El legado de Abraham

por Ricardo Quirarte

Me enteré recientemente de un suceso que pudo o no haberme traumatizado de por vida. Si tal vez debido a su contenido freudiano o a la pura esencia del acto en su estado más sensitivo no lo sé; quizá el daño se acerque más a un desplante de salvajismo que a una teoría psicoanalítica, dejo a discreción del lector el considerar ambos polos con una cercanía perturbadora entre sí.


Cuando uno es pequeño se arroja casi a ciegas a los brazos de sus padres, ni siquiera se cuestionan las decisiones que, tanto padre como hijo, saben de envergadura. Creo que en el fondo el niño sabe la diferencia entre “vete a dormir, porque yo lo digo” y “tómate esta medicina para que te alivies”. Hay decisiones inapelables y, cierto, a veces los mismos padres llegan a confundirlas pero en el fondo “no te tragues el amoniaco” puede fungir como verdad universal. Sin embargo, esta relación acarrea sus riesgos.



Así, para mí, cuando mis padres me dijeron a la temprana (o tardía) edad de seis años que me iban a quitar las amígdalas, yo sin reclamar, cuestionar o patalear me preparé para la operación como un niño de seis años puede prepararse para una intervención quirúrgica de la cual no sabe nada: disfruté mi día de asueto y me dejé consentir por aquellas ya-casi-culpables personas que poco a poco se mostraban más y más sospechosas.

Uno como padre repite discursos aprendidos por sus padres y los padres de sus padres, esperando que sus hijos lleguen a repetirlos también y sus hijos, y los hijos de sus hijos. Si escuchamos, por ejemplo, que un padre sólo quiere lo mejor para sus hijos, lo creemos y hasta sentimos ese calorcito de mi-papi-me-quiere-mucho y la vida es perfecta y uno respira tranquilo: puede pasar otro día. El problema con los discursos es que se interpretan. No existen si no hay siquiera el más mínimo proceso hermenéutico por parte del que se los apropia. Así pues, del querer hacer lo mejor para sus hijos al verdaderamente hacerlo o que se sienta como lo mejor, hay un gran tramo, casi siempre problemático. Por eso prefiero el lenguaje de la poesía, tanto más interpretativo cuanto más metafórico, porque si Alejandra Pizarnik dice “la jaula se ha vuelto pájaro y se ha volado” a mi no me cuesta una parte íntegra de mi cuerpo de infante. Sí, porque quizá si el discurso fuera más a la Sabines: “tu eres el tronco invulnerable y nosotros las ramas, por eso es que este achazo nos sacude” entonces no nos sentiríamos tan condenados al “de tal palo tal astilla”. Son de cuidado esos discursos, uno ni se da cuenta y ya está abusando de ellos.


Al entrar al hospital tenía una ligera idea de lo que eran las amígdalas; habiéndome aclarado a grandes rasgos y omitiendo las partes sangrientas y extirpativas, todos nos sentíamos seguros y dispuestos para continuar. El problema fue que omitieron aclararme otros “cortes” elementales que se llevarían a cabo durante mi estadía en el quirófano. Cuando recobré conciencia me encontré ciertamente anestesiado en mi zona pélvica que en esos tiempos yo solía llamar “piri” y mi sorpresa al ver esa flagelación que se había llevado mi, de por sí enclenque, miembro pueril fue seguida por gritos y llantos. Había sido víctima de una violación, una perversión médica o un resbalón de bisturí desde la boca hasta ¿mi pene? Y como para aminorar el daño entró mi madre con dos automóviles de carrera para que yo jugara mientras me recuperaba; tratando, ella tan linda, de explicarme lo que era una circuncisión y por qué no me la habían hecho antes (si acaso las operaciones estaban al dos por uno). Para aunar a mi humillación de desentendido, la siguiente semana la pasé sin ninguna prenda que pudiera rozar las suturas, nada más que una camisa y mis dos carritos de carreras, y ni pensar en quejarme porque la operación de las amígdalas también me dolía como el carajo cada vez que hablaba.



Fue por eso que, en aras de lo mejor para mí, me circuncidaron a los seis años –por supuesto, el doctor también con su discurso médico de salubridad– pero ahí entra el problema con los discursos aprendidos hasta quedar bien grabados en la memoria: quien ya los tiene claros y brillantes como filo de bisturí se olvida de transmitirlos a segundos afectados, entonces el discurso sólo corta a discreción y uno no puede más que esperar que el que lo emite tenga buen pulso.


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Fotografías de Lirba Cano.

Convicciones y señales

Fundamentalismo electricista
(mensaje meramente religioso, exento de cualquier significado político)
por bUbU



Éstas sí mucho más en serio:
¡CUIDADO! EL MACHISMO MATA
por Red Chilena contra la Violencia Doméstica y Sexual

Ésa no soy yo: impostando el feminismo y la feminidad

por Itziar Ziga
extraído de Devenir perra. Barcelona: Melusina, 2009. Págs. 37-56.


