1 de abril de 2010

Guerra contra el narco: hara kiri a la mexicana

por Horacio Espinosa

Cerca del final de la segunda guerra mundial, ocurrió un hecho extraordinario: en el desembarco de las tropas estadounidenses en el archipiélago de Okinawa muchos de los ciudadanos japoneses, prefirieron suicidarse antes que ser capturados por las tropas invasoras. Esto ocurrió de muchas maneras, algunos se hicieron detonar junto con su familia con granadas, los padres dispararon a sus familias antes de darse muerte, otros miles se arrojaron por alguno de los acantilados isleños, otros se hicieron el tradicional hara-kiri, entre muchos más escabrosos métodos que sirvieron para manchar con sangre las aguas de los mares de la China Oriental que rodean estos terruños.

Los soldados estadounidenses cuando presenciaron este espectáculo del horror -entre cien mil y doscientos mil nipones murieron en esta batalla- no daban crédito a lo que constataban sus ojos. Durante mucho tiempo esto fue considerado un acto de heroísmo por parte de la población de las islas. La verdad distaba mucho de eso. El genial escritor Kenzaburo Oé relata en “Notas de Okinawa” cómo las tropas japonesas habían adiestrado a la población para darse muerte antes que caer en manos de “los demonios de ojos azules”; para lograr eso había todo un plan para que los padres y abuelos fueran matando a todos los miembros de la familia, se entregaron granadas para ser usadas en cuanto fueran avistadas las tropas enemigas. Todo antes que ser deshonrados por manos extranjeras.

Lo jodido de todo aquello, es que la gente de Okinawa no era considerada “japonesa” y hasta la fecha siguen siendo discriminados por “parecerse a los chinos” al ser de “tez oscura”. Lo jodidamente absurdo de todo aquello es que Okinawa se volvió un sitio ocupado por bases estadounidenses en el 30% de su territorio y todo con la complacencia de Tokio. Así, la tragedia de Okinawa se transformó en teatro del absurdo: tantos muertos por un “ideal de honor” que nunca existió, tantos muertos “por la patria” para terminar pactando con el enemigo, tantos muertos que sirvieron tan sólo para oscuros intereses, tantos muertos que tan solo sirvieron para morirse. Algo así esta empezando a ocurrir en México respecto al narcotráfico.


Una de las prioridades del presidente electo Felipe Calderón ha sido la de recrudecer la llamada “Guerra contra las drogas”: el saldo desde que asumió la presidencia en el 2006 hasta julio de 2009, es de más de cuatro mil muertes (1), y recientemente se abrió un nuevo y tétrico escenario en el país a raíz de los primeros atentados en la historia del país que tuvieron como objetivo blancos civiles. Estos atentados aparentemente planificados por narcotraficantes, aunque en circunstancias bastante extrañas, han dejado más de una decena de muertos y alrededor de cien heridos. La denominada “opinión pública” se encuentra desconcertada. Lo más extraño es que casi ningún sector de esta “opinión pública” cuestione la “guerra contra las drogas” del señor Calderón y tan sólo se centren en descargar su enojo en contra de los narcotraficantes (2).

Por otra parte, diversas autoridades de diferentes signos políticos, han mencionado en distintas ocasiones que, a pesar de los muertos, no va a haber “un paso atrás” en el combate contra narcotráfico; en pocas palabras: mantener la guerra es más importante que detener la muerte de gente inocente. Esto es intolerable y lo es todavía más si le agregamos que, por un lado, esta “guerra” está perdida de antemano y por otro, esta “guerra” no es “nuestra guerra”.

Vayamos paso por paso, ¿por qué esta “guerra” está perdida de antemano? Simplemente porque no está dirigida en contra de las causas que originan el conflicto. El narcotráfico, recordémoslo, se vuelve un problema público debido al recrudecimiento de la prohibición en los Estados Unidos, del consumo de estupefacientes por parte de las políticas conservadoras del presidente Nixon durante los años setenta. Es decir, la causante del negocio ilegal de drogas es su prohibición: aquí se encuentra el origen de la consecuente persecución policíaca de narcotraficantes, el combate entre cárteles de la droga para asegurarse el negocio, la corrupción de autoridades, y lo más nefasto, la muerte de inocentes. Esto que es tan obvio se encuentra terriblemente obviado por la mayoría. En mi opinión, sin una reconsideración del narcotráfico como un efecto de la prohibición de las drogas, es imposible conseguir una afortunada solución al problema de la criminalidad derivada de la ilegalidad de este negocio.

En pocas palabras, seguirán habiendo muertes inocentes si no se considera una vía para la progresiva legalización del consumo e intercambio comercial de las drogas. Si no es así, esta “guerra” se encuentra pérdida de antemano.


