16 de enero de 2010

Sobre "Psicologías Inútiles"

A finales del año pasado fue publicado el libro Psicologías inútiles (UAM-I/M. A. Porrúa, 2009), editado por el profesor Juan Soto Ramírez, quien tuvo la amabilidad de enviarnos un ejemplar. Se trata de un encuentro en el que distintas voces de la psicología social proponen que, por una vez, conocer el pensamiento de la sociedad no sirva más que para entretenerse con él, siendo ésta una tarea que bien puede dar sentido al mundo. Jahir Navalles, uno de los congregados, nos hace la presentación.


Sobre Psicologías inútiles
por Jahir Navalles Gómez


Pese a lo que se
pudiera pensar, pese a lo que cualquiera pudiera decir, éste no es un libro de “cuates”. Aunque esa sea –irremediablemente- la primera impresión al abrir sus páginas, y por descontado coincidir con el índice y los nombres de los autores, con los títulos correspondientes a cada uno de los capítulos y con los subtítulos sugeridos, que pretenderían desplegar los intereses y aficiones de cada uno de los presentes convocados.

Los libros de “cuates” en nada se parecen al aquí presente, sea porque en aquellos, ser “cuate” significa no ser criticado sino simplemente alabado, significa no poner en tela de juicio los pre-juicios y los pre-textos que en el escrito se manifestaron, los escritos de “cuates”, las convocatorias entre “cuates” son parte de los lastres que cualquier escenario conlleva, sea el de las artes, el de la política, el de la familia y parentela, y por supuesto, también incluye eso que regularmente conocemos como el escenario de la investigación y la academia.


Eso es lo que hacen los “cuates”, y más –insisto- si son “cuates” enquistados en la academia, cuya dinámica es una donde se encubren mutuamente y se cobijan aunque descobijen al prójimo, dónde no se dice nada, donde todo se sabe pero todos se callan, ya que sólo así la inercia sigue, y se justifican las próximas convocatorias a seguir juntándose académicamente con los “cuates”, asegurándose un lugar nomás por ese simple hecho, el de seguir la corriente, el de callarse o mantener el pico cerrado según convenga, y el de ser nulamente autocríticos a eso que con cara de plural y democrático, sin intenciones y abierto a cualquiera, a los que demuestren ser “cuates” les permite seguir “en el ajo”, y es que con tal de que el nombre propio aparezca continuamente en las marquesinas, en los titulares de los periódicos o de los semanarios universitarios, con tal de ser famoso más allá de los 15 minutos, cualquiera hace mutis ante esa dinámica de “cuates” y de compadrazgos.

Esa dinámica tan hecha en las universidades y en los centros académicos de auto-entretenimiento erudito, dónde se gastan los presupuestos que justifiquen las vanidades intelectuales de cada cual, y donde para hacer como que se interesan por “la realidad” se hacen invitaciones donde los “cuates” hagan o piensen lo mismo, dando salida a esa hoguera de vanidades y de proyectos tutorales donde la friega se la llevan los estudiantes y los créditos se los llevan los otros, donde ese trabajo hecho se menosprecia o se entinta y maquilla a partir de los intereses y las políticas institucionales –al fin y al cabo quien manda es quien da los recursos. Y los “cuates” son los que saben que así es la cosa, y que para los que quieran quejarse deberán acudir a otra ventanilla. Burocracias al fin y al cabo.

Con respecto al libro que hoy nos convoca, éste es más que un pretexto para brindar e intercambiar miradas, ya que no es un libro que justifique ningún compadrazgo o nepotismo, claramente, la convocatoria, si mal no recuerdo fue extremadamente abierta desde el principio, cada vez que se hablaba del tema ya fuera en un pasillo, una cantina o en algún lugar donde se coincidiera con el editor, un posible nuevo autor se incorporaba, para sorpresa de muchos y porque no también decirlo, para molestia de pocos –pero de eso el editor nos podrá hablar (sí quiere) mejor.


