19 de marzo de 2010

Sobre memoria colectiva

notas y reflexiones de una mesa redonda
por Lethy Hernández

El pasado martes 2 de marzo, asistí a una mesa redonda sobre la memoria colectiva que tuvo lugar en el auditorio Dr. Luis Lara Tapia de la Facultad de Psicología- UNAM.

La verdad estuvo un poco tediosa, sin embargo, a partir de los casos que los ponentes leyeron, pude sacar unas cuantas conclusiones , que probablemente ya hayas escuchado o pensado, pero que igual me gustaría compartir con quienquiera leerlas y discutirlas con quien quiera hacerlo y por supuesto complementarlas si tienes algo más que decir al respecto.

No te fastidio más y te dejo con lo interesante...

La memoria colectiva es un constructo cultural y simbólico que se transmite a partir de la narrativa.

La propuesta de los ponentes, fue mostrar cómo la memoria colectiva se va conformando de los hechos relevantes que impactan a un grupo y cómo se ve afectada la cultura de este grupo.

Por otro lado, resulta interesante que estos hechos se guardan en los rituales y costumbres grupales, los cuales, mantienen vivos estos hechos y llenan de sentido al grupo que los practica, es por ese sentido que el grupo se sensibiliza y toma ese hecho como parte de su identidad, pero no su identidad como persona sino como parte del grupo.

Por mencionar un ejemplo, el Grito de Independencia el 16 de septiembre; la gente se reúne en el zócalo, en casa de algún familiar, en algún bar, y sin importar la situación económica, social, educativa, deportiva, en fin, sin importar el contexto en el que nos encontremos como país, gritamos orgullosamente “Viva México” de pronto se olvida el presente y nos sentimos felices por algo que ocurrió hace 200 años, nos sentimos orgullosos de ser mexicanos. Nos sentimos triunfantes como nación. Y que vivan todos esos personajes simbólicos: Miguel Hidalgo, Morelos, Allende y Josefa y todos los demás, ¡qué vivan! De pronto, al día siguiente todo el orgullo, regocijo y gloria desaparecen, y nos vuelve ese enfado de pueblo traicionado, a echarle la culpa a los gachupines, a los políticos corruptos y cínicos que nos despojan de todo y esos malvados medios de comunicación, emboban a “nuestros niños” y que mala onda de los polis que aceptan mordida. Así, de las 23:59 horas del día 16 de septiembre a las 12:00 desaparece nuestro orgullo mexicano y se esconde tras nuestra apática, nefasta y sumisa actitud, ese curita que nos mantiene a salvo de la dura realidad. Y así seguimos viendo a los malos del cuento, a nuestros opresores y bandidos personales. Preferimos seguir así, dormidos, sumisos, manejables que aceptar que en realidad los culpables no son solo ellos… pero… ¡Qué responsabilidad!

Con ese ejemplo regreso a la ultima parte de la conferencia, el peligro que puede implicar la memoria colectiva. El ejemplo anterior fue un recuerdo colectivo glorioso para la sociedad actual (porque así nos lo enseñaron) pero ¿Qué pasa cuando ese recuerdo es uno de los pocos gloriosos de nuestro grupo? Antes y después de este hay una serie de recuerdos de fracaso y apatía. Antes; una conquista, que perdimos ante un ejército español, además de unos varios siglos bajo su control. Después, la independencia resulta no tan gloriosa, y causa dolor y pena grupal, luego, otros cuantos siglos de opresión ejercida por una serie de presidentes lo suficientemente inteligentes para engañar a un pueblo lo suficientemente débil para creerles que los llevarían a la gloria y progreso. Y ahora, ¿no resulta lógico comprender a este dolido y magullado pueblo cuando el 17 de septiembre olvida su orgullo mexicano? Claro es comprensible, ¡pobrecitos! ¿Para que pelear si siempre es lo mismo?

Es ahí donde sería muy conveniente el olvido colectivo, pero resulta que tampoco puede ser tan bueno, porque el olvido nos puede llevar a la ignorancia colectiva, el no recordar nos insensibiliza y hace caer en lo mesmo una y otra vez, como olvidar las causas de la independencia nos ha llevado a olvidar que fueron entre otras cosas la desigualdad e injusticia y la lucha por los derechos humanos lo que nos llevo a pelear, porque cuando no se tiene dignidad, ¿qué más podemos perder? Y que justamente eso entre otras cosas estamos viviendo ahora, pero que más da si tengo mi tele y mi pensión del GDF o mi salario mínimo, ¡no puedo perder eso! Aunque viva pagándoles hasta el papel de baño a los diputados y yo no tenga ni pa´ tortillas, porque ya le subieron a la canasta básica, además, nosotros los pobre seremos los primeritos en el cielo, ¿qué no? Pobre de la Guzmán, tanto dinero y la pobrecita con esa vida, afortunado yo que pobre, pobre pero ¿feliz? La dignidad me importa un bledo mientras no me muera de hambre y tenga con que olvidarme de mi patética realidad.

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Gracias a Lethy por compartir sus reflexiones a través de Diálogos Acá.

Fotos de Lirba Cano, la nieve sobre Barcelona.