20 de mayo de 2008

Diálogos No. 4: Cuál es la relación de la psicología con...











Diálogos para repensar la psicología
No. 4: Cuál es la relación de la psicología con...
Guadalajara: Departamento de Asuntos Sin Importancia
Febrero de 2007. 28 págs.

Editorial
Ante la imposibilidad de que Boris Cyrulnik (un estudioso de las neuronas y la psique) nos incluya en lo que él llama su equipo mental, los de la mesa editorial, decidimos meternos solitos en el juego, ya que nos reconocemos con la principal característica exigida por Boris para jugar en su equipo: meter la nariz en todas partes y en el plano de las ideas presentar una actitud mental orientada hacia el hombre.

Ya que la Psicología es algo rara y además pérfida, no sólo se queda con los psicólogos, da rienda suelta y se relaciona con los de múltiples disciplinas. Los que le tenemos profundo aprecio queremos ahorrarle un diván lleno de complejos o alguna frustración y pauta desagradable, para eso nosotros legitimamos sus amoríos y pasando de simplismos o conservadurismos que duelen, abrimos la posibilidad de pensar en «infidelidades» que enriquecen, de ahí que uniésemos una vez más a diversas disciplinas para que dialoguen con libertad sobre sus relaciones, pasiones y complicidades con la Psicología.

Lo hicimos apostando cariñosamente a lo que Emilio Roger Ciurana considera la cultura de la solidaridad, esto es, aquella en que los seres humanos somos considerados como sujetos que saben que su autonomía se nutre de múltiples dependencias con sus semejantes. Seres que saben que su subjetividad depende de su relación con el nosotros de la sociedad y que ese nosotros depende de la autonomía de pensamientos y acción de cada uno. Y es que lo que aquí se dialoga es reconociendo que la Psicología como las demás ciencias están heredando las consecuencias del quiebre del paradigma newtoniano, lo que nos demanda, a decir de Denise Najmanovich, pensar sobre cambios, evoluciones y crisis que se expresan en la historia de las ideas (paradigmas), en la historia de las sociedades (culturas) y de los individuos que las co-forman (sujetos).

No es, claro está, intención de esta revista responder de manera definitiva a la pregunta de cuál es la relación de la Psicología con otras disciplinas y profesiones, sino mostrar algunas perspectivas y experiencias, enfoques desde la misma Psicología, o desde aquéllas hacia ésta; críticas otras veces, que nos sirvan para dialogar, para enriquecer el pensamiento que permitan que nuestro quehacer profesional como psicólogos, sea en el campo que sea, no permanezca estático, no se anquilose y pueda pertenecer al devenir social.

Para este número dialogan con la Psicología: la Mercadotecnia (Rocío González), la Medicina (Carolina Hernández ), la Educación Especial (Blanca Almejo), la Cotidianidad (Gabriela Gómez) y las Matemáticas (Moisés Ledezma). Regresa Esta flor ya se rompió con nuevos ánimos e ideas; los de Giiremos proponen una morelliana para pensar; con Mucho gusto les recomendamos un libro sobre intervención psicoterapéutica en casos difíciles; el Tio Pelón hoy está acompañado por letras feministas antiflacas; los dibujos que acompañan los textos son de Felipe Dieguez, alumno del 5to. semestre de la Licenciatura en Psicología de Lipro.

Artículos

¡Lo mejor para su motor! (la psicología hablando de mercadotecnia)
por Rocío González Cabrera. p. 3-6.

Psicología y ciencias médicas: discursos del cuerpo
por Carolina Hernández Rico. P. 7-10.

Educación especial y psicología: entre mínimas diferencias y máximas semejanzas
por Blanca Esthela Almejo Hernández. P. 11-13.

Sobre una psicología insolente
por Gabriela Belén Gómez Torres. P. 14-18.

Más allá de los números: algunas relaciones entre matemáticas y psicología
Entrevista a Moisés Ledezma Ruiz
por Leonardo García Lozano en colaboración con Alejandra González García. P. 19-23.

Secciones

Esta flor ya se rompió
La capital, la provincia y el progreso para todos
por Chac. P. 24-25.

Mucho gusto
Pescando Barracudas
por Mónica Livier Rodríguez González. P. 26.

El rincón del tío Pelón
¿Qué quieres ser?
por Martín Silva Oropeza. P. 27.

