24 de agosto de 2008

La peor banda del mundo



La peor banda del mundo es un cómic creado por el portugués José Carlos Fernandes, ingeniero ambiental metido a dibujante cuyas viñetas están influidas por Borges, Calvino y Kundera entre otros, pero sobre todo por el jazz. Las viñetas transcurren en medio de atmósferas de melancolía, rústica ciencia ficción y romántica ironía.

Este cómic ha sido desde hace tiempo referencia para el Departamento de Asuntos Sin Importancia, por lo que compartimos aquí algunas viñetas que hemos extraído de dicha obra:

El lento trote de la memoria

El paso del tiempo

El triunfo de la entropía

La cartografía de la angustia

La angustia del cartógrafo

La cura de la estulticia

La desmedida importancia de las menudencias

La estereofonía ideal

La fábrica de puzzles Zwyk

La fractura del mundo

La ley de la conservación del sueño

La mentira compulsiva

La ruta del fracaso

Las preocupaciones metafísicas

21 de agosto de 2008

Diálogos No. 6: Psicología clínica










Diálogos para repensar la psicología
No. 6: Psicología clínica
Guadalajara: Departamento de Asuntos Sin Importancia
Agosto de 2007. 50 págs.



A-sustos psicoterapéuticos, perdón, asuntos
(Cuando en el ensayo ignoramos el error)

En Diálogos para repensar la psicología nos preocupan muchos, pero muchos asuntos, al leer, preguntarnos, invitar a quienes creemos responderán nuestras dudas, tirarnos al ocio y al gusto, a veces nos damos cuenta que hay preguntas que más que respuestas nos regalan caos.

De ahí que ciertos asuntos se nos conviertan en a-sustos. La Psicología Clínica tiene el dote de inquietar y a veces hasta asustar a la H. mesa editorial, que si nos sobra el ocio o no sabemos qué; pero después nos preocupamos por el presente de la clínica y nos aterramos más por su futuro; ¿qué será de ella?, ¿quiénes la dirigirán?, ¿cómo se realizará?, ¿de verdad sirve para lo que decimos que sirve?, ¿en serio son tan diversos sus enfoques terapéuticos?, ¿se entenderá que hay metáforas en el consultorio que suenan a “profundas” y “superficiales” pero que no las hace necesariamente así?, ¿las terapias alternativas dejaran de serlo y subirán por fin a la mesita de honor? etc.

En fin, al realizar éste número nos percatamos de ciertos a-sustos terapéuticos que nos inquietan, y como nosotros nos jactamos de compartir casi todo lo nuestro eh aquí lo que desveló nuestra ideas y preocupaciones durante las últimas semanas;

La psicoterapia: debilidades, retos y fortalezas.

En diálogos ahora nos dimos a la tarea de dialogar sobre el campo de la psicoterapia. Para eso reunimos a varios expertos que nos han venido a hablar sobre algunas cuestiones que consideramos básicas, tales como la concepción de la relación con el cliente y el cambio, la eficiencia y eficacia en la práctica de su modelo teórico, sus límites y posibles áreas de trabajo donde puede emplearse. Hemos recibido las colaboraciones de expertos en Psicoterapia en cada uno de los modelos teóricos desde los cuales nos hablan de y desde su experiencia.

Disfrutamos dialogar con los psicólogos y los no psicólogos. Para eso, pretendimos hablar en un lenguaje sin tantos tecnicismos, aunque tal vez no lo hemos logrado del todo. Nuestro objetivo era entre otros, que los psicólogos y no psicólogos pudieran conocer más sobre este tema.

Hemos encontrado que la psicoterapia aun cuenta con varias debilidades y retos, entre otros:

1. Falta de investigación.

Fue hace ya mucho tiempo, (como en los años 50’s del siglo pasado) que Eysenck señaló la falta de investigación en la psicoterapia, con resultados alarmantes. Aplicando el método experimental, señaló que los resultados no demostraban que la psicoterapia ayudara a mejorar los problemas de los pacientes. Es indudable que Eynsenck puso el dedo en la llaga, ya que hasta ese momento, casi todo el trabajo en psicoterapia dependía de la mera observación del terapeuta y de sus registros clínicos, de tal modo que si el terapeuta en cuestión observaba (o creía, independientemente de lo que observara) que lo que hacía tenía resultados positivos en el paciente, pues entonces estaba bien. Eso equivaldría casi como creerle en buena fe al terapeuta que sus métodos funcionaban. En la presentación del número 1 de esta revista Carlos Martínez señalaba que pareciera que los psicólogos (y por extensión los psicoterapeutas) realizan su trabajo como a quien se le descompone el televisor: le acomoda dos o más golpes hasta que regresa el audio o la imagen, pero en realidad no sabe con exactitud cuál golpe, con qué magnitud y en dónde se requiere dar, además que a veces por mas golpes que se de, nunca regresa la imagen.

