26 de octubre de 2015

La naturaleza del cuerpo, las políticas de la naturaleza

por @chacsol
publicado originalmente en revista Magis, diciembre 2014. Sección SENSUS

La versión más socorrida para entender qué es el cuerpo humano, esa que aprendemos en las aulas escolares, es la versión naturalista, esto es, aquella que describe al cuerpo como un conjunto de células, tejidos, aparatos y sistemas fisiológicos que se autorregulan, engendrado por otros cuerpos similares, que se desarrollan, envejecen y mueren.  La versión naturalista del cuerpo ha sido útil, en cierto sentido, para comprender los cambios del cuerpo con la edad y sus desavenencias (enfermedades, trastornos, malformaciones, etc.) y cómo remediarlas. Sin embargo, la explicación naturalista del cuerpo ha ocultado históricamente que “la naturaleza” también es un discurso, configurado política e ideológicamente, en el que se inscriben las normas acerca de cómo deben ser los cuerpos de acuerdo a las relaciones de poder. Hablar de un “cuerpo natural” no es una forma de describir un cuerpo ajeno a las intervenciones humanas. Porque un cuerpo así sencillamente no existe. Nuestras concepciones, percepciones y experiencias del cuerpo están atravesadas por discursos que prescriben al cuerpo, diría Judith Butler. Esos discursos son colectivos, históricos y culturales y se traducen en prácticas semiótico-materiales, desde y sobre el propio cuerpo: lingüísticas, médicas, sexuales, laborales, deportivas, mercantiles, intelectuales, de representaciones audiovisuales, alimenticias, quirúrgicas, estéticas, artísticas, bélicas, taxonómicas, punitivas, etcétera. Aquí cinco ideas para comprender el devenir de los cuerpos:

1)   La concepción naturalista del cuerpo está ligada a la comprensión occidental de éste como casa de la mente, lo cual implica una escisión entre el cuerpo y una “esencia” que lo controla y lo motiva: una máquina que recibe órdenes de una inteligencia que lo habita. Tengo un cuerpo, no soy un cuerpo, podríamos decir. En el imaginario reciente de la cultura pop recordamos a Krang, el villano de las Tortugas Ninja: un cerebro con tentáculos que operaba desde el vientre de un corpulento androide.



2)   El primer criterio de clasificación “natural” de los cuerpos es el sexo, la obvia diferencia que determina nuestros destinos. La bióloga feminista AnneFausto-Sterling pone de relieve que dicha obviedad sólo es posible en el contexto de un sistema social de género binario que precede a los cuerpos y no al revés. Los cuerpos intersexuados (con características sexuales que no se ajustan a hombre o mujer) suelen ser “corregidos” en el quirófano por no ajustarse a la mentalidad binaria. La carrera de la atleta española María Patiño fue destrozada a partir del examen que determinaba que, a pesar de parecer una mujer, sus cromosomas eran de hombre. Antes que considerar una nueva posibilidad corporal, se diagnostica una anomalía.




3)   A partir de la naturalización de la diferencia sexual, se establecen los criterios de valoración cultural de los cuerpos en torno al rechazo, por ejemplo, de la gordura. Se estandarizan las medidas “saludables” para el cuerpo que en realidad son estéticas, como el Índice de Masa Corporal. Por esa razón, varias activistas feministas reivindican los cuerpos gordos no apelando a los “cuerpos naturales” que no son más que una construcción discursiva que nos somete a determinados pesos y medidas, sino a la existencia de las carnes abundantes para el placer.

Gordofobia - Cortometraje documental from Sara Monba on Vimeo.

4)   Todos los cuerpos en la era global además de sexuados son racializados. No hay cuerpo que escape a los significados culturales atribuidos a determinados fenotipos. En España se asume con frecuencia que las mujeres latinoamericanas migradas son ideales para las labores de cuidado de niños, enfermos y ancianos, como si la cultura de procedencia funcionara como una especie de segunda naturaleza. Como consecuencia muchas adolescentes migradas son orientadas en las escuelas de educación básica hacia esas labores.