Algo sucede con Psicologías Inútiles, es un conjunto de textos muy peculiares, desde los más serios hasta los más irreverentes y coloquiales, lo cuál no significa que tengan más o menos seriedad, o sean artículos “de medio pelo” como corrientemente podría decirse, todos están sustentados y acabados más no finiquitados con base en cierta rigurosidad, y sí no habría que preguntarles a esos misteriosos dictaminadores que lo evaluaron, quienes de manera puntual y por demás educada acotaron algunos sinsentidos de los textos aquí convocados, algunos corrimos con buena venía, y otros no tanto, ya que no llegaron al final de la publicación, y no lo digo para que esto se entienda como una carrera bien lograda, con primeros y terceros lugares, si no porque eso significa que los dictaminadores nunca fueron “cuates” ni “cuatitos”, si no que ante todo podrían leerse o comprenderse como “colegas”, esa alusión pseudo-intelectual con la cual se reconocen entre parias que hablan el mismo lenguaje, aluden a los mismos autores y pueden exhibir en algún escaparate sus puntos de vista, y eso podría imputársele a Psicologías Inútiles, que si no es un libro de “cuates” es muy posible que pase por ser un libro de “colegas”, y es que, como bien señala el editor, todos los convocados son “psicólogos sociales”, aunque sea de muy diferente tesitura su reconocimiento como tales, algunos lo son de grado, de oficio, de buenas a primeras, o porque por algo había que empezar (y como la psicología social es tan “abstracta”, desacreditada o tan en desuso, caben bien todos aquellos que se “inscriban” en esta); como sea, existe un hilo conductor en todo esto, los autores, bajo su propia responsabilidad, convocaron la inutilidad supuesta de la vida social, de la realidad, de lo académico, de lo intelectual, de lo científico, del pensamiento que piensa la sociedad y de esa sociedad que parece que no piensa mientras no hace nada.

Y para eso se requiere ser más que “cuates” y que “colegas”, para dejar de lado las consideraciones y los halagos mutuos, las palmaditas en la espalda y las tautológicas felicitaciones, y es que ni una ni otra de las citadas personificaciones están dispuestas a discutir, mucho menos a polemizar, ¿por qué? por la misma parsimonia en la que están inmersas, para eso se requiere convocar otras escenas, unas donde el intercambio y la evidencia de los puntos de vista se torne manifiesta, donde cada cual hable, con sus argumentos, prejuicios, pretextos y frontalidades, y que no las esconda bajo la manga o detrás del rebozo, como se hace entre “colegas” que se patean por debajo de la mesa y por encimita sonríen, firman y hacen como que les interesa lo que dice el otro.

Para ello, se requiere dejar de lado lo políticamente correcto, porque sólo así se pueden cambiar las cosas, las maneras de hacerlas y de pensarlas en consecuencia, y eso es lo que caracteriza a Psicologías Inútiles, el hecho de que todos los autores dan sus nombres y nadie se escuda en nadie más, cada cuál escribió con una velada intención, pasarla bien, hacer ácida la realidad, enseñarnos a escribir bonito, según “bien y bonito”, o mínimo con “estilo”, criticar el dónde se está parado, mofarse de sí mismo o justificar sus excesos. Y eso lo logran hacer aquellos que se pueden reconocer como “interlocutores”.

Y para eso, y sólo por eso, Psicologías Inútiles, cuenta con un apartado correspondiente con las referencias bibliográficas, y que en lo personal me gustó mucho, y al que acudiré para ilustrar el sentido de éste libro, por dos razones, una, porque pareciera que en la actualidad se desdeña ese espacio de evidencias y de rastros que son parte fundamental de cualquier libro, en específico de éste libro, ahí mismo se ubica la interlocución que podría buscar el lector, ya que las referencias, aún cuando uno de los autores diga y escriba que no las necesita o cuando otro más presumió de sapiencia erudita, despliegan otras lecturas, otros horizontes y otros paisajes, porque en las referencias no sólo se encuentran autores, libros y artículos de determinadas disciplinas, sino que son aristas de distintas procedencias, que hacen notar las preferencias y las muletillas, los “estilos” tan cacareados y las intenciones de los autores, y eso remarca que el libro que nos está convocando intenta desprenderse de esas maneras enquistadas de publicar en el país (México), aquí cada quien hablo de lo que le pareció relevante, inútilmente relevante, y no de lo que sus “cuates” y “colegas” podrían hablar, de lo que las sociedades y asociaciones nacionales e internacionales de psicólogos de alto pedorraje dirían, y donde la única intención posible que se despliega a través de éste libro es una donde el posible lector podría identificarse.

La segunda razón por la cuál el apartado bibliográfico se torna interesante es por la diáspora de lecturas y sugerencias que los autores y el editor comparten, porque ahí mismo se reconstruyen discusiones entrecruzadas, se percibe cierto halo, o se puede imaginar el lector, un probable diálogo entre los más diversos interlocutores, e inmiscuirse en ello, y su misión, sí es que decide aceptarla, y nada más por el puro ocio, sería la de ver los prejuicios y pre-textos de los autores, para después cuestionarles y confrontarles con su escrito, algunos harán mutis o intentarán pasar desapercibidos, otros podrán decir que qué afán por molestar, algunos serán extremadamente recursivos, como si la vida se les fuera en ello, y crearán historias alternas que finalmente los distraigan de su pregunta inicial, pero de eso trata Psicologías Inútiles, de dejar de lado la solemnidad académica, intentando ensayar la sociedad, con sus dimes y diretes, sus contradicciones y sus paradojas, no en pequeñas partes o conceptos aislados como lo intentan los manuales académicos, más bien reconociendo que se es parte de esa sociedad que se cita, reclama y propone, donde la confrontación de ideas lleve la batuta, dónde pisar esos callitos intelectuales se vuelva divertido y no una reprimenda por parte del gremio o la comunidad (y que para éstas alturas poco importan), de descreer que lo dicho formal y utilitariamente es lo que más cuenta y que hacer las cosas de manera distinta es un error del cual hay que arrepentirse o disculparse.

