbozadas, meto las hojas al triturador de documentos como quizás lo esté haciendo él. Nos chingamos todos.

Fotografías de 1) Lirba Cano, 2) Chac

14 de septiembre de 2008

Palabras

por Alberto García Lozano (Giirado del mundo)

En el principio era esta hoja en blanco. No había palabras, pero el espíritu de la primera revoloteaba sobre ella.

Y de la palabra boca surgió la palabra. Era la palabra palabra. Y junto con la palabra palabra surgió el primer significado. Y como el primer significado debía tener un referente con la realidad, de la palabra palabra nació la realidad. Era la realidad de la palabra palabra, de manera que la palabra palabra hacía alusión a la palabra real, no al concepto de palabra, ni siquiera a la palabra escrita, ya que, desde el principio, la palabra no podía poseer un significado auto referencial.

Y una vez existiendo la palabra, el significado de la palabra y la palabra para nombrarla, se creó la primera metaficción.


10 de septiembre de 2008

ARCHIVO PABLO FERNÁNDEZ CHRISTLIEB


Archivo de textos de Pablo Fernández Christlieb
recopilados por el Departamento de Asuntos Sin Importancia.



Ensayos teóricos

El concepto de psicología colectiva

La psicología política como estética social

La afectividad colectiva y su geometría política

Lecciones de literatura e ingeniería en Diálogos para repensar la psicología, No. 2, septiembre de 2006, págs. 21-28.

Los dos lenguajes de las dos psicologías de lo social

La estructura mítica del pensamiento social en Athenea Digital no. 0, abril de 2001. http://psicologiasocial.uab.es/athenea

Aprioris para una psicología de la cultura en Athenea Digital no. 7, primavera de 2005. http://psicologiasocial.uab.es/athenea

Metodología de la afectividad colectiva

La psique

La elegancia de la sociedad

La mentalidad de los barcos falsos

La hechura de los sentimientos en Aguilar, M. A. y Reid, A. (coords.) (2007) Tratado de Psicología Social. Barcelona/México: Anthropos/UAM-I. Págs. 281-298.

La psicología colectiva como forma de la psicología social latinoamericana

Teorías de las emociones y teoría de la afectividad colectiva extraído de revista IZTAPALAPA 35, no. extraordinario de 1994, págs. 89-112.

El lenguaje cotidiano como dato empírico y la teorización como investigación en psicología social

La función de la psicología política, en Boletín de la AVEPSO, 1986, vol. IX, No. 1.

El pensamiento social, conferencia en la Facultad de Psicología de la UNAM, 24 de marzo de 2010, en video en radiopsicologia.org

El tiempo a las veinte años en el siglo XXI, conferencia en la Facultad de Psicología de la UNAM el 6 de abril de 2011.




Cultura cotidiana



Entrevistas
  • Entrevista para revista UARICHA, Marzo 2006, Morelia. Págs. 7-9.

Si descargaste alguno de los textos de Pablo Fernández Christlieb POR FAVOR DEJA TU COMENTARIO acerca del interés que te trajo a aquí. Son bienvenidas las aportaciones para el enriquecimiento de este archivo, enviar a chacsol@gmail.com

3 de septiembre de 2008

Reciclaje

Por El Santos (el de Giiremos)

Que la gente reencarna es un hecho probado por montón de religiones.

Yo no creía en la reencarnación, hasta que mi amiga Cecy, respetadísima parapsicóloga en mi tierra me lo explicó. Me dijo que a veces, en sueños (esos que se sienten "muy vividos"), en los que uno está confundido acerca de si fue sueño o realidad, se aparecen destellos de nuestras vidas pasadas; además me dijo que había algo así como escenas, cuando despiertos, que nos conectaban a lugares y tiempos pasados. Por ejemplo, ella dice que en su vida pasada fue dueña, en La Habana, de plantaciones de tabaco y cuando va por las calles de la isla le parece recordar todo, inclusive, dice, que se encontró recientemente con un amor imposible de antaño.

Otro caso es el de Ricardo, quien es la reencarnación de Elvis Presley y por eso tiene la voz ronca como él y se deja las patillas largas; aunque dice que la panzota que se carga no tiene nada que ver con la que se cargó el Rey del Rock en los últimos años.

Entonces, el asunto es que recordamos más fácilmente nuestra vida anterior pasada, pero en un esfuerzo también podemos recordar las más antiguas. La misma Cecy dice ser de las mujeres que armaron grande el pedo durante la revolución francesa, ¿cómo pasó de Francia a Cuba y luego a México? Así son las almas.

Además hay otra ley: si una vida la hiciste buena, en la otra evolucionas a una mejor; si la hiciste mala, involucionas en la escalera de la vida. Esto explica y confirma el hecho de por qué Elvis reencarnó en Ricardo y, como éste no se ha corregido, seguirá su línea descendente hasta llegar a ameeba. Un tópico para el estudio de Cecy y los demás parapsicológos es: ¿Por qué todos fuimos alguién famoso o importante en la vida pasada y en la historia de lo que conocemos en occidente?