Que pare el mundo
¿Qué hay del otro lado de la puerta?
por Giiremos



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12 de mayo de 2008

Teoría del sabotaje

psicología de las des-organizaciones para un presente mejor

por Chac
Laboratorio Nacional de Histeria Social y Psicología de Masas
Departamento de Asuntos Sin Importancia

Nota intro-misora
Este texto es fruto de una ardua y dolorosa investigación empírica que, desgraciadamente, aun no concluye, y que se efectúa en diferentes centros de trabajo de diversos sectores. En el Laboratorio de Histeria Social y Psicología de Masas pusimos a trabajar a los achichincles de investigación como agentes de ventas, canguros (cuidadores de niños), encargados de minisuper, maistros de prepa y licenciatura, laboratoristas, tortilleras, y hasta como psicólogos. Encima no les pagamos un centavo. No aparecen aquí nombres de empresas, jefes ni empleados porque corremos el riesgo de perder la chamba que todavía necesitamos, pero cada quien puede verificar las afirmaciones de este estudio por sí mismo.

El orden
¿Qué es el orden? El orden es lo correcto, lo bueno, lo deseable. Que los elementos de una situación estén dispuestos de manera que operen para un fin determinado. Cada cosa en su lugar para que el universo funcione: eso es el cosmos, lo contario del caos. Casi todo claro: en el universo los elementos están en su lugar, todo funciona muy bonito, nada más nos falta saber exactamente para qué, con qué fines funciona el universo. Funciona para que funcione la noción de orden.
Innegable es que nuestra sociedad está ordenada, por eso hablamos de "orden social". ¿Cuál es la finalidad de ordenar la sociedad? ¿O es que existe una especie de mecanismo social inconciente que ordena sin que en la vida conciente sepamos para qué y nos la pasemos inventando ficciones que justifiquen el orden? Lo obvio es que ordenamos la vida para que tenga sentido. Esto es cierto, lo paradójico es que el sentido sólo aparece cuando se rompe el orden, esto dicho en varios sentidos.

La razón de existir del orden es la posibilidad de sabotearlo, lógica según la cual no hay cosa peor que abandonarse al desorden absoluto porque ahí no hay posibilidad de que irrumpa nada: el desorden, como señala la noción de entropía, es en todo caso una tendencia pero no un sistema. Es la tendencia anti-sistémica que da sentido al sistema. Por eso no hay que confundir: quienes buscan instituir mecanismos de ordenamiento de la vida con la intención de hacer del desorden un sistema son quienes amparan su existencia en la neurosis y hasta en la locura.



El sabotaje social
¿Para qué funciona el orden social actual? ¿Hacia dónde está ordenado? ¿Por qué en una sociedad con sofisticados artefactos racionales de ordenamiento (gobiernos democráticos, ciencias que todo lo saben y curan, tecnologías que todo lo resuelven) flotan densas mareas de insatisfacción? Como esta pregunta es un tópico, pensamos que es más interesante indagar de dónde emana la poca o mucha satisfacción que logramos aun experimentar en el mundo cotidiano. Buena parte proviene de esa tendencia psicosocial al sabotaje del orden social normativo. Sin embargo, los teóricos serios de las instituciones y los críticos de los movimientos sociales dicen que dicho orden contempla el sabotaje social, incluso como forma de reproducir el mismo sistema, y que en el mejor de los casos los saboteadores son idealistas ingenuos sin conocimiento real del sistema. De tarea: ¿quién puede tener una visión real del conjunto del sistema social?

Pero es aquí, ya nos estábamos tardando, donde vamos a decir qué entendemos por sabotaje social: sabotear es un gusto, no un orden para contrarrestar otro orden. El sabotaje más que una poderosa travesura es una actitud para vivir un momento agradable. Más que una manera de intervenir la realidad es una forma de pertenecer a ella. Interviene el que está fuera, pero sólo puede sabotear el que está dentro. El caso paradigmático de sabotaje social, decimos nosotros, es eso que el sociólogo Maffesoli llama "socialidad del sur": los empleados que se ponen a cotorrear, chacotear, reir y perder el tiempo en pleno horario de trabajo. Maffesoli cree que este fenómeno donde se presenta con frecuencia es en los países del sur, sea el sur de América, sea África o el sur de Europa. Como no presenta cifras nosotros todavía estamos esperando que alguien nos pague para comprobarlo. Llamamos "social" aquí al sabotaje no porque esté dirigido hacia la descomposición de un orden social, sino porque se ejerce desde la socialidad.

El orden social podría definirse de la siguiente manera: "te pago para que hagas lo que yo digo". El acuerdo general es que se trata de un orden muy justo, y que los trabajadores que no lo cumplen, que sabotean, actúan con inmoralidad. Pero normalmente una empresa no quiebra porque tenga malos empleados. El sabotaje social no funciona para exterminar el orden, sino para subsistir en medio de ese orden. Porque el orden que rige la sociedad desde la que escribimos está compuesta de gente que mayormente no trabaja en lo que le gusta sino en lo que le queda (¿es ese también un orden muy justo?), o en lo que le permite reproducir y formar parte de una élite que maneja el orden, que tiene ese poder. La satisfacción sólo es posible si sabotea. Si en lugar de hacer aquello para lo que me pagas por un momento del día hago lo que me de la gana (dentro de lo posible en ese espacio) cuando no me ves.

