3 de agosto de 2017

Psicología urbana

Experimentación, visualización y sabotaje del dispositivo ciudad
@chacsol



 
1. El dispositivo ciudad
La psicología social sirve para problematizar la realidad cuando ésta no nos gusta, no nos convence o no nos favorece, proporcionando herramientas para hacerle preguntas a esa realidad y a quienes participan de ella. Se suele esperar que la psicología social arregle los problemas psicosociales de la realidad, y con razón, pues es la propia disciplina la que los ha inventado: eso es lo que significa problematizar.
Ante la evidencia de que las ciudades de nuestro país tienden al empobrecimiento, la marginación, la violencia, la privatización del espacio y la neurosis, cada vez de forma más acelerada, la pregunta más pertinente es cómo revertir esa tendencia. En parte, la respuesta a esta pregunta está implícita en el objeto de estudio de la psicología social: la intersubjetividad. Es decir, que los problemas de las ciudades pueden resolverse cuando los sujetos afectados individuales y colectivos se encuentran y se organizan para resolverlos. Cualquier solución que no se teje en un espacio intersubjetivo a la medida de quienes son afectad*s (con sus conflictos, confrontaciones, consensos, disensos, consonancias, arritmias, disonancias, jerarquías, etc.) resulta en una imposición que sólo favorece a quienes han logrado excluir o minimizar a otros sujetos de dicho espacio.
La psicología social puede hacer aportaciones a las formas de organización colectiva acerca de los problemas urbanos, ayudar a plantear esos problemas, sugerir cómo resolverlos, cómo lograr colaboraciones efectivas. Sin embargo, es importante no obviar que actualmente las ciudades son dispositivos para evitar que los cuerpos se encuentren y produzcan experiencias intersubjetivas. 

 
Las ciudades actualmente se configuran como conjuntos de cercos que son la forma material de las divisiones socio-económicas, de las jerarquías de género, del consumo capitalista, de la alienación entre los cuerpos y sus experiencias: coches, fraccionamientos cerrados, centros comerciales, violencia sexual, camionetones, vías de alta velocidad, casetas de vigilancia, trabajos basura, tiempos imposibles, hipermercados, zonas metropolitanas, pasos a desnivel, periferias desabastecidas, parques aislados, policía, miedo, terrenos baldíos, distancias imposibles, carencia de transporte público, zonas restringidas,  cámaras de vigilancia, “narcobloqueos”, zonas industriales, asaltos a mano armada, etc., propiciando un desierto que se instala entre los cuerpos e individualiza las subjetividades (Caracol urbano, 2013a). La primera tarea sería entonces propiciar que los encuentros ocurran, generar los espacios necesarios para las experiencias intersubjetivas. Sabotear el dispositivo ciudad.
En ese sentido, lo que necesitamos de la psicología social son pistas, tácticas y motivos para volver la ciudad un campo de experimentación y recuperar su sentido de aventura. Necesitamos que se torne psicología urbana: que permita comprender los flujos de objetos y relaciones intersubjetivas de las calles como hebras del tejido de nuestros estados corporales, anímicos, existenciales. Esta psicología urbana no se trata de una receta para derribar los cercos materiales del dispositivo ciudad (ese más bien será un objetivo a largo plazo), sino de una proposición con efectos performativos. La comprensión de la calle implica poner el cuerpo en la calle con ánimo de experimentación, advertir cómo se configura el dispositivo ciudad y convertirse en un potencial nodo de intersubjetividad...

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Versión publicada en el libro Temáticas actuales en psicología, coordinado por Angélica Aguado y José Jaime Paulín (Querétaro: UAQ, 2016). Descargable en Epub y PDF.


Los cuerpos que deambulan por la ciudad desierta from Caracol urbano on Vimeo.

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