10 de junio de 2011

Por un positivismo poético

Fragmento de su libro Sociedades movedizas. Pasos hacia una antropología de las calles. Barcelona: Anagrama, 2007. Págs. 109-127.




Demandar una actitud naturalista en el etnógrafo -de espacios públicos o de cualquier otra realidad- implica, en primera instancia, reclamar la vigencia del axioma de toda perspectiva científica: el mundo existe, está ahí, y los humanos podemos conocer algo de él si lo observamos con detenimiento. Cuando se habla del mundo se hace referencia a lo mismo que Paul Valéry definía como tal: "Llamo mundo al conjunto de incidentes, de órdenes, de interpelaciones y de solicitaciones de todas clases y de todas las intensidades que sorprenden al espíritu, que lo conmueven, que lo desconciertan". En efecto, se está hablando aquí, ciertamente, de una actitud, una predisposición a entender que la etnografía -primer paso de cualquier indagación antropológica- es ante todo una actividad perceptiva basada en un aprovechamiento intensivo, pero metódico, de la capacidad humana de recibir impresiones sensoriales, cuyas variantes están destinadas luego a ser organizadas de manera significativa. El trabajo etnográfico consiste pues en una inmersión física exhaustiva en lo tangible -esa sociedad que forman cuerpos móviles y visibles, entre sí y con los objetos de su entorno-, con el propósito de, en una fase posterior, convertir las texturas en texto -la etnología- y el texto en análisis que permitan hacer manifiesto el sentido de lo sentido: la antropología propiamente dicha.

Esta postulación no ignora la evidencia de que no podemos concebir la realidad observada como independiente del observador, de acuerdo con un idealismo objetivista que hoy casi nadie estaría en condiciones de sostener. No se ignoran ni se soslayan preguntas fundamentales ante la monografía etnográfica, como son: ¿hasta qué punto pudieron, supieron o quisieron sus autores evadirse del peso de la autoría personal?; ¿cómo ignorar, en literatura etnológica, la responsabilidad del lenguaje?; ¿cómo percibir dónde acaba lo descrito y empieza aquel que describe? Es decir no se olvida que la literatura etnográfica es un área donde reverbera la cuestión más general de cómo se asocia la palabra escrita con la vida, y, más allá, todavía, la del tema filosófico mayor de la posibilidad misma de la verdad. Es decir, no se olvida que el etnógrafo pretende aplicar su vocación naturalista sobre un objeto de estudio -el ser humano-, sobre el cual inevitablemente incide, pero que tiene a su vez la virtud de incidir sobre aquel que lo estudia. El antropólogo, en este caso, trabaja sobre una realidad que le trabaja. Otra cosa es que se reconozca como pertinente esa querella que enfrenta en diversos frentes lo “subjetivo” y lo “objetivo” en las ciencias humanas y sociales, en una dicotomía cuyos términos son más que discutibles.

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Se defiende, pues, que nada debería justificar una renuncia a la observación directa de los hechos sociales y al intento honrado de -con todas las limitaciones bien presentes- explicar posteriormente lo observado, en el doble sentido de relatarlo y advertirlo en tanto que organización. Es más, esa necesaria aprensión sobre el papel de la autoría en los trabajos de antropología no tiene nada de incompatible con la vindicación de un reforzamiento en su centro del viejo paradigma de la racionalidad explicativa -por emplear la terminología de Dilthey-, que la rescate del desarme que ha constituido la preeminencia en una última etapa de la antropología interpretativa, de una antropología posmoderna devenida antiantropología y de la competencia desleal ejercida desde los llamados estudios culturales, con su énfasis en lo imaginario y en la supuesta autonomía de los hechos culturales. Esa disolución de la antropología en la retórica hermenéutica y la hegemonía de lo discursivo -representar representaciones- ha implicado en buena medida un desmantelamiento del plan con que la antropología nació de constituirse en una ciencia de la observación y la descripción de lo dado, en busca de los principios que lo rigen y sus alteraciones.

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Resulta interesante ver en qué forma el naturalismo literario ha tenido una continuidad en obras y autores que aparentemente rompieron con la tradición. Joyce, Proust y Musil, escritores tan asociados al surgimiento de las vanguardias del siglo XX, no sólo no negaron la obsesión descriptiva del naturalismo sino que exacerbaron su intención central de agotar todo lo que se sometiera al imperio de los sentidos, siendo la nueva naturaleza por inventariar con el máximo escrúpulo y detalle la vida urbana, los objetos cotidianos de apariencia más irrelevante, los acontecimientos más minúsculos o incluso la propia subjetividad.1 Quien recoge esa herencia es el nouvel roman francés, con autores como Robbe-Grillet, Michel Rio y muy especialmente Georges Perec, cuya escritura -piénsese en Las cosas o La vida, instrucciones de uso- merecería ser reconocida como una fuente de inspiración y un modelo de lo que podría ser esa etnografía de la vida en espacios urbanos de la que aquí se postula la urgencia.