Autosabotaje para la neurosis
Por otro lado, la manera más fácil de conseguir insatisfacción, de alimentar la propia rabia y el desprecio hacia el mundo es el autosabotaje como sistema. Quienes tienen el poder (o "la responsabilidad" como les gusta decir) de dirigir colectivos sean empresas, familias o gobiernos, como un fin en sí mismo, suelen practicar su puesto dando órdenes confusas que imposibilitan repetidamente el trabajo para el que pagan, de lo que luego podrán culpar a los confundidos que tardarán en salir de su azoro. Dicha práctica genera gran cantidad de insatisfacción a todos los implicados por la simple razón de que uno ya no sabe en qué mundo vive, si en el que se rige por el sentido común o en el del jefe que sólo se entiende a sí mismo (y a gritos) porque alguien le enseñó que ser alguien en la vida significaba controlar a otros. Sin embargo en estas situaciones es altamente probable que haya una ganancia social que consiste en las estrategias de sabotaje que irán ideando los insatisfechos dirigidos. Ganancia "social" quiere decir en pro de la gente. "Gente" refiere a la naturaleza gregaria de las personas: favorecer a la gente quiere decir favorecer las relaciones, que como decía Maffessoli es en lo que consisten las estrategias de sabotaje a un orden cuyo fin es producir para lo que te pago (lo cual por lo demás es muy pero muy justo).

El sabotaje social propicia la aparición del sentido (de pertenecer, de vivir), el autosabotaje es la destrucción del mismo, la miseria.

Elogio de la incompetencia
Hasta aquí parecería que se está haciendo una apología de quienes echan a perder el noble trabajo; de la flojera, la ineficacia y la ineptitud. "Incompetencia" como se dicen en los tiempos de valoración bursátil de las cualidades humanas. Y es que ninguna teoría es neutral. Pero justo sería también buscar en la memoria para rescatar la antigüita idea de que los trabajos no debían servir tanto para producir billetes como para dotar el día a día de ganas para levantarse de la cama, de espacio para crear con las manos, para convivir con los semejantes. Y ahi vienen otra vez los inteligentes críticos de los sueños guajiros a decirnos que nel, que el trabajo se inventó para comer. Contestaremos que no, para comer se hicieron las artes de la caza, la agricultura y la pesca, que "originalmente" no daban billetes, y ahora resulta que si no hay billetes no hay salud, ni agua ni buen clima. Nomás eso faltaba, todo lo queremos gratis. Será que el tercer mundo trabaja muy poco. Pero no nos desviemos de la respuesta: si aspiramos a la dicha de dedicar nuestro día a hacer cosas que nos dejan satisfechos al final de la jornada es porque alguna vez lo habremos vivido.

Ejercer el sabotaje social, pactar con el caos, significa renunciar al dominio de la naturaleza, del ordenamiento según nuestros preceptos. Pactar con el orden de la productividad significa el sabotaje de una sociedad contenta, y nada más. Esta "teoría" (ándele con la osadía) tendrá por supuesto toda la razón productiva en contra. Como se argumentó desde el principio, es preciso un mundo debidamente reglamentado que podamos descomponer en el momento en que se anquilose, que esté por encima de nuestra satisfacción y que funcione solamente para el sostenimiento de quienes lo dirigen. No se propone aquí el derrocamiento del orden social, sino poner atención a los momentos en que obtenemos mayor satisfacción. No es siempre lo políticamente correcto lo que nos mantiene mejor en este mundo, y si no que les pregunten a las feministas. La justicia de hacer lo que te digo porque te pago supone la imposición del orden "natural" mejor conocido como ley de la selva o sea la del más fuerte. Si el dinero es el arma de los que dirigen porque pagan, el sabotaje social es el recreo de los que no tuvieron más remedio que trabajar en lo que quedaba.

Queremos dejar claro por último, con ánimo de no crear falsas expectativas y de curarnos en salud, que el sabotaje social no es ninguna alternativa para el cambio radical de las estructuras sociales ni para el derrocamiento de la macabra globalización capitalista. Desgraciadamente no alcanza para tanto. Los cambios sociales radicales requieren de una nueva propuesta de orden, de gente convencida de ello y dispuesta a sacrificarse por la causa, pero también a exponerse a la tentación de dirigir el nuevo orden. El sabotaje social es simplemente una manera de estar comodamente en el espacio en el que uno suele pasar la mayor parte de su día activo, de reirse cuando se supone que hay que estar serios, de hablar cuando se supone que hay que callar. De dejar de hacer para convivir, que es a fin de cuentas lo que hace a la gente ser gente.

