31 de mayo de 2013

Nosotros los Nobles, un capítulo más de la Rosa de Guadalupe

por Rocío González Cabrera






Hace algunos días los twitteros propusieron una cruzada nacional contra Televisa. Es fácil, simplemente no prendas la TV o, ya si de plano no puedes contener las ganas, pues como todo vicio, actúa en tí como si fueras un zombie sin voluntad alguna, préndele y ponle al concert channel. Puedes también, para evitar la tentación, salir a caminar a la calle, llamarle a un cuate por teléfono; en el mejor de los casos agárrate de un libro. Ya si de verdad, pese a todo tu esfuerzo y voluntad, no lo logras, que te quede el consuelo que estás a la moda: el suicidio mental es lo de hoy. 

La gravedad del asunto es que Televisa, así como la Coca-Cola, se ha vuelto un sustantivo común, adverbio, adjetivo, pues ya no se trata de “no prender la TV, perderte La Rosa de Guadalupe” y con ello estar a salvo de toda la basura que se te ofrece en los mejores atuendos y con las más refinadas artimañas. El Credo Televisa, se reproduce y mete, cual mugre, hasta el más recóndito de los espacios cotidianos, sean perceptuales, ideológicos o afectivos; porque ya no está ahí, sino en ti.
 
Caso ejemplar de esta capacidad de perenne propagación, es el del imparable triunfo de la película que está en boca de harto mexicano, para redescubrir, que la Telenovela, al más puro estilo televisa llega a la Pantalla Grande  con  la comedia dirigida por Gaz Alazraki  Nosotros los Nobles. Reconociendo que este hallazgo no implica mayor descubrimiento, es importante resaltar la forma en que sucede semejante fenómeno; se coloca como la tercer película mexicana con más espectadores según el Instituto de Cinematografía, ya que, dentro del ranking de éxitos taquilleros cinematográficos, sólo se encuentras por encima de ésta, Una película de Huevos y El Crimen del Padre Amaro

¿Cómo nombrar lo que viene a mi mente después de haber visto este largometraje? Difícil decisión, pues me parecía padecer del mismo mal que analizo, hacer un drama parecido y llamarle una “Auténtica Desgracia” a este “éxito taquillero”, no obstante intenté pensar en otro adjetivo y no logré sacarme “La Desgracia” de la cabeza; así que lo dejo. Se dice que sucede una desgracia cuando ocurre un acontecimiento funesto. O se utiliza como adverbio (desgraciadamente)  ante un hecho lamentable. De igual manera, sirve para nombrar, en tanto verbo (desgraciar) aquello que se ha echado a perder, se ha dañado o estropeado, sea de modo intencional o inintencional.

La trama inicia pintando fútil y lacónicamente la vida de despilfarro e irresponsabilidad de 3 hijos (Barbie, Javi y Charly) de un empresario millonario mexicano. La idea al inicio, si no original, al menos es un buen intento por recrear una comedia. No obstante, no logra germinar y la trama continua en decadencia, cliché tras cliché, mal logrados por cierto. El Padre, obedeciendo al estereotipo más vulgar, es dibujado siempre ausente y desentendido de los hijos, de hecho por casualidad nota los colosales gastos de sus pimpollos, motivo por el cual decide “darles una lección de vida”, de tal modo que cancela tarjetas de crédito, celulares, finge una infranqueable crisis financiera que les obliga a refugiarse en una casa en condiciones deplorables y por tanto, a trabajar por primera vez en sus vidas. 

Y como en toda historia debe aparecer un villano que tensione y anude la situación; eligen que ésta figura sea Peter, he ahí el momento en que la historia, el guión y todo lo demás comienza cínicamente a trazarse cuál telenovela de televisa. Peter es el novio seudo-españolete wannabe con quien Barbie se ha comprometido, éste descubre el montaje ficticio del Padre y pretende chantajear al acaudalado Noble. 