"Cuando era pequeña, me llamaban marimacho, marimacho, macho, macho, sólo porque me comportaba de manera distinta a ellas, a las demás niñas, a esa parte de la población a la que se suponía que tenía que pertenecer, comportarme y ser igual, sólo porque biológicamente nacimos con los mismos genitales... ¿Quién coño se ha atrevido a obligarnos a las que tenemos coño a ser y parecer lo mismo?" Con este manifiesto, comienza mi amiga Irene Sala su revelador Marimachos, otro hermanito mayos de mi Devenir perra. Afirmamos nuestras identidades torcidas como respuesta a la negación, como resistencia al ocultamiento, por placer y por rabia.



La feminidad y la masculinidad son dos polos de adoctrinamiento masivo. Sus reproducciones tratan de moldear mujeres y hombres hasta el infinito, como en un bucle. Y fracasan estrepitosamente. "El género es una copia sin original", decía Judith Butler. Y no sólo hay transgéneros encallando la máquina binaria, no existe ni un solo humano que encarne sin fisuras el prototipo de su género asignado. Muy a pesar de aquel carnicero llamado John Money, que inventó en 1953 el protocolo médico todavía aplicado hoy para ajustar el cuerpo de los bebés a uno de los dos únicos modelos que la autoridad heteropatriarcal puede concebir. Quizás John pintaba sus labios de rojo sangre y emulaba a Marilyn Monroe en la intimidad de su hogar. A salvo de las miradas inquisidoras que él mismo había adoctrinado [...]




Fueran cual fuera nuestra experiencia infantil con la feminidad, la iniciación en el mundillo feminista nos hizo abandonar a casi todas, por un tiempo, la depilación y otras señas de identidad princesiles. (Es curioso, en general las perras renunciamos a depilarnos en nuestra fase de mayor crítica a la feminidad normativa. La depilación parece ser el gran lugar común de la feminidad en nuestra cultura occidental, casi más que ningún otro. Para Carmela, volver a depilarse supuso un reencuentro: "A mí me encanta ir rasurada y siento un pacer morboso y fetichista depilándome".) [...]

Vale. Soy una pobre cristiana occidental enferma de binarismo, como todas. Nunca podré escapar, por más que lo intente, de la dualidad masculina/femenina. Y como no lo consigo, prefiero reírme antes que castigarme por ello. No hay nada más sacrílego que recitar al revés una oración, nada más placentero que representar la feminidad arañándole con las uñas desconchadas de esmalte barato la disposición sumisa. Pervertir los códigos de la buena chica. Me interesa la confluencia entre puesta en escena hiperfemenina putón y posicionamiento antipatriarcal, porque es la tierra de nadie que yo habito...

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Fotos de Lirba Cano

La Universidad y la Facultad

por Pablo Fernández Christlieb


Mientras la sociedad, ese entramado de sobrevivencia y solidaridad, hace y deshace irreflexivamente, vive al día y desconoce sus intenciones, a la universidad en cambio, se le ha asignado tradicionalmente el papel de reflexionar, de detenerse a pensar sobre el curso de los acontecimientos, y de hecho, para eso se le daba dinero de los impuestos, para que tuviera tiempo, para que allí dentro estuviera lleno de gente estudiosa y con la vocación de sentarse a pensar sobre los problemas y las ilusiones de la sociedad, de manera que siempre supiera siquiera un poquito más que la sociedad misma, y por lo tanto, pudiera decir de un momento dado, como lo hizo en 1968, cómo debe ser la razón, cuando y en qué hay grandes equivocaciones, cómo arreglarlas, para dónde ir, etc. En suma, el papel tradicional de la universidad era el de ser la conciencia de la sociedad...

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Gracias otra vez a Jahir por hacernos llegar este texto.
Fotografía de Chac.

Trashumantes de la metrópolis

trashumar.

(Del lat. trans, de la otra parte, y humus, tierra).

1. intr. Dicho del ganado: Pasar con sus conductores desde las dehesas de invierno a las de verano, y viceversa.

2. intr. Dicho de una persona: Cambiar periódicamente de lugar.



El tiburón del Carmel

por BLU









Cerveza beer, Sexy Beer, Barça Beer...
por Pakito el Latero






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Fotografías de Lirba Cano

La ritualización de la femineidad

por Erving Goffman
extraído de Goffman, E. (1988 post.)
Los momentos y sus hombres. [Textos seleccionados y presentados por Yves Winkin]. Barcelona: Paidós, 1991. Págs. 135-168.

Con este artículo [...] Goffman nos procura por primera vez una apreciación de su interés por la imagen, y muy particularmente por la imagen fotográfica de revistas o de publicidad. Goffman no dice que estas imágenes reflejan fielmente su sociedad. Tampoco dice que no puedan enseñarnos mucho sobre ella. Son escenificaciones de escenificaciones, puesto que sus autores, para producirlas, se sirven forzosamente del "idioma ritual" de la sociedad. Una novela no tiene más que una relación convencional con su sociedad de referencia, pero tampoco sale de ninguna parte. Por tanto, puede ofrecer a los sociólogos documentación interesante. Goffman presenta una muestra análoga con la fotografía de gran consumo público, estudiando con precisión de etólogo las exhibiciones (displays) que las mujeres deben cumplir "espontáneamente" en sociedad o deliberadamente para el fotógrafo publicitario (ritualización de primer grado), (ritualización de segundo grado, o hiperritualización).