El problema conmigo es que me distingo por ser mediocre, ni malo ni bueno. Mi acto más notorio, según me lo reveló una visión que tuve en el metro, es que en la época en que Mozart (el mismísimo músico) se hizo famoso yo me dedicaba a fabricar cuerdas para Laud en China.

Un sueño recurrente, de esos muy vividos, es que en una de mis vidas pasadas la casa donde vivía se incendiaba con todas las pertenencias valiosas dentro, era la época de la Revolución Mexicana. Mi heroicidad consistió (según el sueño) en ir a rescatar un molcajete y un comal, pues lo único que me venía a la mente (y al sueño) era: ¿qué comeríamos a la mañana siguiente? Por cierto, mi esposa y mis 8 hijos murieron en el incendio, pero en mi descargo tengo que yo no maté a nadie ni comencé el incendio. Bien dice Carlos de mí: además de mediocre, mezquino.

¿Cómo será mi siguiente vida? Soy empleado de gobierno, burócrata pues. Me metí de profe nomás por la jubilación y ya llevo quince años en el mismo plantel y en el mismo puesto.

Quien sí se merece una vida mejor, posterior claro está, es mi bicicleta: una vez me rescató de morir ahogado por una inundación en el cruce de dos avenidas, cuyas alcantarillas conectaban al colector de un río. Espero que reencarne en un vehículo de energía limpia, ecológico, al menos eso merece.

Dice Cecy que no mame, que la reencarnación sólo aplica con seres vivos, pero yo creo que la vida, al fin y al cabo, es vida y se vale de todo y de todos.

Fotografías: 1) Saúl Hernández, 2) Lirba Cano

24 de agosto de 2008

La peor banda del mundo



La peor banda del mundo es un cómic creado por el portugués José Carlos Fernandes, ingeniero ambiental metido a dibujante cuyas viñetas están influidas por Borges, Calvino y Kundera entre otros, pero sobre todo por el jazz. Las viñetas transcurren en medio de atmósferas de melancolía, rústica ciencia ficción y romántica ironía.

Este cómic ha sido desde hace tiempo referencia para el Departamento de Asuntos Sin Importancia, por lo que compartimos aquí algunas viñetas que hemos extraído de dicha obra:

El lento trote de la memoria

El paso del tiempo

El triunfo de la entropía

La cartografía de la angustia

La angustia del cartógrafo

La cura de la estulticia

La desmedida importancia de las menudencias

La estereofonía ideal

La fábrica de puzzles Zwyk

La fractura del mundo

La ley de la conservación del sueño

La mentira compulsiva

La ruta del fracaso

Las preocupaciones metafísicas

21 de agosto de 2008

Diálogos No. 6: Psicología clínica










Diálogos para repensar la psicología
No. 6: Psicología clínica
Guadalajara: Departamento de Asuntos Sin Importancia
Agosto de 2007. 50 págs.



A-sustos psicoterapéuticos, perdón, asuntos
(Cuando en el ensayo ignoramos el error)

En Diálogos para repensar la psicología nos preocupan muchos, pero muchos asuntos, al leer, preguntarnos, invitar a quienes creemos responderán nuestras dudas, tirarnos al ocio y al gusto, a veces nos damos cuenta que hay preguntas que más que respuestas nos regalan caos.

De ahí que ciertos asuntos se nos conviertan en a-sustos. La Psicología Clínica tiene el dote de inquietar y a veces hasta asustar a la H. mesa editorial, que si nos sobra el ocio o no sabemos qué; pero después nos preocupamos por el presente de la clínica y nos aterramos más por su futuro; ¿qué será de ella?, ¿quiénes la dirigirán?, ¿cómo se realizará?, ¿de verdad sirve para lo que decimos que sirve?, ¿en serio son tan diversos sus enfoques terapéuticos?, ¿se entenderá que hay metáforas en el consultorio que suenan a “profundas” y “superficiales” pero que no las hace necesariamente así?, ¿las terapias alternativas dejaran de serlo y subirán por fin a la mesita de honor? etc.

En fin, al realizar éste número nos percatamos de ciertos a-sustos terapéuticos que nos inquietan, y como nosotros nos jactamos de compartir casi todo lo nuestro eh aquí lo que desveló nuestra ideas y preocupaciones durante las últimas semanas;

La psicoterapia: debilidades, retos y fortalezas.

En diálogos ahora nos dimos a la tarea de dialogar sobre el campo de la psicoterapia. Para eso reunimos a varios expertos que nos han venido a hablar sobre algunas cuestiones que consideramos básicas, tales como la concepción de la relación con el cliente y el cambio, la eficiencia y eficacia en la práctica de su modelo teórico, sus límites y posibles áreas de trabajo donde puede emplearse. Hemos recibido las colaboraciones de expertos en Psicoterapia en cada uno de los modelos teóricos desde los cuales nos hablan de y desde su experiencia.