Pero a final de cuentas no es pa'que nos crean, nomás estábamos perdiendo el tiempo en la chamba escribiendo para este blog.

P.D. La psicología profesional qué pinta aquí: apapacha o sangolotea depresivos para que vuelvan convencidos al trabajo, selecciona al personal más capaz y les enseña a manejar su estrés para eficientizar la empresa. Los psicólogos dicen que ahora también enseñan a administrar el tiempo libre para no tener que estar echando a perder el horario de trabajo. La gente también lo sabe pero no le da la gana hacerlo. Sabotaje social a la psicología.

6 de mayo de 2008

Por eso estamos como estamos

Apuntes de la conferencia de Javier Melgarejo Draper “PISA, niveles de aprendizaje y calidad de la educación: lecciones del caso finlandés”
por Leonardo García Lozano

Nota aclaratoria: Como todos los apuntes, estos que presento mezclan las palabras del autor con la resonancia que provocan en mí, haciéndoseme necesario compartirlos; no está de más aclarar que las ironías son mías y las referencias a lo mexicano también. Por tanto, no sé que tanto pueda considerar que este texto es mío, creo que pertenece más al conferencista, pero quizá, si él lo lee diga: “Yo ni dije eso, a mí ni me metan”. En fin. También me propongo en el futuro ir a Finlandia para verificar que todo lo dicho sea verdad y no un mero cuento finlandés contado por un español.

Javier Melgarejo es de un hablar sencillo y ameno; el tipo de información que trasmite, en las casi dos horas de plática con y de él, no apabulla a quien le escucha, más bien le dejan una invitación. De lo que habla es de su tesis doctoral, para la que dedico al menos 10 años de su vida y con ella visitas constantes a Finlandia, ¿la razón?, este país desde 1991 es el que mejor puntúa en las pruebas internacionales de evaluación de los aprendizajes… por mucho y no sólo eso.

En está última medición mientras que países nórdicos (con similar economía, geografía e historia) se han estancado en los niveles de desempeño en las tres competencias medidas (comprensión lectora, razonamiento matemático y ciencias), los finlandeses siguieron subiendo y ubicaron a más de la mitad de sus alumnos en el nivel óptimo.

Ante resultados tan espectaculares cabría preguntarse si son ciertos o qué hacen los finlandeses para estar cómo están (¡y miren que se cuestiona en un país –España- que ocupa la media tabla, cuando en México ocupamos los cuarentas tirándole a los cincuentas!). Cuenta Javier que entre las 160 variables que él contabilizo sobre lo que hacen distinto, los mismos profesionales finlandeses le decían lo evidente: son los maestros y su formación, pues sí, pero ¿cómo demostrarlo?, y además ¿sólo es eso?, (y si fuera así de simple ni de chiste hace una tesis doctoral y yo no asisto a su charla) Lo que él hace es dar un viaje por todo el sistema educativo finés con el profesor en el centro de éste.

Sé que esto en México molesta, luego, luego los docentes, sus formadores, sus directores, voltean al lado y buscan a quien echarle la culpa: que si la familia, la sociedad, los políticos, dios, la economía, que a los alumnos ni les interesa aprender y no se le pueden pedir peras al olmo, que las pruebas no son objetivas, que si la pinche reforma, que tú-qué-vas-a-saber-si-ni-eres-maestro-ya-te-viera-qué-te-metes-¿te-crees-mucho?-; total que nadie se responsabiliza por el montón de adolescentes y niños que pasan más por el acuerdo 200 (en realidad acuerdo 5, que no sé si haya otro país donde se asegure mínimo el 5) que porque la escuela haya servido para dos cosas.

Luego, Felipe Martínez Rizo dirá, que calma, que hay que compararnos con países de igual nivel de desarrollo económico y vida, que nosotros somos pobres y pobrecitos. Pos si, pero este argumento está peor de retorcido, o sea, si entiendo bien: además de pobres, burros. No sé, al menos esperaría que el responsable de evaluación en el país se sincerara y dijera “los culpables somos todos los que manejamos la educación”, pero no esconder nuestra miseria educativa en nuestra miseria económica, sólo no me parece ético que nos invite a la disculpa y no revisemos nuestro cochinero.



Por cierto dice Melgarejo que en los países directamente competidores con Finlandia (los nórdicos) a los días siguientes de darse a conocer los resultados de PISA (ya llevan tres mediciones) de secretario o ministro de educación para arriba presentan su renuncia o simplemente los corren. -¡Qué lejos estoy del cielo donde he nacido!-

Bueno, volvamos con nuestra conferencia. Decía (él, no yo) que esto de la formación del maestro luego es muy delicado mencionar, pues los políticos esconden en ello sus propias deficiencias y solucionan todo cargándole la responsabilidad a los docentes, por tanto, lo que hay hace es analizar todo el sistema educativo y dentro de él la “variable crítica” formación magisterial. Insisto la una siempre dentro de la otra.