Algo parecido podría decirse en relación con el naturalismo pictórico del XIX, cuya herencia ha sido recogida por un determinado tipo de cine tanto documental como de ficción. No es casual que una de las reflexiones más profundas que se hayan hecho sobre la labor de compilar lo que está ahí, a veces casi como desechado o insignificante, haya sido la película Les glaneurs et la glaneuse, de la directora francesa Agnès Varda (1999), una meditación visual sobre la vigencia del gesto de agacharse para recoger cosas del suelo que Jean-François Millet supo retratar de manera sublime en su cuadro Las espigadoras, expuesto por primera vez en el Salón de París de 1857. Homenaje de Varda a Millet y a las campesinas indigentes del cuadro, que son autorizadas a recoger lo que los jornaleros han desdeñado. Tributo también a todos los seres humanos que en nuestros días continúan mimando a su mismo ademán de encorvar su espalda para tomar lo que otros no han querido: traperos, rebuscadores en la basura, recicladores, recogedores de resto de cosecha... Entre ellos, la propia cineasta -por extensión, el propio etnógrafo- que es la espigadora a la que se refiere el título del film y que no hace sino eso mismo: recolectar instantes semejantes a esos objetos viejos, gastados o humildes que otros rescatan entre la inmundicia o del suelo. Pero en ese homenaje a Millet hay algo más que un elogio de una humanidad hiperconcreta -ese cuerpo que trabaja inclinándose-. Hay también una llamada en favor de recuperar ese giro posromántico que el naturalismo pictórico encarna y que encuentra lo esencial, como señalan Deleuze y Guattari. Traslación que la etnografía urbana debería reeditar y que entiende que lo que importa no son las formas, las materias o los temas, sino las energías, las densidades y las intensidades.


La espigadora y las espigadoras de Agnès Varda





Más del positivismo poético de Manuel Delgado.

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VJ: Lirba Cano

8 de junio de 2011

La historia oculta de la psicología pop


El Departamento de Asuntos Sin Importancia es un organismo revolucionario, clandestino e internacional cuyo principal objetivo es difundir una psicología pop. Sin embargo, también llevamos a cabo otras importantes misiones como atender tortillerías y oxxos de la esquina, criar hijos, entrenar equipos de futbol, dar clases de spinning y hacer tesis doctorales. Y hacer un blog.





¿Qué es la psicología pop? Para saberlo aplicamos esa compleja forma cyborg de conocimiento que es la Epistemología Google. La fuente con mejores argumentos que encontramos al aplicar esta epistemología es la catholic.net. Sí, una red que difunde las ideas de esa prestigiosa institución al cuidado de los niños que es la iglesia católica. En esta güeb se nos explica que la psicología pop es esa psicología que predican los exitosos libros de autoayuda, y que los profesores universitarios de psicología tanto critican. A la iglesia católica y a esos profesores les decimos, con todo cariño, que son unos envidiosos. No se hagan, todo es por los clientes que les quitan. Según esta web la psicología pop se fundamenta en algunos mitos que atentan seriamente contra las buenas costumbres de nuestra sociedad:


Mito 1: Los seres humanos son fundamentalmente buenos.

La catholic.net dice que eso ni Santa Teresita del Niño Jesús se lo cree, pues ella de chiquita era más que chingaquedito, de esas que les pegan a los niños, y que sabía que lo que estaba haciendo estaba mal pero ni así se apaciguaba. Vaya, que hasta la biblia dice que Dios alguna vez fue cruel y vengativo. Pero la psicología pop va por ahí diciendo que todo está en su lugar, donde debe estar, ni por qué angustiarse ni esforzarse. Nosotros estamos de acuerdo con lo primero, no somos tan buenos como parecemos. A lo mejor es cierto que también fuimos de chiquitos perversos polimorfos, dijo su papi Freud, o verdaderos chiqueadotes como diría Saymon Floyd, fundador del contraanálisis inverso. Sin embargo, por motivos metodológicos nos adscribimos a la psicología pop: no nos esforzamos, estamos guardando energías para el día del juicio final en que haya que andar a las carreras.