Y de los autores que en Psicologías Inútiles escriben ninguno tiene la mínima intención de disculparse, tal vez de arrepentirse pasados los años, y no por lo que escribieron, si no porque no lo pudieron decir mejor, con más ahínco, ánimo o con otras ideas, porque se les pasó una coma o una anécdota más graciosa, pero les confortará saber que así tal cual como quedo, los lectores fortuitos, esos únicos “interlocutores” para los cuales vale la pena bosquejar algún libro, se enojaron, se indignaron, hicieron muina, patalearon y a la vez se divirtieron con lo que hace años unos “inútiles” escribieron. Por ellos vale lo que desde ésta “trinchera” se ha hecho. Salud por ellos.

3 de Diciembre de 2009

***

A la distancia, pasado algo más de un mes, mis impresiones de la citada presentación se complementan con los comentarios que de la misma se desprendieron, los de Pablo Fernández ese mismo día, quien –gentil como siempre- tomando notas al vuelo compartía el hecho de tal vez en esas páginas lo que se desplegaba era un proyecto conjunto de una psicología propia y original gestada en estas latitudes, cansada de lo mismo y de los mismos, de lo que se hace y del cómo un libro hecho con tiempo, con mucho tiempo y paciencia, es un libro que vale la pena… sino comprarlo, sí leerlo aunque sea para entretenerse un rato, y con ese comentario me quedo; Martín Mora (Plektopoi para los amigos), con su labia característica puso al librito “pinto y barrido”, pero no tanto al libro, si no a los autores quienes cuando lo pensaban y platicaban se quejaban de esa “perra malagradecida” que es la psicología social (sí desean leer completo lo que dijo, búsquenlo en facebook), de sus desplantes e hijos mal paridos, de los engendros que en su nombre salen y de las quejas y quejas que algunos hacían y hacemos sobre la psicología social, honesto y beligerante como siempre, nos hizo la sugerencia de que ojalá y ninguno mencione su contribución “inútil” en sus CV, estoy seguro de que nadie le hará caso, y por eso sus comentarios se agradecen. Finalmente el editor, Juan Soto, “psicólogo social aficionado”, nunca contó los chismes sobre la construcción del libro, jamás contó quienes hablaron mal de quien, ni las presiones de algunos por ver publicado su texto, ni los que decían “ya… ya…”, ni de los que pidieron constancias pa’ sus pilones y ridículums vitae, e hizo bien, pero como ya pasó, pues para que vean que en todos lados se cuecen habas. Mi reconocimiento a Juan, por su paciencia, por la confianza al invitarnos, por la otra confianza para comentar el libro aquel día y porque sé que no le molestará que ahora lo comparta con ustedes (y si sí, pos ¡ya ni modo!).

6 de enero de 2010

5 comentarios:

Christian O. Grimaldo dijo...

Me encantó la entrada, yo me uno al club de los que han sido violentados con el discurso aprendido y metódico.

Pasate por nuestro blog:

http://conexion-ethos.blogspot.com/

H dijo...

Ya tengo ganas de leerlo... sería bueno una velada de "inutilidades varias"...

saludos.

P.D - Luminoso comentario de plekto: lo inútil no hace "curriculum", aunque quizás si haga "vitae" ¿o que?

Anónimo dijo...

Estupendo libro de buenísimos amigos. Mejores amigos que psicólogos inútiles. Mejor dicho: mejores amigos psicólogos que saben de la inutiidad de la psicología y se atreven a bajarle los calzones (y a bajárselos ellos mismos, que para eso sirve el libro). En fin: menos rollo y más saludos. Y sí: los textos "inútiles" de un libro utilísimo no hacen curriculum, pero sí son vitae.
Martín Mora aka Plektopoi

Christian Hernández dijo...

Este libro se presentará el próximo Jueves 25 de febrero en la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEM a las 11:00hrs. :)


Saludos.

Josep Seguí dijo...

Estoy deseando que el libro llegue a mis ojos!!!

Gracias!!!

Josep