El sistema educativo finlandés.


¿Qué entiende Javier, pero sobre todo, qué entienden los finlandeses por sistema educativo? En México hay quienes dicen que eso de sistema es utópico y ni existe; bueno pues él y ellos dicen que éste en realidad son tres entidades (y luego habría que inferir las implicaciones para la formación del docente):

• La Familia.
• La Comunidad.
• La Escuela.

1) La familia: Finlandia es un país donde el matriarcado es una realidad, toda la ayuda del estado lo hace realidad por la vía de las mujeres-mamás-con-hijos, las ayudas económicas y sociales son canalizadas a través de ellas. Gracias a estas leyes este país tiene el menor índice de niños pobres… mientras que México el mayor (país católico que como rezo repite “primero la familia”) sólo debajo de ¡los gringos!

La familia (madre-hijo) está protegida por las leyes laborales, las cuáles aseguran que vida familiar sea compatible con la laboral (en ese orden); cosa curiosa, son los sindicatos los que promueven tal cosa (como el SNTE y demás bastiones partidistas ¿no?) Contrariamente a toda tendencia “remoderna”, los niños finlandeses no van a las guarderías hasta cumplidos los ¡4 años!, ya que hasta los 3 están con sus madres, quienes también se organizan para entre todas cuidarlos a todos.

El sistema de salud, hasta los siete años de vida de los niños, está en clínicas materno-infantiles, por lo que en ese periodo el niño y la madre reciben todas las atenciones necesarias, entre otras, diagnóstico, tratamiento y seguimiento medico-psicológicos oportunos, ¿alcances?, para cuando un niño llega a la escuela, si fuera el caso que tenga algún déficit o problema que, digamos le pueda afectar en su aprendizaje, ya ha recibido la atención necesaria.

Sorprende (al menos a Javier) que la percepción de los finlandeses sobre aquello que sustenta a la pareja sea el amor, pues las mujeres sobre todo, pero también los hombres, no tienen que aguantar vejaciones “por el bien de los hijos” y en nombre del amor esto es, al tener los hijos la protección del estado nada hay que impida verdaderamente amar (tan europeos que se veían).

Los finlandeses se consideran los primeros responsables de la educación de los hijos, dicen que en menor medida está la escuela. ¿Qué se educa en la familia? Que el principal responsable y cuidador de la vida es el sujeto (más adelante cuando analicemos el factor religioso se entenderá por qué), nada de andar repartiendo culpas a los demás volteando al lado a ver quien dice yo. Desde el primer día que un niño asiste a la escuela, a los siete años, se regresa él solo al hogar.

2. La comunidad: Finlandia es un país que tiene progreso, pero a excepción de la madera, no tiene materias primas, todo lo importa, sin embargo tiene muchas industrias (contrario al nuestro, mucha materia prima pero poca producción, por las leyes pues); su agricultura es para el autoconsumo. Está enclavado en llanos, donde la temperatura va desde los -34º en invierno (en algunas zonas) hasta los 30º en verano (en otras), o sea que el calor, como muchos llegamos a sostener en algún tiempo, no es la causa directa de la estulticia.

Durante muchos años estuvo dominada por los Suecos y luego por los Rusos, los primeros llegándose a establecer 700 años y los segundos nomás quitando territorio y amenazando con invadir en el pasado siglo. De los suecos quedaron dos cosas: la primer minoría de la población del 5.5% (las otras minorías son los rusos, los húngaros-gitanos, los judíos) y la lengua oficial (la otra lengua es el finés que es hablada por la mayoría de los habitantes y el inglés es una tercera lengua, no oficial, pero hablada por todos); de los rusos quedó el miedo a ser constantemente invadidos y dominados y, por lo tanto, apostar por un sistema educativo que preserve la identidad y cultura finesa si fuera el caso.

Su forma de gobierno es la república (¡como en México!), donde el parlamento, para aprobar algunas leyes requiere de consensos del 80% de los votos, las razones para tan altos consensos son, entre otras, asegurar la representación real de todas las minorías (en especial de los suecos, pues si no existe la amenaza de invasión) y todos los intereses; es tal el grado de autonomía de los estados confederados, que si Finlandia decidiera ir a una guerra y un estado no, éste no va y ya.