Disfrutamos dialogar con los psicólogos y los no psicólogos. Para eso, pretendimos hablar en un lenguaje sin tantos tecnicismos, aunque tal vez no lo hemos logrado del todo. Nuestro objetivo era entre otros, que los psicólogos y no psicólogos pudieran conocer más sobre este tema.

Hemos encontrado que la psicoterapia aun cuenta con varias debilidades y retos, entre otros:

1. Falta de investigación.

Fue hace ya mucho tiempo, (como en los años 50’s del siglo pasado) que Eysenck señaló la falta de investigación en la psicoterapia, con resultados alarmantes. Aplicando el método experimental, señaló que los resultados no demostraban que la psicoterapia ayudara a mejorar los problemas de los pacientes. Es indudable que Eynsenck puso el dedo en la llaga, ya que hasta ese momento, casi todo el trabajo en psicoterapia dependía de la mera observación del terapeuta y de sus registros clínicos, de tal modo que si el terapeuta en cuestión observaba (o creía, independientemente de lo que observara) que lo que hacía tenía resultados positivos en el paciente, pues entonces estaba bien. Eso equivaldría casi como creerle en buena fe al terapeuta que sus métodos funcionaban. En la presentación del número 1 de esta revista Carlos Martínez señalaba que pareciera que los psicólogos (y por extensión los psicoterapeutas) realizan su trabajo como a quien se le descompone el televisor: le acomoda dos o más golpes hasta que regresa el audio o la imagen, pero en realidad no sabe con exactitud cuál golpe, con qué magnitud y en dónde se requiere dar, además que a veces por mas golpes que se de, nunca regresa la imagen.

Después de los primeros resultados de las investigaciones de Eynsenck y del susto de los terapeutas de ese tiempo, que no tenían con que desmentir los resultados de las investigaciones, los Psicoterapeutas empezaron a preocuparse por demostrar y demostrarse a sí mismos que lo que hacen sirve para algo. Después de eso en la psicoterapia empezaron a escucharse terminajos como efecto placebo, grupo de control, comparación de distintos tratamientos, ausencia de tratamiento, estudios correlacionales, prueba controlada aleatorizada, variables dependientes, variables independientes, protocolos de tratamiento, estudios comparativos, muestras, estadística, etc.

Afortunadamente, posteriores y poquísimas (si las comparamos con otros campos) investigaciones han demostrado la efectividad de las intervenciones psicoterapéuticas.

De todos modos, la investigación de los resultados es parte del mal del que todavía adolecen muchas corrientes psicoterapéuticas. Actualmente mucho de lo que los terapeutas hacen forma parte de una creencia o como dice María Luisa Ávalos en su artículo, son derivadas del “folklore clínico” o de teorías no verificadas o verificables que no pueden ser un soporte adecuado para un tratamiento (confrontar su artículo en el presente número).

Por tomar un ejemplo, en la sección amarilla de Jalisco del año 2007, para el apartado Psicólogos, aproximadamente hay anunciados 100 psicólogos, a excepción de 2, todos ofrecen servicios de psicoterapia. Llama la atención que existen ofertas tales como “reprogramación del ADN”, Terapia de la Nueva Energía, Terapia de energía cuántica, Reiki, Angeloterapia, regresiones a otras vidas y un largo ¡ups! ¿Cómo se investiga y comprueba la efectividad del trabajo con los Ángeles y demás espíritus? Si es que “funciona” ¿cómo estar seguro que fue por la intervención de la reprogramación del ADN o de los Ángeles o en realidad fue por el efecto placebo o por azares de la vida? Es más, ¿se puede reprogramar el ADN con psicoterapia? ¿Cuáles estudios avalan eso[1]? ¿Qué no se supone que el ADN lo modifican los genetistas en su laboratorio, no los psicoterapeutas en sus consultorios? ¿Es ético que una persona anuncie que sabe hacer algo de lo cual no se está seguro y además cobrar por eso?

Mara Selvini Palazzoli, reconocida terapeuta Familiar, a pregunta expresa sobre la evolución y futuro de la terapia contestó:
¡Realmente (es) una porquería!, (sic) porque se ha realizado muy poca investigación[2]

2. Falta de supervisión y rigor en la formación del terapeuta.

¿Cómo se enseña a los terapeutas a serlo? ¿Quién esta acreditado para hacer psicoterapia? ¿Qué tipos de psicoterapia?
Aunque actualmente en México existen instituciones educativas que forman a Psicoterapeutas, aunque en nuestro país todavía no se ha legislado quién debe ser Psicoterapeuta o qué es lo que hace (lo de la Angeloterapia es un ejemplo), y los códigos éticos, obviamente en nuestro país son letra muerta. En otros países existen órganos reguladores que acreditan o sancionan a los profesionales de la Psicoterapia. Por ejemplo, la Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos Profesionales (EFPPA) y de la Asociación Europea de Psicoterapia, (EAP) solicitan una serie de requisitos para la acreditación de un psicoterapeuta como tal: 2 años de experiencia como psicólogo profesional bajo supervisión, 3 años de Formación a tiempo completo, o su equivalente en horas si la formación es a tiempo parcial, 150 horas de Supervisión, 500 horas de Práctica supervisada, 400 horas Teórico-Prácticas, 100 horas de Trabajo Personal. ¿Y en México? Bien, gracias.