Señalo ese preciso momento como el inicio del irrisorio y patético drama telenovelesco porque el argumento bajo el cual  Peter pretende amenazar a Don Germán Noble, se sostiene y erige en la más típica Moral de la Telenovela Televisa: arcaica y primitiva, aquella que se ancla en una actitud de culto y reverencia al sufrimiento, autosacrificio, de mártir frente a las injusticias de la vida;  el absurdo total. De ahí en adelante todo diálogo y conducta de los personajes, no sólo se torna predecible sino patoso, ya que sitúan a la audiencia del séptimo arte, en el mismo sillón desde el que el telespectador mira la pantalla chica: rasgándose las ropas, restregándose la cara, comentando, sea para sus adentros o con quien se encuentre, que de verdad no puede creer lo que está pasando: el proceder de sus personajes favoritos es inconcebible.  Pese a ello, y he ahí razón por la cual me parece una “lamentable desgracia”, pues se trata de un verdadero éxito taquillero, siguiendo una lógica deductiva, se continua rindiendo culto, y por tanto, venerando aquellos personajes que se mantienen fieles a dicha Moral del Mártir.
Como lo he señalado desde el inicio, el asunto a tratar aquí no consiste en mostrar que llega al cine una Telenovela; la cuestión es: ¿Cómo es que una telenovela en el cine se acoge por la sociedad mexicana de tal modo que se transforme en un rotundo triunfo? En las páginas virtuales, en la radio, en diversos programas se recomienda ampliamente este film, la gente comenta  “Está buenísima, tienes que verla”, “No, no es el cine crudo de siempre, te pasarás un rato bien agradable”, “Me reí un montón”, “Da gusto ver como el cine mexicano logra figurar en el mercado internacional”, etc.

La idea del film es interesante, ¿existen esos personajes en la vida real? Por supuesto que sí, recordemos hace apenas unos días, el incidente de la prepotencia y petulancia de Brendita la hija del procurador Humberto Benítez Treviño (Profeco). De hecho, estoy segura que podría crearse una excelente historia de humor negro, un relato que permitiera pitorrearse del uso y abuso del poder, así como de las vicisitudes que se enfrentan cuando éste se pierde. El mexicano, dicen, para eso se pinta solo. A cambio, al ubicar como hiper-recomendable este film, se invierten las cosas, y pareciera que los que se permiten pitorrearse de la ingenuidad, por no utilizar el otro calificativo, son aquellos de siempre, los que pueden, los que tienen el Poder y Control sobre la raza, la prole (sea wannabe, clasemediera o prole prole). Fernández Christlieb señala que el Poder no sirve para que uno haga lo que quiere sino para que los demás no lo hagan. Una vez más, los poderes fácticos siguen triunfando y en nuestra propia cara se orinan de la risa que les producimos. Jis y Trino atinadamente nos llaman Zombies de Sahuayo.

Es un hecho ineluctable que el Cine, así como la pantalla chica, en tanto excelentes dispositivos de control, figuran en el proceso pedagógico de masas, es decir, si bien lo hacen sigilosa pero apabullantemente,  participan eficazmente del sistema educativo en México; basta checar los datos ensordecedores de cuánto tiempo del día dedica en promedio un mexicano a enchufarse a la TV, concretamente a Televisa y Tv Azteca con sus telenovelas y reality shows. Claro está, no se trata exclusivamente de un asunto de cantidad, pues no es sólo el tiempo que se le dedica a la caja embrutecedora, sea chica o grande, sino a la esencia de las imágenes, historias y formas de pensamiento, afectividad que se proyectan en dichos escenarios. Éstos contribuyen a la reproducción de la estructura de las relaciones de poder y de las relaciones simbólicas entre las clases, Bordieu le llamó Violencia Simbólica. 

Hacia el final, estilo WaltDisney, de la Telenovela-Televisa Nosotros los Nobles, cuando, en el caso concreto de Javi, Barbie y Charly, nos muestran cómo, cual cuento de hadas, logran escarmentar y transformarse en “Hombres y Mujer de bien”, soltar el Poder y la lana para consagrarse a una vida sencilla pero digna. No sólo insultan la condición precaria cognitiva, económica, laboral y social, sino que les proveen del “dulcecito pal berrinche”, y los Zombies que, al fin ingenuos, le apuestan nuevamente a todo, a lo que de antemano está perdido. Inspiran ternura los que siguen creyendo que el sueño se convertirá en realidad: El Ser Humano, finalmente se arrepentirá de ejercer el Poder; sentirá culpa, vergüenza y se reivindicará por el camino del bien. 

Nos debe quedar claro de una vez y por todas que el Poder y el Capitalismo colapsarán debido a la misma estructura podrida que los sostiene, no porque se tienten el corazón las cabezas que lo comandan y poseen.  Asentar la historia de los Nobles, sobre la falacia trillada y quimérica de que quien ejerce el Poder del dinero, puede ser tocado por una renovada, romántica y humana ética, es la ficción más abyecta que nos propina ésta película.
¿Verdadera Desgracia, nos tragamos sin masticar siquiera, la gastada fantasía de que los que ocupan el poder, los políticos, los empresarios millonarios, la escoria, la verdadera plaga de esta sociedad tiene conciencia Moral? Vengan a ver cómo hasta un Padre que caga lana con sus tres juniors puede volver al camino del bien.  

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Imagen: fotograma de la película El Santos contra La Tetona Mendoza.