La federalización llega a tal punto que son los municipios los que contratan a los directores y a los profesores, los salarios de ambos son en una proporción 47% el ayuntamiento y el restante la federación (sobra decir que ese es “un mecanismo” potente para una verdadera rendición de cuentas).

Los finlandeses son los que tienen más bibliotecas y libros per capita; si ya es un avance que cada escuela o universidad tenga una biblioteca decente, para ellos todas las bibliotecas son públicas pues no conciben que siendo pagadas con los impuestos de todos, sólo algunos (por ejemplo de alguna facultad) tengan acceso a determinada biblioteca; los sábados familias completas lo pasan en ellas, mientras que de lunes a viernes, las abren en el horario en que la gente puede acudir, esto es después del trabajo y de la escuela; el bibliotecario no es el típico cuate que “a ver donde lo ponemos a que no estorbe”, es alguien capacitado para tan importantes tareas.

67 por ciento de los adultos finlandeses sigue en la llamada “formación permanente”, aunque nadie se lo “exija”. De ahí que no deba extrañarnos que las “horas de formación permanente” del profesorado sean de las más bajas en toda Europa: sólo diez anuales (¿mmm?, ¿se imaginan un mundo sin Talleres Generales de Actualización?, ¿sin sábados mensuales de curso obligatorio?, ¿sin carrera magisterial?)

La televisión en Finlandia es, por ley y no al antojo de las televisoras, subtitulada, lo cual impacta de manera directa en tres cosas: necesidad de aprender a leer, pues si no, no entienden los dibujos animados (tal como proponen que sea el aprendizaje significativo); velocidad lectora, de ahí que no extrañe que sean los que más comprenden, pues tienen más tiempo para hacerlo y aprendizaje de una lengua extranjera, el inglés.

Un último detalle “social” finlandés: la mayoría de los habitantes son luteranos. ¿Y? ¿De verás la religión juega “algún” papel? (además de la consabidos rezos antes de contestar pruebas tipo PISA o antes de que se publiquen los resultados). Van unas ideas para que juzguemos:

Ya había mencionado que el sistema de valores de los fineses esta centrado en la propia responsabilidad y está es una idea de Lutero, nadie salva al sujeto, éste se salva sólo, cada quien es responsable ante Dios de sus actos; como consecuencia de ello, una vía para responsabilizarse es que las personas “sepan los designios de Dios”, leyendo la Biblia individualmente… el examen para el matrimonio luterano es la comprobación de que se sabe leer.

Una anécdota: durante los tiempos en que los rusos les hacían la guerra, los pastores luteranos negociaron su apoyo con el zar, la moneda de cambio era que éste enviara a los mejores profesores y directores a Finlandia, pues por la poca mezcla de sangre que tenían los hijos de los pastores, estaban naciendo con déficits y no accedían pronto a la lectura ¿cómo iba a ser que los hijos de los pastores no se salvaran? ¡Ahhhh!

3) Las escuelas (y los maestros de ellas)

Dicen las autoridades finlandesas que su modelo educativo está copiado del sueco. Lo curioso es que según las mediciones de PISA los finlandeses ocupan el número uno de la lista y, si se desagregaran los datos por grupo étnico, los suecos de Finlandia el número serían el 2 . La oferta escolar es en realidad duplicada según la lengua: finés o sueco y que la minoría sueca elija a cual escuela irse. El modelo organizativo de las escuelas puede ser comunidad de aprendizaje o corazón de la colectividad.

Según Melgarejo la burocracia educativa, al menos en Finlandia, es poca, si a ello sumamos que un burócrata no gana más que un docente, pues contravendría los principios de democracia e igualdad, comienzan a perfilarse algunos cambios. Además los burócratas trabajan las mismas horas que los docentes.

Como ya se dijo la niñez pisa obligadamente las aulas a los siete años. Cuando esto sucede todos los servicios de salud y bienestar son trasladados a los planteles, ahí existen médicos, enfermeras, trabajadores sociales, psicólogos u orientadores, visitas dos veces al año del dentista, mismos que son acompañados por equipos externos de apoyo, arrevesado que son y como la salud es un derecho fundamental (hasta la constitución mexicana lo reconoce) los niños fineses hacen una de las comidas en la escuela.

Cada escuela y sus profesores deciden cómo invertir los recursos económicos que le corresponden (otro rasgo de la descentralización); la gran mayoría de ellas los invierte en materiales para el trabajo de aprendizaje; en consecuencia no hay “libro de texto” pues cada profesor elabora con lo que enseñará.

Los directores de la escuela son contratados y pagados por cada ayuntamiento. Los directores tienen una formación especial y se someten a un concurso de oposición, no es por escalafón o carrera política (aunque luego lo nieguen) como en México; si hay niveles preocupantes de deserción a quien piden cuentas y, si procede, corren, es al director, ya que según cálculos de ellos el gasto por un joven que deserta y no estudia ronda el millón de euros (para que el sordo escuche, dice Galeano).

