19 de mayo de 2009

Terapia planchera

por Diyei Broquen - Plancha Proyect Kolective, Bogotá.

Todo comienza en la mesa de un bar al calor de las cervezas heladas, la primera pregunta es: ¿el mejor concierto de tu vida? Portishead, Barcelona, Primavera Sound 2008; Pulse, Londres, 1994; Arcade Fire, en Toronto; Rocío Durcal, telonera de Marco Antonio Solis el Buki, Bogotá (risas, asombro, estupor), meses antes de su muerte. Siguiente pregunta: ¿el concierto que te falta? (responden en su orden): Bowie, Radiohead, Yes, Juan Gabriel (más risas, ya no hay asombro pero sí indignación).



Siempre me ha encantado la cara de éstos que se escandalizan cuando afirmo sin temor que los grandes compositores y temas de la música plancha merecen estar allá en lo más alto de los púlpitos de la mejor música del mundo mundial. A pesar que muchos piensan que la palabra plancha (al hacer referencia a la música romántica) es despectiva, es necesario aclarar primero de dónde surge y cómo se origina esta designación:

El término "música plancha" o "música para planchar" fue acuñado a finales de los noventa por una serie de DJ’s (léase ponedores de discos) de algunas emisoras juveniles de Bogotá que decidieron traer de nuevo a la vida (dada una alta dosis de nostalgia) los clásicos de la música, que según ellos (vaya uno a saber si es cierto), escuchaban sus nanas, amas de llaves, mucamas y empleadas del servicio mientras desarrollaban sus labores domésticas, especialmente la de planchar. En este sublime instante la empleada aprovechaba que el niño dormía o retozaba juicioso en su camita para entregarse a esta monótona y caliente actividad que le tomaba toda la tarde, mientras ella cantaba y/o tarareaba hermosas melodías. Estas arrullaban al infante quien subliminalmente era bendecido por las melodiosas voces de ídolos como José José o Ana Gabriel.





Eso era en el mundo de la gente que tenía empleada del servicio y esa es la música que estos personajes intentaron supuestamente recuperar. Entretanto, en otro lugar de la ciudad, la madre se levanta a las cuatro de la mañana, pone a hacer el tinto (café en el argot colombiano), prende el radio y ya a esa hora del día saluda a toda la familia con el rico olor del café fresquito mientras canta Juan Gabriel en emisoras como Acuario Stereo.

Siendo entonces rigurosos definiremos a la música plancha como el conjunto de sonidos que agrupa artistas surgidos entre las décadas del 60 y 80 cuyas temática central es el amor, entendido éste como término amplio y de extrema complejidad, que recoge una gran variedad de sentimientos y elevados objetivos: amor por un territorio (América de Nino Bravo), amor a los animales (El niño y el canario de Leonardo Favio), amor por un pariente (Amor eterno de Juan Gabriel), amor por los amigos (Un millón de amigos de Roberto Carlos) y obviamente el amor por la pareja, con toda la gama de sentimientos que de éste se derivan: odio (Fue un placer conocerte, Rocío Durcal), Celos (A esa, Pimpinela), dolor (Vestida de novia, Palito Ortega), tristeza (Se me fue, Myriam Hernández), alegría (Hagamos un trato, Amanda Miguel), lealtad (Jamás, Camilo Sesto), esperanza (Eres tú, Mocedades), pasión (Una noche de copas, María Conchita Alonso), etc.

Me divierte provocar a aquellos snobs y traer a su memoria canciones que una a una empiezan a animar la conversación, que terminan siendo cantadas por todos (porque todos se las saben) y que empiezan a arrancar declaraciones íntimas del tipo “yo no es que me considere romántico pero cuando escucho esa canción se me pone la piel de gallina”, luego empiezan a aparecer las referencias a las madres y padres que son los responsables, los culpables, la explicación racional al porqué estos melómanos de la vanguardia conocen inconscientemente canciones que jamás se atreverían a poner en una fiesta o a mencionar en sus detestables listados, estratificaciones y tops a los que están tan acostumbrados: “Uy, es que esa canción le encantaba a mi mamá, ella me contaba cuando niño que mi papá se la dedicó cuando ella tenía 16 años y él 17 … ella la tenía en acetato y cada vez que peleaban se sentaba en la sala y ponía su disco, yo sabía que estaba triste, iba y me le sentaba al lado, terminábamos abrazados y yo terminaba llorando sin saber porqué”.



Cuando aparece un nombre, una rola, inmediatamente hay una historia de vida, un episodio real, incluso en más de una ocasión en ésta, mi “terapia planchera”, he visto gente, que aparece siempre impenetrable, llorar a moco tendido cuando le toca el turno a la canción que le quiebra el alma, uno de los casos que más recuerdo es cuando esta frase “yo tenía mi vida llena, había dicha en cualquier rincón siempre estaba mi alma abierta por si ella quería amor, yo tenía mis manos llenas y vacías me las dejó …” derrumbó por completo a un hombre que no habían podido agarrar entre cinco un día en una pelea callejera.

Esta terapia también es polémica y agitada, decir "Juan Gabriel" por ejemplo exalta los ánimos, “maricón”, “es que es una loca”, “un día se cayó y casi se parte el culo”, pero cuando avanzamos y decir "Juan Gabriel" va acompañado de “no te guardo rencor eres libre de mi pero te pido un favor que no hables bien ni mal de mi olvidarnos tú y yo será mucho mejor fácil es para ti ya que tienes otro amor…”, cuando llegamos a “muchas gracias, te agradezco los momentos de felicidad te deseo buena suerte porque no me verás ya jamás…”, ya alguien de seguro (pero seguro, seguro) ha llorado y se está limpiando las lágrimas o es consolado por alguno que le conoce los más profundos secretos y al final de la canción “jamás, jamás, jamás” va acompañado de un suspiro laaaaaargo y de un “ah, es que ese man es un maestro”.

Así avanza la noche entre recuerdos que han estado guardados bajo llave en lo más profundo de sus corazones, todos se van nostálgicos y sé que de seguro al día siguiente sus escalas de valores musicales no apuntarán a atreverse a decir que el hijo de Paracuaro (Michoacán) es uno de los compositores más grandes de la música en habla hispana, pero no me importa porque yo me voy feliz, esperando que otros caigan de nuevo ante el poder de la “terapia planchera”.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

para roLAS de pLANcha buenas, la de AMOr eterno de JUAN gabrieL, pero todavia mejor la version que se avienta en el BELLAS artes de MEXICO!!! kE barBAridad de rola SSSSss a demas ke dura casi los 20 min o los pasa!
pero bueno soLo para saLudar al buen chaC"
por ke seguro ya se oLvido de sus EX aLumnos, de GDL


unabrazOTE!


gMO

Leonardo dijo...

Sólo con ánimo de compartir ciertos "terapeutas plancheros" poco mencionados: Vicente Fernández, Joan Sebastian. Luego, después de ponerlos sueno a viejito "esa era música ranchera", o de banda (según el caso, y lo completo con un "no que ahora..."

Aunque a mi descargo diré que no todas sus rolas merecen el momento terapuetico, pero más de alguna me trae buenos recuerdos.

Salud a la Diyei