5)   Siguiendo el análisis biopolítico de M. Foucault, la filósofo feminista Beatriz Preciado afirma que en las últimas décadas laindustria farmacológica, legal e ilegal, se hace cargo del ejercicio de sujeción más poderoso de los cuerpos respecto a la economía global. A cada estado de ánimo, a cada deseo, corresponde un diagnóstico y su remedio bioquímico. Analgésicos, psicotrópicos, calmantes, vacunas, adelgazantes, transgénicos, retro-virales, anticonceptivos, estimulantes y hormonas sintéticas inoculan nuestras células vinculándonos a la producción incesante de capital mediante el discurso científico, legitimado para hacer mutar deliberadamente a los “cuerpos naturales”.

20 de octubre de 2015

Rituales de pureza: casarse con papá


por Mariela Ríos

Hace trece años, en la parte central de Estados Unidos, surgió una tradición que causó conmoción mediática. Niñas de entre cuatro y veintidós años, la mayoría de doce, vestidas todas en blanco, caminaban hacia el altar a lado de su padres vestidos de esmoquin para hacer una promesa ante Dios, sus familias y su comunidad. Después de varias palabras dirigidas por la autoridad de la ceremonia, los padres le colocaban un anillo en el dedo anular de la mano izquierda de las jóvenes y después, se celebraba con comida en abundancia, música y baile hasta el anochecer. La situación anterior nos hace pensar en un fenómeno social común, una boda,  con la particularidad de la edad de las niñas, y en lugar del novio, el papá. Estas ceremonias se han denominado “Purity Balls” remitiendo al concepto de “pureza” específicamente en las niñas.  Esta práctica ahora se originó en los estados con mayor influencia religiosa de Estados Unidos y ahora se practica en 48 estados de todo el país.
El propósito de los “Purity Balls” o “Bailes de Pureza” es que las jóvenes se comprometan a permanecer “puras” (concepto que abarca desde besarse hasta tener relaciones sexuales coitales) hasta el matrimonio. El anillo que le coloca el padre en el dedo que también se relaciona con el anillo de bodas simboliza esta promesa ante Dios, en donde el padre es simbolizado por la comunidad como el “guardián” de la virginidad de su(s) hija(s). La hija jura ante su iglesia cristiana evangélica y su comunidad permanecer pura hasta el matrimonio y el padre se compromete a fortalecer la relación padre-hija y a ser un hombre, esposo y padre íntegro y puro también; se firma también un contrato. Randy Wilson, fundador de esta ceremonia, señala que la finalidad es celebrar la fortaleza de la unión que puede tener la relación padre-hija, así como para sostener valores de Dios y apreciar la belleza del matrimonio. Para la familia Wilson, la idea del sexo premarital es socialmente corrosiva y dañina sobre todo para las niñas que, según ellos, “sufren” más que los hombres por el caos cultural implicado. Se espera que una vez firmado el contrato, los padres puedan salvar a sus hijas de las manos enredosas y perturbadas de la cultura; sus hijas necesitan que sus padres las rescaten, dice también Wilson. 
Cuando se dio a conocer esta ceremonia por medio de unas fotos polémicas (mostradas abajo), las discusiones no se hicieron esperar que incluían pero no se limitaban a los temas de género, educación sexual y la abstinencia como método anticonceptivo. 
 
Las fotos expuestas en Time Magazine causaron revuelo por muchas razones, desde el simbolismo de la práctica como portador a una cultura misógina, por la sensualidad abordando el incesto de las fotos, por la ideología basada en la religiosidad, por ser una práctica anticuada basada en la abstinencia como forma de “educación sexual” que en realidad deriva en las cifras elevadas de embarazo adolescente o fuera del matrimonio por falta de opciones más viables y una conocimiento sexual adecuado. Mensajes críticos en internet atacaron a Times Magazine, Glamour (otra revista que expuso el tema) y los propios practicantes. Anderson Cooper, host famoso en CNN de Estados Unidos, entrevistó a Randy Wilson para abordar el tema. La feminista estadounidense Eve Ensler explícitamente se manifestó sobre el asunto diciendo que en esta práctica, al firmar un contrato por tu virginidad y reemplazando dicho contrato solamente por el marital, hace a la joven la persona menos importante de toda la ecuación.

Es pertinente reflexionar acerca del alcance que tiene un acto que, aunque parece afectar solamente a un segmento de la población limitada, sus pautas de interacción proponen ciertas maneras de relacionarnos; formas atravesadas por relaciones de poder invisibilizadas que parten de una premisa sustentada en el valor de la mujer relacionada con su virginidad, normalizando aun más las prácticas patriarcales de dominación.