El modelo pedagógico, como en México, es el constructivismo, la aplicación de este modelo explicaría quizá porque siendo los que mejores en los, muy debatibles (si se quiere), resultados tienen en comprensión lectora y matemáticas, no dedican mayor énfasis a esas áreas de estudio; incluso van menos horas que nuestros chicos a la escuela. Cada profesor tiene grupos pequeños de alumnos, si son más de 20 trabajan dos profesores en la misma aula ¡sin pelearse por el protagonismo!

Desde la primaria hasta la adolescencia, las clases son de cuarenta y cinco minutos cada una con 10 minutos de descanso efectivo entre cada clase. ¿Cómo organizan las clases? “Constructivistamente”: comúnmente 15 minutos de “teoría” o tema expuesto por el profesor; 15 minutos de actividad planeada en pequeños equipos; 15 minutos de presentación de avances o del producto de los equipos.

3.1. Los profesores no tienen plaza, trabajan por contrato y apenas, fruto de la penúltima medición de PISA, emparejaron su sueldo con el de los españoles. El premio para el mejor profesor de una escuela es ser asignado al grupo de primer año pues es ahí donde se enseña a leer (no irse a la delegación sindical, por lo demás).

Como puede verse en Finlandia ser profesor es nada fácil. Para llegar a serlo hay un riguroso proceso de elección y formación. Los criterios de selección son:
• 23% de una entrevista, donde toman en cuenta los motivos para ser profesor, sustentados en un curriculum con previas actividades sociales en voluntariado o trabajo, sino ¿de dónde le salen esas ganas?, además debe manifestar amplio interés y cariño por el trabajo con niños y adolescentes, sino ¿cómo explica que vaya a trabajar con ellos? (es común que los profesores mexicanos refieran a sus alumnos como poco menos que abortos de Satán y culpables de todas sus angustias y todos sus quebrantos).
• 23% de una lección, lo que hace suponer que no son unos ingenuos de lo que les viene en el futuro.
• 23% de explicación de un texto, por aquello de que nadie da lo que no tiene.
• 10% de música, ya que a veces para aprender a leer y escribir se necesita la música, pero además para enseñar a valorar las formas humanas de creatividad.
• 10% de comunicación visual.
• 10% de matemáticas.

Curiosamente como las mujeres siempre sacan mejores resultados, por aquello de la equidad de género, tuvieron que asignar una cuota de 20% de varones y estos, según cuenta Javier, saben que están ocupando un lugar que, en principio les regala la bendita “equidad de género”. Cosas de la democracia.

Aceptados ya en su carrera, pasan en ella 6400 horas de formación (en México son en promedio 4300), con prácticas en los centros de alto rendimiento. Para aspirar a la titulación es obligatoria la presentación de una tesina, la cual asegura dos cosas: que el docente sabe buscar información relevante cuando tiene un problema enfrente y que haya un banco importante de información compartida para el abordaje de la enseñanza y el aprendizaje; la nota media requerida en el examen es de NUEVE PUNTO CINCO.

En México algunos profesores o formadores de ellos se pudieran preguntar ¿Estarán locos o por qué deciden ser maestros?, además de gritar a los cuatro vientos que todo es subjetivo y es una maldita herencia del Imperialismo Yanqui, es más veo al Mosh y a algunos dirigentes estudiantiles y sindicales pidiendo acceso libre y universal a las normales y cuanto centro universitario se les ocurra (dije dirigente no estudiante); para luego exigir las plazas, como un derecho igualitario y democrático, confundiendo democracia con masificación y abaratamiento. Cabría preguntarse si ellos llevarían a uno de sus hijos a, por ejemplo, el médico, con uno que entró sólo por que le dieron ganas y no porque es el que demostró aprendizajes. Para los fineses tanto o más es importante la educación.

2 de mayo de 2008

Literatura mentira inquieta

por José Morales González

La verdad tiene un defecto: es un sustantivo que no puede ser verbo. Será un sustantivo muy prestigioso (hasta se ha asociado con Dios), pero nunca ha podido ponerse en acción. La verdad por eso es única, no es mutable.