3. Eficacia y eficiencia.

Estos dos conceptos están muy ligados a la investigación en psicoterapia ya que son parte de lo que se evalúa. Félix Castellanos lo llama “evidencia científica”. Casi todos los autores de los artículos han contestado la pregunta de la eficacia y la eficiencia del modelo Terapéutico en el que están especializados. Para uniformar los términos, la eficacia en psicoterapia se define como el logro de los objetivos precisos acordados al inicio de la relación terapéutica. (Si, estimado lector, en la psicoterapia se ponen objetivos y se planean las sesiones, aunque existan terapeutas[3] que no planean nada). La eficiencia es la relación costos/beneficios. Se considera que una terapia o enfoque terapéutico es eficiente en la medida de que ahorre o consiga los objetivos en el menor tiempo, dinero y con el menor dolor psicológico al paciente. A lo que muchos modelos teóricos no han querido entrarle, es a la evaluación de la eficiencia en los tratamientos.

Finalmente, podríamos decir que esto de la “evidencia científica” nos remite nuevamente al concepto de Ciencia, que es lo que la comunidad científica sostiene, regula, modifica, a través de un paradigma que no es contemplado como la “Verdad”. Paradigmas vienen y paradigmas van. Estos son los que dictan que es pertinente para la ciencia de ese momento, lo que se investiga y lo que es una evidencia. Habría que reflexionar sobre esto y acerca de que, aunque ningún paradigma puede decir que es verdadero, si existen paradigmas mejores que otros, en la medida en que explican mejor la realidad y resuelven problemas más complejos. Quien quiera saber más de esto, puede remitirse a leer las obras de Thomas Khun.

4. Sí a la crítica de la teoría.

Sería ideal empezar a discutir sobre teorías y paradigmas. En Diálogos no estamos a favor de la postura que alega “falta de respeto” cuando se cuestiona alguna postura teórica. Recordamos que siempre lo que está a discusión son las ideas, la teoría, no las personas. Postulamos que lo que hace crecer los proyectos, las ideas y las teorías, es la discusión y el diálogo (por eso nos pusimos ese nombre). Básicamente, las grandes universidades se han reconocido por ser un hervidero de ideas, diferentes, contrarias y eso es lo que las ha hecho grandes. Algunos teóricos comienzan a hacerse escuchar en el sentido de que no quieren escuchar críticas; quienes fallan ahí son, evidentemente, los teóricos: las teorías son hijas de los humanos y deben seguir siendo medio y fin para el refinamiento del pensamiento, mientras más las critiquemos, mejores pensamientos tendremos.

Si realmente quiere ser un terapeuta que se respeta y lo respeten; especialícese, siga en continua formación, actualización y supervisión, lea investigaciones, preocúpese por investigar también y por favor, si lo suyo no es la psicoterapia, no diga que lo es; llame a las cosas por su nombre, puede que ni psicólogo sea (rezan: al pan, pan y al vino, vino); ya estamos muy quemados solitos, no nos queme más.



[1] Además de los mostrados en las películas y pseudodocumentales como ¿Y tú qué sabes? (1 y 2), El secreto y toda esa ralea de “científicos” felizólogos que tienen cabida hasta en las aulas y, lo peor, cuenta cada vez más con mayores seguidores.
[2] Revista electrónica Mosaico, número 6
[3] Sino ponen objetivos no es psicoterapia, es otra cosa: acompañamiento espiritual, consejería… análisis.



Artículos


por Juan Ramón González Rosales. P. 5-6.

por María Luisa Ávalos Latorre. P. 7-11.

por Mariano Castellanos González. P. 12-14.

por Félix A. Castellanos M. P. 15-17.

por Lidia Karina Macías Esparza. P. 18-24.

Entrevista por María de los Ángeles Hernández Martínez. P. 25-30.

Entrevista a Waldo Ernesto Nava Meléndez, por Érika Gabriela González Flores en colaboración con Alejandra González García. P. 31-33.

por Alejandra González García. P. 34-36.

por Leonardo García Lozano. P. 36-40.


Secciones

Mucho gusto
por Karla Preciado Mendoza. P. 41.

por Sergio Quiñonez Romandia. P. 42.

por Angélica Llamas Sandoval. P. 43.

por María de los Ángeles Hernández Martínez. P. 44.

El rincón del tío Pelón
por Morelli. P. 45-46.

¡Que pare el mundo!
por Sanx. P. 48.

Esta flor ya se rompió
por Candi Uribe Pineda. P. 49-50.