Mead (1932) plantea al acto social previo a la conciencia. En el momento en que dos cuerpos se encuentran, se intercambian gestos y se echan a andar procesos de adaptación a la situación por parte de quienes interactúan. De estas situaciones emergen los significados compartidos. Estos significados contribuyen a cargar los cuerpos de emociones y conciencia por efecto de experiencias previas (Collins, 2005).  Los significados compartidos se encarnan en símbolos, “objetos sagrados” en las palabras de Durkheim, que pasan a ser “centro focal común” y las interacciones se vuelven enfocadas (Collins, 2005). Los rituales honran lo que se valora socialmente y en este caso, ese valor u “objeto sagrado” es muy abstracto. En el caso que aquí analizamos el “centro focal común” es conceptual y representativo: “la pureza”. Este concepto central para el ritual es representado en un objeto que sirve de símbolo: el anillo. Los símbolos tienen las características de ser universales, arbitrarias y convencionales; en otras palabras, los símbolos son gestos que conservan su significado en distintos contextos; significan la situación misma. Un anillo en el dedo anular de la mano izquierda como en este ejemplo, está fuertemente asociado con compromisos y ciertos estatus frente al matrimonio (virginidad, compromiso, exclusividad). En el caso de los “Purity Balls”, el ritual utiliza los mismos símbolos de la boda sin ser particularmente una: caminar con la hija hasta el altar, tomar su mano para poner el anillo, entre otros.

Estas pautas de interacción y reacciones hacia ciertos gestos no surgen de manera aislada. El concepto está atravesada y moldeada por “el otro generalizado”. Este otro generalizado puede ser la comunidad o grupo social organizados que proporciona al individuo su unidad de persona. “La actitud del otro generalizado es la actitud de toda la comunidad” (Mead, 1932, p. 184). La actitud de este otro generalizado contiene un discurso religioso fuerte. El discurso religioso es uno en donde se la da prioridad y valor óptimo a la pureza y a la virginidad de la mujer. No se limita a poner estándares para las niñas sino que nombran explícitamente a los hombres padres de las jóvenes los guardianes y cuidadores de éstas, ayudándoles a navegar por una cultura que según Wilson es obscura y promueve sexo premarital y comportamientos inapropiados para mujeres jóvenes solteras. Existe una comunidad amplia que apoya esta acción y sus implicaciones y en esa concordancia hay una solidaridad social (concepto de Durkheim en Collins, 2005). La participación del ritual cargado con objetos simbólicos provoca una especie de “electricidad” que Collins (2005) denomina “energía emocional”. Estos sentimientos compartidos y “energía emocional” presente resultan en la “moralidad”. “Un individuo se siente moral cuando actúa con la energía obtenida de la apasionada experiencia del grupo” (Collins, 2005, p. 61).  El resultado final del ritual es el sentimiento colectivo de hacer lo correcto y que dicho ritual y todo lo que conlleva es, efectivamente, lo adecuado y es posible que esta energía final valide una y otra vez el acto. Al chocar con ideologías o grupos de personas que están en desacuerdo con rituales así, la energía emocional escala por ambas partes y puesto en confrontación ambos lados defenderán su postura rigurosamente por el sentimiento de moralidad elevada que se produce como resultado.
Este ritual particular no tiene implicaciones solamente en las relaciones de la comunidad. Mead (1932) plantea que la persona no nace sino se desarrolla por ser un proceso social. Esta persona se convierte en objeto de sí mismo indirectamente, dando cuenta de un comportamiento propio cómo lo ven los demás. Esta persona y su “self” ocurre en dos procesos o fases: el “yo” y el “mí”. El “yo” es la respuesta inmediata de un individuo a otro. El “mí” por otro lado, se puede describir como el conjunto de actitudes organizadas de los demás que se hace propio o se asume (Mead, 1932). La “persona” desde esta perspectiva entonces, es la organización del yo, el mí y el otro generalizado. Sería pertinente también describir cómo el ritual influye en la “persona”. Si bien la persona no existe individualmente sino se asume un proceso social, un diálogo continuo entre el yo, el mí y el otro generalizado, las prácticas en las que está inmersa la afectan directamente. El contenido de las prácticas pasa por el yo y probablemente se asuma en el mí para adoptar conductas que los demás les atribuyen (convertirse en objeto de sí). Estas niñas, jóvenes, en breve, internalizan los roles de género y valores que se les asocia en este ritual para su formación como proceso social y son envueltas en una comunidad o actitud del “otro generalizado” que aplaude las acciones que se están llevando a cabo resultando en sentimientos de moralidad.
¿Por qué causaron tanto conflicto las fotos? Goffman citado en Collins (2005) habla de una incomodidad moral que ocurre cuando el decoro del ritual se rompe. En este caso, a gran escala, al ver niñas pequeñas relacionadas por sangre con los hombres en un ritual tan parecido a una boda, provoca conmoción. En vez de una joven mayor apta socialmente para casarse con un hombre fuera de sus lazos sanguíneos, el ritual que socialmente es visto cuasi “incestuoso” rompe con una parte vital para la aprobación del ritual. Esta desaprobación amplia se podría nombrar como una incomodidad moral a una macro escala. Tanto como existe una “energía emocional” que alimenta la celebración y los participantes, esta desaprobación colectiva también resultan en solidaridad social y una energía emocional igual de fuerte y finalmente, sentimientos de moralidad opuestos a los del grupo que apoya la ceremonia.
Un grupo de personas particulares participan en estas denominadas “Purity Balls” sin embargo, es muy posible que el alcance del impacto trasciende a los individuos que participan. Independientemente del argumento que se utiliza como objeción, desde esta postura teórica, el efecto se manifiesta en las relaciones. El ritual propone a las mujeres jóvenes una manera de relacionarse con su cuerpo y lo que deberían valorar y este mensaje no se limita a este grupo de niñas sino que a través de cadenas de rituales de interacciones (Collins, 2005) afecta los significados de una psique colectiva.