Así como las familias japonesas fueron incitadas enviados a inmolarse por intereses que no eran los propios sino los de una monarquía, en el México contemporáneo las víctimas inocentes en este juego de policías contra ladrones son civiles y soldados caídos en representación de unos intereses que no son los propios. Por un lado, la “guerra contra la droga” no es de nuestro incumbencia como mexicanos en tanto que la mayor parte de los consumidores, a quienes supuestamente se les “protege” de la droga, son estadounidenses; tampoco es de nuestro incumbencia como ciudadanos en tanto la moral pública que el Estado enarbola para justificar la lucha contra “las drogas” se basa en la idea (falaz) de que los cuerpos de los ciudadanos deben estar bajo la tutela del Estado y por lo tanto “indicarnos” que es lo que podemos o no, consumir ; pero incluso, y de forma aún más elemental, tampoco es nuestra “guerra” como seres biológicos en tanto es ilógico sacrificar la propia vida con tal de que algunos sujetos -con voluntad propia- dejen de consumir ciertas sustancias.

En suma, que a todas luces es rídículo el sacrificio en vidas humanas a cambio de seguir manteniendo como ilegal la circulación de unas determinadas sustancias químicas que, además, son menos letales que las balas que se usan para combatirlas. Ya no se trata de la máxima estaliniana de “el fin justifica los medios” sino ¡aún peor! En el caso de “la guerra contra el narco” ¡ni el fin ni los medios son legítimos!

De hecho, si no es legítimo ni razonable pensar que el Estado mexicano moviliza una gran cantidad de ejército y policía, gastando millones y millones de pesos, con tal de que algunas personas dejen de consumir drogas, es necesario preguntarse ¿cuáles son las verdaderas razones de mantener en la ilegalidad el consumo de estupefacientes?, las razones sobran a este y al otro lado de la frontera: en México, las autoridades obtienen una gran cantidad de dinero debido a la corrupción; y en EUA, la industria armamentística recibe otro tanto por la venta de armas a cárteles y ejércitos mexicanos así como colombianos.

En este sentido, Gustavo de Greiff, ex Fiscal General de la Nación en Colombia, ex-embajador del mismo país en México y actualmente investigador en el Colegio de México, asegura que con la legalización de las drogas, más que producir un aumento en el número de consumidores se terminaría con “la violencia, la corrupción y la desestructuración progresiva de la sociedad que el narcotráfico trae consigo” (3). De hecho, así ocurrió al término de la Ley Seca en Estados Unidos: los cárteles que traficaban con alcohol se extinguieron a la par que la corrupción y violencia que ellos acarreaban.

El ex-fiscal afirma, incluso, que la mayoría de los gobernantes latinoamericanos están convencidos de que la legalización es la única vía para terminar con el narcotráfico:

Yo converso con muchos políticos y muchos me dicen que tengo razón, que esa es la única solución, pero que no se atreven a decirlo públicamente porque serían acusados de contactos con el narcotráfico, como me ocurrió a mí”

Ante tal panorama, nos encontramos como ciudadanos mexicanos en la misma situación que los habitantes de la Okinawa en la Segunda Guerra Mundial, obligados a colaborar en una guerra que está perdida y en la cual nadie cree: ni nosotros, ni las autoridades cuando se sinceran. Entonces, ¿por qué seguir sumando nuestro nombre a una guerra que no tiene fin?, por mi parte yo no sumo el mío y rechazo la granada que me intentan pasar, la misma granada que les fue dada a los padres de familia de Okinawa para que asesinaran a sus familias en nombre de un ideal falso, la misma granada que mató a civiles mexicanos por una causa no era la suya, la misma granada eterna que seguirá estallando, una y otra vez, hasta que sabiamente se asuma que sólo la legalización podrá sacarnos, a tiempo, de vivir en un país donde reine el terror.

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(1) RAMOS ÁVALOS, Jorge; Poniendo los muertos: Las drogas tienen en jaque a México”, en Univisión Online [www.univision.com]; Noticias: 28 de julio de 2008. Vínculo permanente: http://www.univision.com/content/content.jhtml?chid=3&schid=160&secid=3117&cid=1614222&pagenum=1

:(2) Periodistas de El Universal; “Por ahora, el gobierno de Felipe Calderón ha salido librado del ataque narcoterrorista en Morelia”, en Columna: Bajo Reserva, de El Universal (Diario), sección: Opinión; México, DF; 28 de septiembre de 2008. Edición digital: www.eluniversal.com.mx. Vínculo permanente: http://www.eluniversal.com.mx/columnas/73924.html

:(3) BOTEY PASCUAL, María; “Hacia una legalización de las drogas: Una plática con Gustavo de Greiff”, en The Narco News Bulletin; Issue 25, 14 de noviembre de 2002; [edición digital]: www.narconews.com. Vínculo permanente: http://www.narconews.com/Issue25/articulo537.html

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Imágenes de Teresa Margolles.

Cartón de Helguera.

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3 comentarios:

Christian Hernández dijo...

Bueno, como fan del trabajo "serio" del maestro Fernández Christleb debo anotar algunas cuetiones importantes sobre esta visión "orientalista" de lo que ocurre actualmente en México...

La "Guerra contra el narcotrafico" no es para nada similar, ni política ni históricamente, a la ocupación estadounidense en Japón después de la Guerra del Pacífico...