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17 de agosto de 2008

El cronopio

El cronopio, “ese ser desordenado y tibio”, es un poeta colectivo. En otras palabras, los poetas de todos los tiempos, y sobretodo bajo el sistema de producción capitalista, se han caracterizado por una triste y oscura soledad que los obliga a crear nuevos mundos donde la poesía se torna colectiva y las cosas tienen nuevos nombres, victoriosos, que vistos de cerca, representan una ruptura total con la agonía.


Los poetas sueñan, desde el fondo de su sangre, una sociedad poética colmada de Eros y libertad; y el cronopio es el ciudadano de una sociedad de ese talante, es una clase social o estado del espíritu que permite hacer de la poesía una conciencia real dentro de un espacio y tiempo determinados. El cronopio es la oportunidad que se da el hombre para hacer de su sociedad una obra de arte, un poema genial, conciencia de la necesidad de ser poetas como colectividad y como humanidad.

Por eso es que actualmente los famas, amigos del poder y de la señora seriedad, viven molestando, burlándose y rompiéndole el alma a los cronopios que buscan ocupaciones raras, felices, basadas en lo extraordinario. En tanto sedientos de lo fantástico, los cronopios vienen a ser vulnerados, en términos de su ensoñación objetiva, léase libertad, por las costumbres viejas y arrugadas de unos famas que temen caerse de espaldas o que etiquetan los recuerdos y los cuelgan de las paredes de la sala.

Para otros lectores de Cortázar, los cronopios son simplemente: niños. Esta interpretación no es descabellada en tanto la relación fama-cronopio es una relación lineal, vertical, en la que los cronopios juegan a tatuar el agua, a devorarse el mundo como si fuera una galleta, mientras los famas están ocupados en el Gran Asunto, adheridos a la Gran Costumbre, explicando lo inexplicable, comprando el diario para tragárselo en ayunas, coqueteándole a las esperanzas con nudos de corbata que los ahorcan, aglutinados en conciertos de piano que quiere romperse, felices porque tienen un reloj-pulsera al que se condenaron a darle cuerda… mientras tanto, los cronopios están vendiendo trocitos de agua de colores, adornando monumentos con trozos de mangueras amarillas; siguiendo con la vista una baba del diablo; buscando la llave de la puerta en la mesa, en el cuarto, en la casa, en la calle, hasta quedarse por fuera y saberse sin llave para abrir la puerta; recetando para los males del cuerpo un ramo de rosas; odiando a sus padres.

En medio de tregua y catala, los cronopios asumen el mundo como algo que necesariamente debe ser roto por una pelota, o por un beso. Así, hay una relación directa entre ser niño, ser poeta y ser cronopio: la ensoñación total de los instantes enredados en los juegos. En el fondo, ser poeta es pasársela jugando con el lenguaje, arrancándole los brazos, estrellándolo contra las paredes, limpiándolo con la panza después de estropearlo en los charcos de la calle. En el fondo, también, ser revolucionario (léase cronopio), significa beberse en ayunas el mundo y quejarse todo el día por el dolor de estómago; adherirse a la piedra para esperar que le nazcan alas para que, en vuelo, podamos lanzarle mariposas. Y ser niño es simplemente andar boquiabierto descubriendo el mundo con las uñas, odiando lo negro y lo blanco, amando el marrón de las eras imaginarias, construyendo la historia a cuenta de cantos y raspones en las rodillas… Invención de una ciudad de hombres y mujeres limpios de sombra y aptos para el amor verdadero…

9 de julio de 2008

Instrucciones para entrenar mamíferos

Fragmentos de Técnicas de masturbación entre Batman y Robin, de Efraim Medina Reyes (Madrid: Destino, 2003, p. 138 y ss.)


II

El mundo es acto y huella, espasmo y mancha, pensamiento y palabra, alimento y deporte. Una suma de dos gestos, dos caras de una moneda y por supuesto un tercero en discordia. El hombre se descubre y descubre todo lo que gira en torno suyo. Va de un lado a otro, goza, se sumerge, respira pero no se conforma con respirar, con reflejarse en el agua. Entonces gruñe, gruñe un largo tiempo hasta que su gruñido desemboca en palabra.





Antes de eso el hombre tuvo muchos lenguajes pero la palabra es más que lenguaje: la palabra es amuleto, mito, enigma. La palabra es distancia, trampa, castigo. La palabra es límite, lucidez, altanería. Pero sobre todo la palabra es juego. El lenguaje es uno de los deportes más complejos que el hombre ha inventado y la palabra es la pelota oficial de ese deporte: el más sangriento de todos. A su lado el boxeo es ternura. Como bien lo demuestra el éxito de programas como el "Show de Cristina", en la raza humana hay dos sentidos atrofiados: el sentido común y el del humor. Este desperfecto de fábrica nos hace pensar que el cine es un arte y el golf un deporte. Así como miles se matan en los estadios, otros, no menos estúpidos, se arrodillan y sobrecogen ante la palabra. Hacen que una magnífica diversión los salpique de sangre y los contamine de toda suerte de malestares. La filosofía introdujo la tristeza en el hombre, la literatura el fastidio y la historia la importancia (esta última, la más abominable). Gracias al cómic, la tele, las malteadas de vainilla, la música afroamericana y las películas de James Cameron no perecemos de irritación bajo el alud de charlatanes de toda calaña que pretenden enriquecer nuestro espíritu. La tele es saludable, elimina la grasa que profesores y literatos nos inoculan. Lo ideal sería consumir más malteadas y no aceptar seguros de vida.