[Presentación de Yves Winkin, p. 135]

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Invirtiendo el experimento de Goffman: el ritual de la pose
por Lirba Cano y Héctor Eduardo Robledo

... tanto en la publicidad como en la vida queremos poses brillantes... pero en la vida, buena parte de la película carece de interés.

E. Goffman

Estamos haciendo una investigación sobre chicas (adolescentes) procedentes de Latinoamérica que viven en Barcelona, para conocer entre otras cosas quiénes son o, dicho en términos goffmanianos, cómo se presentan en su vida cotidiana. Este "cómo se presentan" quiere decir dos cosas: 1) los medios, espacios y estrategias para su presentación, y 2) la configuración de su propia imagen, de su cuerpo, esa "instancia tercera entre la cultura y la personalidad", la cultura encarnada, como aprendiera Goffman de su profesor Ray Birdwhistell, el antropólogo de los gestos.

La columna vertebral de la metodología de nuestra investigación es la producción de un video documental sobre las chicas latinas. Esto quiere decir que analizamos aquellos elementos que la producción de un documental con todo lo que esta implica: grabación de entrevistas que nos llevan a otras entrevistas, de acciones cotidianas (y la irrupción de la cámara en ellas), de objetos que simbolicen ideas, y situaciones contingentes (que no siempre se graban). Dicho de otra manera, miramos allá donde la cámara apunta, pero la cámara no sólo como mecanismo de registro, sino como objeto provocador de imaginarios colectivos, nunca mejor dicho.

Una de las ventajas de este proceder, en este caso, es que al acudir con la gente a investigar siempre hay una cámara para la cual no sólo escenificar un discurso lingüístico, como sería el caso de una entrevista grabada en audio, sino la imagen con la que las personas investigadas aparecerán ante un otro que no es solamente el investigador, sino los posibles espectadores del documental. Luego, quisimos darle más forma al escenario: propusimos a las chicas que son "personajes" del documental hacer un estudio fotográfico, aunque la verdad es que la idea surgió de manera espontánea estando un día reunidos con ellas y sin haberlo planeado antes entre el equipo de investigación, por lo que no había un objetivo claro para hacer esta actividad relativo a la investigación. ¿Qué podíamos obtener de este ejercicio? ¿Conocer cómo se presentan ellas con sus mejores galas? Partimos del supuesto de que hacerse fotos es una de sus actividades lúdicas más frecuentes, que siempre van con una cámara/teléfono móvil en el bolsillo, así como también es habitual que publiquen en fotologs dichas fotos. Pedimos a las chicas que además de venirse "arregladas" como quisieran para las fotos, trajeran un objeto con el que pudiera serles singnificativo retratarse. Sólo hubo dos tipos de objetos, que además se repitieron: las banderas de sus países de origen y sus mejores amigas. Aquí una muestra del resultado:

Taller de Foto Chicas Latinas from Chac on Vimeo.

Dice Goffman que los publicistas al componer las fotografías para dar a conocer un producto hiperritualizan, esto es, toman imágenes de determinadas situaciones sociales, las normalizan, las exageran y las simplifican, de manera que puedan ser apropiadas e interpretadas de un vistazo por los consumidores. Y esto es lo mismo que hace una sociedad -sigue el sociólogo- para facilitar la orientación de sus participantes: ritualizar las situaciones. Las fotografías de la publicidad al momento de su análisis sociológico, no representan estrictamente la sociedad, pero sí cómo se producen sus rituales, en el caso del artículo de Goffman, los rituales de comportamiento de las personas según su sexo. Ahora, partiendo de dicho análisis, ¿qué "representan" las fotografías que nosotros realizamos? Respresentan la manera en que también nosotros hiperritualizamos.

No es sólo que las chicas hayan adoptado poses típicas de la publicidad, que ahora ya son típicas de las fotografías de las chicas que tienen un móvil y un fotolog (eso sí, muchas veces sólo de chicas, aun no resulta muy normal ver a un chico haciendo ciertas poses). Nosotros reprodujimos el ritual de la producción de fotos de la publicidad, montando un espacio, un orden. Sólo una parte del equipo de investigación era conciente de esto (como dijimos, la propuesta del ejercicio fue espontánea y sin preparación), y pensó que podía obtener algunas imágenes interesantes para la publicidad del documental y el empaque del dvd, nada más práctico. Lo que es digno de cuestionarse es el montaje de las fotos, como el mostrado arriba y el que podríamos hacer luego: ¿y si estuviéramos mostrando solamente las fotografías que se adecuan a los estereotipos de "chicas", "latinas" además del estereotipo de fotos publicitarias? La canción de Daddy Yankee, icono del reguetón, que utilizamos en el montaje porque durante el "estudio fotográfico" sonaba en el estereo y varias de las chicas la coreaban muy acorde al momento, quizá pueda darnos una guía: "modelame a mí... dame una pose, pose, pose..."

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Fotos y montaje de las chicas latinas por Lirba Cano

Foto FISHEYE por Chac