Referencias:
Collins, R. (2005). Cadenas de rituales de interacción. Barcelona: Anthropos.

Frank, P. (5 de mayo de 2014). “Welcome to the bizarre and beautiful world of purity balls”. The Huffington Post. Recuperado de http://www.huffingtonpost.com/2014/05/05/purity-ball-photos_n_5255904.html                                     

Mead, G. (1932). Espíritu, persona ysociedad. Barcelona: Paidós, 2002.

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Mariela Ríos es estudiante de psicología en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Guadalajara, Jalisco.

13 de octubre de 2015

Manual de literatura para punks

(o Cómo publicar tres novelas sin haber estudiado)

por Kiko Amat


Esto que van a leer es como una clase de plástica. Este es el apartado de Métodos de Estudio y Técnicas de Trabajo. Las prácticas de coche, pero sin pagar y sin coche. Voy a darles a todos ustedes unos cuantos consejos sobre el arte de fabricar narrativa y –encima– publicarla luego.  Y voy a hacerlo, no con la condescendencia del “experto”, no con la altivez del maestro, sino con la cara de pasmo del tonto del pueblo que ha descubierto un atajo al río que nadie utilizaba. Sí, esa cara que están ahora haciendo ustedes. El viejo camino del trial & error y el batacazo rompenapias me ha enseñado un par de cosas en este oficio que querría mostrarles, y no crean que lo hago para evitarles sus morrones. Nadie puede hacer eso por ustedes; afortunadamente, el costalazo es parte esencial de su aprendizaje, el ZAP tras el cual ya no van a meter los dedos en el enchufe nunca más. Se aprende así; a hostias. No, el único propósito de este manual es que, tras darse de morros contra el fango (literariamente hablando), se levanten como machos y lo vuelvan a intentar, desoyendo los gritos de los que les dijeron que no era por allí, que iban por la ruta equivocada, que no lo intentaran, que les habían avisado, que había que tener en cuenta esto y aquello antes de empezar. Que patatín y patatán.