La mentira tiene una cualidad: es un sustantivo que puede ser activado y volverse verbo, que es acción, que es movimiento. No puede ser estado. Si deja de mutar: muere. La mentira no es ni siquiera ella un sustantivo, no puede serlo. Si se sustantiva se petrifica convirtiéndose en verdad. Es verbo porque es verbosa, le encantan las palabras pues lo que tiene que decir parece no tener fin –Las truchas y las mentiras, cuanto mayores, tanto mejores–. Michel de Montaigne observó que la mentira, como la terquedad, crece. Sucede que está viva y por eso se desarrolla, se agranda, se multiplica, tiene cien mil caras, y hace y deshace muchas cosas. La verdad sólo hace una pinche cosa: desmentir, y eso quiere decir inmovilizar. Desmentir es quitarle el chiste a las cosas, es el aguafiestas de la discusión porque la detiene. Una verdad detiene la conversación hasta que se advierte que esta verdad puede tocarse, pincharla así, en la panza, para que se inquiete la haragana, para que se mueva un poco, dé de sí y deje hablar. En esto reside el placer de la mentira: es burlona a la verdad.

No tiene que ver con una correspondencia a las cosas, la verdad. Esta es una mentira mal hecha, porque, ya ves, se detuvo. Si la filosofía temió a la retórica por poder disponer de las palabras sin las cosas es porque no se daba cuenta de que ella lo único que hacía era cosificar la palabra. La retórica hacía malabares con las palabras, jugueteaba con las clasificaciones, así, mira: con las manos, revolviéndolas en el aire hasta la indistinción.




Aunque tenga muy buen puesto, la verdad no es lo opuesto a la mentira, es más bien una mentira que se avergüenza de serlo. Pero no hay porqué, si Dios dictó el octavo mandamiento, no dirás falsos testimonios ni mentirás, no fue para que la humanidad dejara de mentir, sino para que lo hiciera bien y con estilo. A Él le gustan las historias y mandó que el verbo se hiciera carne y habitara y contara cosas inquietantes. Si de por sí el verbo es acción, desde que encarnó se hizo perecedero; se consume preferentemente todos los días no parando de contar historias, aunque se repitan; ya se les cambia esto o aquello, ya se les agrega o se les quita, para adornarlas para que no aburran y sorprendan, para hacerlas publicables, pues. Los rumores lo saben y por eso se multiplican y desparraman, son incontenibles; no se aguantan las ganas y, como conocen la técnica, se mueven bien de boca en boca, llegan a los periódicos y a los telediarios en su vigésima tercera edición y mueren, finalmente, a manos de la palabra experta, esa que dice que sabe lo que está pasando; “no se hagan bolas, miren yo les explico: no se agredió a nadie, simplemente se reestableció el orden”; en fin, esa que arroja claridad al asunto y tranquiliza los ánimos. esa.

La mentira no hace eso, pues sabe que la claridad es una mentira menor. Quizá esa sea la razón de que en ocasiones se le huya a la mentira, porque no es que sea de por sí mala, sino que inquieta, desacomoda, crea inseguridad. Incomoda porque suele estar fuera de lugar. “Tan a gusto que estábamos...” Inoportuna e imprudente. Y es que piensa que el lenguaje no es para comunicarse efectivamente, sino para crear malos entendidos; entonces gusta aderezarse (es sabrosa), y le cuelga detalles a sus relatos hasta el barroco (es ostentosa); lenguaje ornamento extravagante tan visible que levanta las cejas a cualquiera (es obscena). Gusta de replicar y replicarse a sí misma, de enmarañar la comprensión, de olvidar las certezas para reinventarlas, de recordar las confusiones para tergiversar la versión oficial y contar algo distinto.

Si tuviera una arquitectura ésta sería el laberinto, lugar donde se enreda el sentido, donde la referencia (o la vida) se da por perdida, donde los lugares comunes no aparecen y el destino, el centro, es lo de menos, porque lo que hace al laberinto son sus paredes dispuestas hacia dilatarse en el enredo, no hacia el centro. En el laberinto perdido de Borges, ahí te quiero ver. El diccionario no
es más consolador:

Laberinto. m. 1 Construcción que engaña porque no lleva a ningún lugar y no es lugar alguno, pues no se está, sólo se anda, no en un espacio, sino en una especulación. 2 Cosa confusa y enredada. 3 ANAT. Parte interna del oído; su forma hace pensar que está hecha para escuchar mentiras.

Platón odiaba la mentira, cosa que no es discutible, y la reconoció como ajena a los dioses y propia de los poetas; esto sí es discutible, pero hay acuerdo, porque la mentira requiere creación, o más bien: invención, cuando se pronuncia se produce algo. La verdad, en cambio, dice que ya estaba ahí antes de que se llegara al lugar de los hechos. Pero es que, aquí entre nos, murmuran que es un poco pretenciosa.

Así es esta mentira, la que aquí se describe, aunque la mentira sólo pueda ser desescrita pues, como la literatura, no se está quieta.

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Este ensayito, generosamente donado por el autor, forma parte de su tesis doctoral Teoría narrativa de la psicología social en el modo de ser literario (Universidad Autónoma de Barcelona, 2005).