III

Creo en la poesía, sé que esa lucidez bien usada nos hace más intensos. No quiero ser un sujeto que gracias a sus virtudes se libera del mundo (recoge sus cosas y sube a una montaña para meditar hasta la muerte). Antes que un monje que se eleva o una momia que se ilustra prefiero ser un chimpancé iluminado que ríe. Cuando la indolencia de este mundo me abruma opto por una borrachera triple. No hago cruzadas a favor de los delfines rosados ni investigaciones sobre el amor. Adoro lo que se me antoja bello, trátese de un gol de Rivaldo, tres líneas de William Blake o un par de zapatos Skechers.


V

La publicidad inventa un mundo aledaño al nuestro, un mundo luminoso y antiséptico hecho con lo más dulce de nuestros sueños. Su método tiene dos fases: A. Explora nuestros sentidos. B. Nos inyecta ansiedad e insomnio. Objetivo: hacernos creer que es posible ganarle a la mugre. Movidos por su mensaje seductor vamos detrás del dentrífico mágico, el alimento ideal, el limpiaculos perfecto para el perfecto imbécil.


X

Creer es matar las razones: un mito, una mujer, un comercial de Coca-cola, no pretenden explicarse. Lo que buscan es despertar el deseo y la admiración. Pretenden originar en torno a sí un club no una filosofía.


XXVIII

En el supuesto caso de que Dios haya creado al hombre para destruir una obra fallida (de la cual el hombre hace parte), nadie podría acusarlo de negligente (al hombre, claro).


XXXIII

El cuerpo es uno de los atributos del alma, la realidad una de sus numerosas aficiones. Llamamos mundo material a una trampa de los sentidos (a un juego de espejos). En vez de convertir la vida en una aventura múltiple la hacemos previsible y aburrida como un largo domingo sin revistas. No tenemos paisajes sino avisos de neón: BORGES HOT DOG. CERVANTES PIZZA. EMPANADAS WHITMAN. La ciencia del hombre es un trasto inútil: las antiguas pestes siguen incólumes (lo único que ha logrado es multiplicarlas y endurecerlas). Existir es una de nuestras limitaciones. Uno de los psiquiatras de un sanatorio se acercó a un paciente que llevaba varios días en un rincón hablando en voz baja.
-¿Con quién hablas? -preguntó el psiquiatra.
El paciente lo miró con indulgencia y luego dijo bajando la cabeza:
-No soy yo quien habla. Es alguien que habla conmigo.
Nos desplazamos rozando las fronteras de otros mundos, lo que llamamos uno mismo es sólo una parte de nosotros. Usamos mal la mente, vivimos a puerta cerrada. El cuerpo es uno de los atributos del alma, quizá no sea su mayor defecto.

11 de junio de 2008

Diálogos No. 5: Psicología social y escuela cotidiana







Diálogos para repensar la psicología

No. 5: Psicología social y escuela cotidiana
Guadalajara: Departamento de Asuntos Sin Importancia
Mayo de 2007. 64 págs. (Edición de aniversario).

Editorial
Nos tocan las chiquipsicologías (que es un decir, pues criterios para ponerle adjetivos y prefijos a la Psicología hay muchos: área de aplicación, método, perspectiva teórica, objeto de estudio, filiación comercial, etc.) Decidimos comenzar con la Psicología Social porque hay mucha gente cercana a la mesa editorial de esta revista, incluso infiltrados, que dan mucha lata con que la dichosa no es meramente un área de aplicación de la Psicología, sino una disciplina emergente en cuanto a su concepción del devenir psíquico, que además se planta ética y políticamente en dirección opuesta a la concepción individualista tan sacralizada en la sociedad contemporánea, y reproducida con mucho gusto por los profesionales de la Psicología. No más para que se den un quemón, a ver luego si es cierto.