El manual que están a punto de leer podría resumirse en dos puntos vitales: valor y disciplina. Y, créanme, es así, aunque parezca una frase sacada del escudo de armas de Eton. Pero hay mucho más de lo que quiero hablarles. Los que siguen son mis 17 consejos para publicar novelas en editoriales reconocidas, sin tener ni pajolera idea (al principio) de lo que uno está haciendo, sin bajarse los pantalones éticos, sin tener que ir a clases de literatura comparada a morirse de aburrimiento rodeado de arties sin espina dorsal. Un manual que sirve para sacar libros en Anagrama –en el caso del que escribe esto– sin haber estado escribiendo cuentos desde 5º de EGB ni haber memorizado la estructura de todos los relatos de Borges, ni haberse apuntado a uno de esos deprimentes Talleres de Escritores (y que les obliguen a ponerse en pie para que los demás perdedores les digan qué fallos les ven ellos a la narrativa de ustedes). Esto es mi Manual de DIY particular para la construcción de ficciones encuadernables...

Descargar texto completo

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Kiko Amat (Sant Boi, 1971) es novelista de cercanías, periodista cultural sin carrera, anglófilo militante y apasionado fan del pop. Es autor de las novelas El día que me vaya no se lo diré a nadie (2003), Cosas que hacen BUM(2007), Rompepistas (2009) y Eres el mejor, Cienfuegos(2012), las cuatro para la editorial Anagrama, en su colección Contraseñas; así como la recopilación de ensayos-crónica sobre música pop y humanos Mil Violines (Random House Mondadori, 2011) -en la cual aparece publicada otra versión de este texto- y L’home intranquil (Columna, 2010), un libro en catalán que recopilaba peleas con su mujer y otras neurosis privadas-públicas antisociales.

Melómano, disc-jockey con cuatro mil discos de vinilo en sus anaqueles. Acá una de sus dj sessions.





8 de octubre de 2015

Lugo usa drogas

LUGO es un muñeco de peluche que consume drogas, que además informa acerca de cómo usar drogas de forma responsable, qué dosis es conveniente usar para no dañar la propia salud y también alerta sobre la forma en que las drogas suelen ser alteradas. También nos habla sobre las políticas internacionales de drogas, con una clara postura a favor de no estigmatizar a los consumidores y en contra de quienes sostienen prohibiciones que no hacen más que alimentar un mercado violento y muy redituable económicamente para unos cuantos.

"Debemos liberar a las drogas de las cargas morales y prejuicios tontos sobre el consumo", dice Lugo.

El canal de video de Lugo y las drogas: https://www.youtube.com/user/lugopeludo

Facebook:  https://www.facebook.com/lugopeludo
Twitter: @lugoylasdrogas
Instagram: /lugoylasdrogas


Aquí algunos de los videos de Lugo y las drogas:

 
 

6 de octubre de 2015

El plástico

por Claudia Águila



Actualmente ya todo es de plástico. Las bolsas, la música, las botellas y hasta las personas. Toda cosa hecha de plástico tiene la característica de ser totalmente prescindible y desechable en el momento en que deje de servir a su propósito, que puede ser desde guardar una camisa hasta hacerle ganar millones de pesos a Tommy Motola o a los managers de Lady Gaga.

De todos los objetos de plástico que existen en la sociedad de hoy en día, parece que los más accesibles son las bolsas. Cualquiera puede ir y pararse a la tiendita de la esquina, al tianguis, al Oxxo, al Seven Eleven, Bodega Aurrera o (los más afortunados) a Walmart y a Sam´s Club  con el objeto de conseguir una; ya lo de comprar productos para rellenarlas es puro pretexto porque la verdad es que a la gente le encanta cargar con bolsas en las manos y caminar así por las calles, o ponerlas dentro del coche para que cuando llegue a su casa los demás se den cuenta de que fue de compras y que ya la hizo porque el día de hoy compró algo.
En países como Australia y Estados Unidos (este último, país que parece casi de plástico, con la desventaja de que nadie hasta hoy ha podido desecharlo y que tiene el mérito de haber iniciado el negocio de las bolsas en los 60´s) un ciudadano promedio consume 365 bolsas al año; lo cual quiere decir que en la agenda cotidiana de la gente está incluido comprar una bolsa y que esto consiste en un asunto de enorme importancia. Pensar que la gente compra bolsas de plástico porque encuentra un placer indescriptible en ensuciar las calles, matar especies animales en los ríos y los mares que tienen contacto con ellas o poblar el mundo de sustancias tóxicas que pueden tardar hasta 500 años en degradarse, puede ser muy válido y hasta cierto; pero el que la gente lo incluya de manera tan natural en su vida cotidiana puede obedecer a otra razón, a saber, más metida dentro del propósito último que tienen las bolsas que es agarrar cosas, sostener cosas, dar soporte a cosas que se van cargando.