Mito 2 y mito 3: Necesitamos más autoestima y no puedes amar a otro hasta no amarte a ti mismo. Cómo se les ocurre, si Dios ya nos quiere mucho, dice la red católica. Lo demás es onanismo. Totalmente de acuerdo: entendemos la psicología pop como el producto de unas muy vigorosas chaquetas mentales con las que ocupamos esas horas muertas en las que la chamba saldrá mejor si la dejamos para mañana.


Mito 4: No debemos juzgar a nadie. Cómo se puede ser tan blandegue, se dice otra vez en la catholic.net. Cómo se puede vacilar en señalar con dedo flamígero a quien obra el mal, que existe, que es objetivo. Cómo no decir en días como estos días “¡pinchi Calderón hijo de la chingada!", por ejemplo. Pero nosotros también en este punto asumimos la psicología pop: no podemos juzgar como malo a alguien que simplemente es idiota.





Mito 5: Toda culpa es mala. Tema católico favorito. Ni cómo imaginar un mundo sin culpa. Quedaríamos poseídos por el “relativismo, el auto-hedonismo, la satisfacción desatada” dice nuestra citada fuente. Es decir, nos la pasaríamos bien chido... Sin comentarios.


A la psicología pop que nosotros predicamos le quedan muy bien estos mitos, aunque la verdad nosotros no estábamos pensando tanto en los libros de autoayuda, por favor sea feliz, las mujeres son de venus los hombres son de marte, caldo de pollo para el alma o constelaciones familiares. Ya quisiéramos, se gana bien, y una tía dice que a ella sí le funciona. La psicología pop a la que nosotros aspiramos está más bien influenciada por corrientes teóricas como el chicoanálisis, el contraanálisis inverso, la psicología de las masas (de harina de maíz), las tortas ahogadas, el Barça de Guardiola, e inspirada en algo que dice Pepe Morales, un psicólogo social cuya tesis debería leer todo aquel estudiante que nomás esté rascándose ahi, sobre hacer una psicología social popular que “sigue al populacho en sus tragedias y alegrías”, pero que no es una rama disciplinar, sino que es una psicología con “gustos, aficiones y prácticas folclóricas, corrientes u ordinarias, es decir, gentiles”. O sea que no se hace en el consultorio ni con encuestas, sino en la cantina y con especulaciones de quien ya tiene mucha vida diaria qué gozar y qué aguantar. Y sin necesidad de renunciar a los buenos libros... ni a las películas porno, y menos a la televisión, que es como una segunda madre para todo mexicano que se precie de serlo.


En los tres años que lleva de existencia, nuestro blog ha recibido muchas visitas y algunos elogios. Pero la verdad es que buena parte se debe a nuestro trabajo de actualización y conservación del Archivo Pablo Fernández Christlieb, la “Pabloteca”, compilación de escritos de tan brillante psicólogo social sobre cultura cotidiana. Sin embargo, nos gustaría que el blog se desarrollara también en otras direcciones, con más aportaciones de otros psicólogos y psicólogas con inclinaciones pop. Por ejemplo, hace no mucho inauguramos nuestra línea de investigación sobre psicotropías, a propósito de las drogas que tanto nos gustan y que hoy día son espurio pretexto para asolar nuestro país (para eso también abrimos ya un grupo en Facebook: Drogadictos por la paz)



Dúo Cobra - Panayonqui 76 from La Follable on Vimeo.



A 5 años de su fundación vemos que mucha gente se ha sumado al H. Depto. y luego se restó (más nunca multiplicado ni dividido), creemos que porque seguir las conversaciones de borrachos ha de ser poco divertido, o dado que le dejábamos la cuenta al más buenisano, no hubo bolsillo que nos aguantara. Parafraseando a Chente Fernández, mientras ustedes sigan participando nosotros seguiremos publicando.


¿Cómo participar? Enviándonos eso que ustedes escriben cuando la psicología les sirve para otra cosa que no es pasar exámenes, sacar a alguien de una crisis emocional o resolver algún conflicto comunitario, sino solamente para pasar el rato, porque es en esos momentos cuando a uno se le ocurren las ideas no más ingeniosas, sino más bonitas, que es uno de nuestros tres criterios de publicación: que sea bonito, simpático e interesante. Así de vez en cuando sale algo provocativo.


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Con este texto tuvimos a bien presentar el susodicho blog en la Semana Cultural de Psicología de la Universidad Autónoma de Querétaro, el 18 de agosto de 2010. Gracias a Monx Sarcasmia por promover nuestra auto-invitación. En aquella ocasión llevaron la voz cantante Chío González, Caro Hernández y Marlu Robledo. El Sanx y Chac en la redacción.


VJ: Lirba Cano.