Pero aquello también es un decir, pues al interior de la Psicología Social existe también la rebatinga por definir sus objetos a estudiar y con qué métodos, que para eso es necesario, como nos dice Dani Reyes, revisar su devenir histórico; que ahí sí que se las apaña don Raúl García, historizando una noción –o concepto- que a esta revista tanto interesa: el diálogo, objeto filosófico que ha venido girando en el ideal de las ciencias sociales, y que en la Psicología Social ha encontrado concreción en análisis discursivos y conversacionales. Esto es, que el meollo está en las relaciones, y lo que ellas generan, mentalidades dirá Héctor Robledo, que no ceja en buscarle los tres pies al gato. ¿Y el método? Hasta la pregunta ofende, que esta revista no está para mostrar resultados y justificarlos con metodologías complicadas (eso queríamos pero los colaboradores nos llevan la contraria) sino para que den ganas de leerla, y si hace falta argumentarlo de nuevo se nos cuela –muy oportunamente- la literatura, ahora en lápiz de Iraam Maldonado. Luego vienen las preocupaciones más puntuales de los y las psicólogas/os sociales: el estado actual de las relaciones humanas, sus quiebres, como nos alerta Erika González Flores, y sus posibilidades, en las cuales aparece como constante la afectividad, esa materia o proceso del que está hecho todo lo que pasa a nuestro alrededor, que posibilita e imposibilita la comunicación. Cómo no, si el término afecto viene de afectar, o sea que cada vez que nos encontramos con algún otro salimos raspados, y así es como se va haciendo la vida. La afectividad del siglo XXI innova en cuanto a espacio, Internet, que ya nos explicará Maya Ninova, pero aun en ese ámbito sigue tomando formas milenarias como son la masculinidad y la feminidad, en emotivas palabras de Candi Uribe. Estas relaciones-afectaciones-formas van tejiendo, tal cual, éste mundo que conocemos, las atmósferas en las que nos movemos a diario, al subir al autobús, al perdernos en la ciudad, pero también cuando tristeamos en nuestra
habitación o chismeamos por el chat. En estas atmósferas se entretejen los sentimientos de identidad, saberse mexicano, tapatío, estudiante, psicólogo, mentalidades complejas que nos contienen como sujetos, pero que a veces no, como enérgicamente denuncia Raquel Ribeiro, y lo peor es que a este juego se prestan las universidades. Como se ve, hacer Psicología Social apunta a una práctica metodológica constante, aguzar los sentidos mientras la vida cotidiana acontece implacable.

Por otra parte, un contexto donde la sociedad sabe moverse y colectivarse, resulta ser la escuela, o al fin el aula, es por eso que también le entramos a eso de los sentimientos, pensamientos y acciones que se funden de y dentro de las relaciones escolares, de ahí que el trabajo trastornante de Lidia Macias nos alerte de los excesos que más que educativos resulten destructivos, de la mano le acompaña la reflexión de Leonardo García sobre el contrato escolar, aquello que le desvirtúa y lo que podría reivindicarle, le siguen Ángeles Hernández picando la curiosidad de saber la Psicología y su formación como Vocación o Profesión y Alejandra González hablando del alumno que al final quien sabe si es simulador o es que le tienen saturado y Gabriela Gómez nos cuenta un poco de la docencia foránea. Claro que no faltaron nuestras ya acostumbradas secciones, Mucho gusto recomendando sonidos y letras y Esta flor ya se rompió, siempre innovando ideas.

Se aprovecha también para reconocer y recomendar la labor académica de dos instancias
generadoras de muy interesante psicología social: la Maestría en Psicología Social de la Universidad Autónoma de Querétaro y el Departamento de Psicología Social de la Universidad Autónoma de Barcelona, en cuyos espacios se ha gestado buena parte de las reflexiones que aquí se presentan.


Artículos

Motivos de la psicología social
por Daniel Reyes. P. 4-7.

¿Dialogar o conversar? La noción de diálogo ante las perspectivas discursivas en psicología social
por Raúl Ernesto García Rodríguez. P. 8-11.

Esa fuerza ciega de la naturaleza (psicología social a la deriva)
por Héctor Eduardo Robledo Mejía. P. 12-17.

La psicología social y la literatura

por Iraam Maldonado Hernández. P. 18-20.

Del rompimiento de los lazos afectivos
por Érika Elizabeth González Flores. P. 21-23.

La afectividad en la red virtual
por Maya Georgieva Ninova. P. 24-27.

Femenino y masculino: una psicología social de las formas

por Candi Uribe Pineda. P. 28-34.

Efectos ¿desubjetivantes? del conocimiento en las universidades contemporáneas
por Raquel Ribeiro Toral. P. 35-40.

Que vengan los bomberos que me estoy quemando

por Lidia Karina Macías Esparza. P. 41-45.

Entre reglas y reglazos... el asunto de la escuela
por Leonardo García Lozano. P. 46-50.

Vocación o profesión. Mi experiencia en la universidad
por María de los Ángeles Hernández Martínez. P. 51-53.

¡Se ve, se siente, la juventud no está presente!
por Alejandra González García. P. 54-55.

Gargantas con arena
por Gabgot. P. 56-57.


Secciones

Esta flor ya se rompió
La cordura no hace historia
por Félix Fernández Reyes. P. 58-59.

Mucho gusto
Una invitación al mundo de Horacio Quiroga
por Karla Preciado Mendoza. P. 60.

Pudo el amor ser distinto...
por Gabriela Belén Gómez Torres. P. 61.