Puede decirse sin duda alguna, siguiendo a Fernández Christlieb, que nunca había habido un siglo que fuera tan optimista, tan moderno, tan lleno de show, de espectáculo y conocimientos como el XXI. Basta con encender el televisión cualquier tarde para darse cuenta del montón de programas y variedades que hay, escuchar la radio para enterarse del de todos los géneros musicales nuevos que surgen, leer el periódico para tener noticia de los miles de acontecimientos que ocurren en el mundo o abrir el muro del facebook para tener conocimiento de todos los pormenores que ocurren en la vida de la gente. Si el mundo está plagado de estímulos, cosas, opciones y alternativas, no se vale entonces que la gente diga que no hay libertad, porque de que  tiene de donde elegir, lo tiene. Lo que sobra en el mundo son las alternativas.
Lo que falta es saber entre cuales de ellas elegir y la vida de la gente transita más o menos en ir recorriendo un montón de opciones que no son en si incorrectas ni inválidas pero que definitivamente no la llevan a sentir el optimismo y la felicidad tan prometida por los anuncios de la Coca-Cola o los políticos que en México salen en Televisa y TV Azteca. Así, después de agotar y desechar todas las opciones posibles, aparece una sensación de hastío, de desgano y algo que parece extraño: las ganas de que todas esas opciones desaparezcan y nomás elegir una, que le de tranquilidad y soporte, dentro de la cual uno pueda meterse y ya no tener que salir.

Las bolsas de plástico, con sus agarraderas para dar soporte, pueden obedecer ciertamente a la intención de agarrarse o meterse dentro de algo. No es que la gente agarre a las bolsas, es la gente quien necesita agarrarse de ellas. Quizá por eso se han vuelto el negociazo de este siglo, porque si bien las personas no tienen en que soportar su vida, al menos tienen un montón de productos desechables de los cuales fingir que pueden sostenerse. Y los productores de bolsas de plástico alrededor del mundo se dan perfecta cuenta de ello. Pero la tragedia ocurre una vez que el objeto ha perdido su uso, que es el de sostener un producto igualmente consumible y desechable que la bolsa que lo sostiene, y la gente ya no tiene nada más de que agarrarse. Y entonces tiene de dos: comprar más bolsas al día para así no sentir que la vida se de le derrumba o acudir a otros objetos de la misma categoría que le den soporte. Y así es como Shakira, Justin Bieber, la Cabalá, la Programación Neurolingüística, el Yoga y las flores de Bach tienen mucho éxito en el mercado.

La modernidad ofrece con sus productos de plástico una inmensa posibilidad de opciones en las cuales entretener la vida. Y lo logra porque, igual que bolsas, la vida se consume con una enorme rapidez, es decir que se vuelve de plástico. Lo curioso es que a pesar de ello, parecen emerger grupos de personas a las que ya no les basta con los entretenimientos y los shows, las bolsas y el silicón, y dejan de creer en las opciones que la vida actual les ofrece y se enojan profundamente cada vez que ven un anuncio de Pantene que promete que hay un futuro más allá si acondicionan sus rizos.

Esta masa de personas se da sin duda cuenta de que si en la infinidad de alternativas que el mundo actual ofrece no es posible encontrar algo que haga soporte a la vida, probablemente si lo haya en cosas pasadas. Y entonces acuden a algo que se llama “historia”, “costumbres”; “memoria colectiva”; cosas todas aquellas no desechables y que perduran pero que van en contra del optimismo de la época que prometió que la democracia y la libertad se alcanzan comprando chucherías y porquerías en los supermercados.
Y es que en el fondo de toda época y de todo espíritu de época (así lo puede evidenciar uno estudiando la historia del pensamiento humano) se asienta una necesidad de algo profundo que le de sentido. Algo así como querer dejar huella de que existió como tal y que ninguna otra ocupará su lugar. Cosa que las bolsas de plástico si pueden lograr en los 500 años que permanecen en el mundo pero que, paradójicamente, una época que se empeña en destruirse a sí misma no tendrá tiempo de realizar nunca.  Mientras se da cuenta de ello, puede ser que siga inventando más cosas de plástico para comprar y entretenerse.


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Claudia Águila es licenciada en psicología por la Universidad de Guadalajara.