Lo que el autor de este artículo olvida es que "Felipe Calderón Hinojosa" llegó a la Presidencia de la República a través de una fraude electoral que tuvo resonancía más allá de nuestras fronteras...

Lo que le ha quedado para legitimarse (y para no echarse encima un golpe de estado) es mandar al Ejército Nacional a "combatir" supuestamente a los cárteles de la droga...

"Entre más muertes, más poder", decían los romanos... por eso, me extraña que el autor de este artículo llame a FeCal "Presidente electo"...

Los psicologos sociales deben tener una posición política clara y no dejarse llevar por los discursos políticos e ideológicos de los demás...

Repito: para nada se parece esta masacre genocida que pretende legitimar a Felipe Calderon con lo que vivieron los habitantes de Okinawa después de la Guerra del Pacífico...

Las supuestas muertes y hara-kiri masivos que anotaron los gringos al invadir Japón solo eran parte de otro discurso político y militar que funciona hasta nuetros días: el hecho de presenta como "bueno" que Estados Unidos halla bombardeado nuclearmente a Hiroshima y Nagasakai, según ellos, "para evitar menos bajas civiles"...

Eso exactamente ocurre en México... creo que es hora de abrirle los ojos a la gente, pero comenzado por lo principal: reconocer que el genocida que mantiene al Ejercito mexicano en las calles es alguien que usurpó la Presidencia de la República...


Saludos.

Alejandra Araiza dijo...

Primero que nada, no sé qué tiene que ver el trabajo ("serio") de Pablo Fernández con este tema. Y tildar algo de "orientalista" para deslegitimarlo es bastante peligroso. Creo -como alguna vez dijo Octavio Paz- que éste es el ensayo de Horacio Espinosa sobre la “guerra contra el narcotráfico en México”, ¿dónde está el nuestro?

Por tanto, hablando solamente de lo que me removió el texto, me parece que aun pudiendo compartir o no la comparación con la historia de los pobladores de Okinawa, lo que no se puede negar es que pone en la mesa una discusión sobre un asunto de interés nacional, que debería interesarnos a psicólogos/as sociales/colectivos/pop (o como nos queramos llamar).

Comparto la idea de que habría que discutir sin moralinas el asunto de la prohibición versus la legalización. Y comparto con Christian Hernández que es un problema más complejo de lo que parece a nivel político. A veces no sé si el golpe de estado ya se está dando de manera encubierta y esta supuesta “guerra” es prueba de ello. Pero no tengo elementos suficientes para afirmar nada.

Saludos y me alegro de que también se traten temas políticos.

Horacio dijo...

Hola, encantado de conocerles... intentaré ser conciso por que al parecer mientras más se habla más se es malentenido.

1) De entrada decir que esto, obviamente no tiene que ver con pablo Fernández, de hecho este ensayo no tiene nada de académico, y de hecho, más bien lo raro es que se haga alusión a eso, es algo que no tiene sentido, así que no entraré a discutirlo.

2) Existe un recurso literario que es "la analogía", pues bien esto es una "analogía" entre lo ocurrido en la guerra del pacifico y la guerra contra las drogas en México. La analogía es simple: tanto a los japoneses como a nosotros se nos dice que la guerra tiene sentido por un ideal superior, en el caso del narco "librarnos del demonio de la droga", cuando en realidad, se nos arrastra a una guerra sin fin y sin sentido que, como bien dices Christian, sirve tan solo para legitimar en el poder a Calderón.

3) Si sirve para "legitimarlo" es por que hay paisanos que se lo creen. De hecho es sorprendente como se ve el narco como una lucha patriotica. Al igual que en el caso de Japón. Una lucha patriotica que nos esta llevando a hacernos "hara kiri". Hasta ahí la analogía.

4) Lo de "orientalista" tiene que ver con la analogía japonesa supongo, no tiene que ver con el "orientalismo" como se entiende academicamente, por ejemplo por Said... ¿no? Si la analogía fuera respecto a algo sucedido en Estados Unidos sería entonces una visión "gringuista" ¿no? Si eso es lo que Christian entiende por "orientalismo" entonces si creo que es una visión "orientalista". No es el lugar para decirlo, pero ya que habla de "seriedad", es muy delicado el uso de un concepto con tanto arrastre teorico para hacer referencia a una simple analogía.

5)No comparto la idea de que el posicionamiento político sea "un deber", tampoco para los psicologos sociales.

6) Me importa un rabano la psicología, incluída la que se dice social.

7) Pero lo que si me importa es que México sea arrastrado a una guerra sin sentido, disfrazada de "deber patriotico", y sostenida con la falsa idea de que un Estado "debe" controlar el cuerpo de los ciudadanos y velar por las sustancias que entran en su cuerpo. Me parece un "hara kiri" hacer una guerra con la justificación de que el ciudadano debe ser protegido de sí mismo, es decir de sus "ganas" de drogarse. "Antes muertos que drogados" parece decir la propaganda oficial y los ciudadanos que la secundan.

8) Al final, creo que el comentario crítico esta ahí, y el posicionamiento político también, a pesar de que no haga uso del "FeCal", tal como se "debe".