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6 de junio de 2008

Escribir

por Pablo Fernández Christlieb

Se puede empezar a escribir por muchas causas. Por ejemplo, porque uno ya había terminado lo que tenía que hacer y todavía no tenía permiso de levantarse del escritorio, y sin nada más que un lápiz y un papel para pasar el tiempo apunta algo que se le ocurre, y nota que el tiempo pasó más rápido, y en una de esas le empieza a gustar no tanto lo que escribió como el descubrimiento de que estando así uno parece ocupado y eso le sirve como coartada para que nadie lo venga a molestar, y le sirve también para ponerse a hacer lo que se le antoje, al menos por escrito, aunque, para qué más que la verdad, lo que más le ocurre, más nota y más descubre es el tedio, horas muertas hojas blancas, cosa horrible, y así no tardará en darse cuenta de que la clave para escribir no está en tratar de desentenderse del hastío sino de entenderse con él, o sea que quienes escriben prefieren volverse aburridos que aburrirse.




















Ciertamente, uno busca qué escribir; pero eso no funciona porque siempre lo encuentra, pero se acaba pronto, y así es nada más un entretenimiento; en cambio, quien logra volverlo una dedicación no es el que busca qué escribir, sino el que "encuentra qué buscar", asunto de largo plazo que ya no se acaba, que ya no aburre, nada más angustia, y que es cuando a los que escriben les comienza a interesar grandemente, supersticiosamente, qué significa escribir, cómo se hace, para qué se escribe. Básicamente, a los que leen, y a los demás también, les vale gorro enterarse por qué escriben los que escriben: ni los arquitectos, ni los dentistas, ni los actuarios se la pasan explicando cómo le hacen, y a lo mejor la razón es que les encantaría decir cómo hacen lo que hacen, pero la diferencia es que los que escriben pues escriben, y entonces son los únicos que lo pueden decir sin salirse de lo que hacen, decir lo que hacen y con eso ya estar haciéndolo, puesto que ambos son lo mismo, lo cual implica que, mientras las muelas no, mientras los ladrillos tampoco, las palabras sí son autorreflexivas; esto es, que, digan lo que digan, siempre están hablando de sí mismas, pero también que los que escriben nunca podrán saber cómo se hace, y, por lo tanto, cada vez que se ponen a hacerlo no saben si les va a salir, y eso es lo que los tiene nerviosos, siempre como aprendices primerizos inseguros tratando de averiguar de una vez por todas en qué consiste un método que no existe, de encontrar lo que buscan cuya esencia es que se busque pero que no se encuentre. Por eso es tan natural escribir sobre escribir, y por eso los que lo hacen quedan como atrapados en su dedicación, empeñados en ella.

Pero no muy divertidos porque, dados los sinsabores, en secreto todos los que escriben buscan cómo hacerle para ya no hacerlo, pero ya no pueden evitarlo, porque están hechos de eso mismo, aunque los pretextos no faltan: así como ir a comprar libros es un pretexto para no leer, leerlos es un pretexto para no escribir (ése es el drama de las tesis de doctorado). Uno de los mejores trucos para ya no hacerlo es convertirse en "escritor", o sea que deje de ser una dedicación para que se vuelva una carrera o profesión que consiste ya no en escribir sino en conseguir contactos, asistir a presentaciones, codearse con los indicados y dedicarle su libro a alguna vaca sagrada para que se vea a qué niveles se mueve ("a mi amigo Ernesto Sabato"); los escritores son aquéllos para los que es más fácil publicar que escribir. Y es que para escribir no hay que ser escritor, sino pasársela de incógnito buscando algo que hay en el fondo de las palabras y que se sabe que no se va a encontrar sino sólo a buscar porque sería encontrar aquello mismo con lo que se busca -el lenguaje, el pensamiento, uno mismito, etcétera- y eso es por definición inencontrable; para los que escriben lo difícil es publicar, porque no han ido a las fiestas donde están los contactos, pero no obstante lo intentan, no para volverse escritores sino para ver si se entiende lo que escribieron. Y están por todas partes, en chambas disímbolas, y no sólo en los lugares muy editoriales.

No existe eso de que alguien escribe bien, porque eso es una manera de decir que al que lo hizo no le costó trabajo, y escribir es trabajoso, y agotador, y siempre se anda medio rendido, y en tales circunstancias uno sigue escribiendo porque cree que, ahorita no, pero más adelante sí, puede escribir algo mejor que lo que ya escribió, lo cual no sucede ni entre los que escribían tan mal que cualquier cosa sería mejor, hasta que, finalmente, se concluye que uno ya hizo todo lo que razonablemente podía hacer. Que ya escribió todo lo que tenía que escribir, pero el problema es que todavía no se muere, y entonces se topa con que otra vez le queda el mismo tiempo ocioso de cuando no tenía permiso de levantarse y ya había acabado la tarea.
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Publicado originalmente en la columna El espíritu inútil del periódico El Financiero, el 28 de diciembre de 2006.


Fotografía de Lirba Cano