Después de los primeros resultados de las investigaciones de Eynsenck y del susto de los terapeutas de ese tiempo, que no tenían con que desmentir los resultados de las investigaciones, los Psicoterapeutas empezaron a preocuparse por demostrar y demostrarse a sí mismos que lo que hacen sirve para algo. Después de eso en la psicoterapia empezaron a escucharse terminajos como efecto placebo, grupo de control, comparación de distintos tratamientos, ausencia de tratamiento, estudios correlacionales, prueba controlada aleatorizada, variables dependientes, variables independientes, protocolos de tratamiento, estudios comparativos, muestras, estadística, etc.

Afortunadamente, posteriores y poquísimas (si las comparamos con otros campos) investigaciones han demostrado la efectividad de las intervenciones psicoterapéuticas.

De todos modos, la investigación de los resultados es parte del mal del que todavía adolecen muchas corrientes psicoterapéuticas. Actualmente mucho de lo que los terapeutas hacen forma parte de una creencia o como dice María Luisa Ávalos en su artículo, son derivadas del “folklore clínico” o de teorías no verificadas o verificables que no pueden ser un soporte adecuado para un tratamiento (confrontar su artículo en el presente número).

Por tomar un ejemplo, en la sección amarilla de Jalisco del año 2007, para el apartado Psicólogos, aproximadamente hay anunciados 100 psicólogos, a excepción de 2, todos ofrecen servicios de psicoterapia. Llama la atención que existen ofertas tales como “reprogramación del ADN”, Terapia de la Nueva Energía, Terapia de energía cuántica, Reiki, Angeloterapia, regresiones a otras vidas y un largo ¡ups! ¿Cómo se investiga y comprueba la efectividad del trabajo con los Ángeles y demás espíritus? Si es que “funciona” ¿cómo estar seguro que fue por la intervención de la reprogramación del ADN o de los Ángeles o en realidad fue por el efecto placebo o por azares de la vida? Es más, ¿se puede reprogramar el ADN con psicoterapia? ¿Cuáles estudios avalan eso[1]? ¿Qué no se supone que el ADN lo modifican los genetistas en su laboratorio, no los psicoterapeutas en sus consultorios? ¿Es ético que una persona anuncie que sabe hacer algo de lo cual no se está seguro y además cobrar por eso?

Mara Selvini Palazzoli, reconocida terapeuta Familiar, a pregunta expresa sobre la evolución y futuro de la terapia contestó:
¡Realmente (es) una porquería!, (sic) porque se ha realizado muy poca investigación[2]

2. Falta de supervisión y rigor en la formación del terapeuta.

¿Cómo se enseña a los terapeutas a serlo? ¿Quién esta acreditado para hacer psicoterapia? ¿Qué tipos de psicoterapia?
Aunque actualmente en México existen instituciones educativas que forman a Psicoterapeutas, aunque en nuestro país todavía no se ha legislado quién debe ser Psicoterapeuta o qué es lo que hace (lo de la Angeloterapia es un ejemplo), y los códigos éticos, obviamente en nuestro país son letra muerta. En otros países existen órganos reguladores que acreditan o sancionan a los profesionales de la Psicoterapia. Por ejemplo, la Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos Profesionales (EFPPA) y de la Asociación Europea de Psicoterapia, (EAP) solicitan una serie de requisitos para la acreditación de un psicoterapeuta como tal: 2 años de experiencia como psicólogo profesional bajo supervisión, 3 años de Formación a tiempo completo, o su equivalente en horas si la formación es a tiempo parcial, 150 horas de Supervisión, 500 horas de Práctica supervisada, 400 horas Teórico-Prácticas, 100 horas de Trabajo Personal. ¿Y en México? Bien, gracias.

3. Eficacia y eficiencia.

Estos dos conceptos están muy ligados a la investigación en psicoterapia ya que son parte de lo que se evalúa. Félix Castellanos lo llama “evidencia científica”. Casi todos los autores de los artículos han contestado la pregunta de la eficacia y la eficiencia del modelo Terapéutico en el que están especializados. Para uniformar los términos, la eficacia en psicoterapia se define como el logro de los objetivos precisos acordados al inicio de la relación terapéutica. (Si, estimado lector, en la psicoterapia se ponen objetivos y se planean las sesiones, aunque existan terapeutas[3] que no planean nada). La eficiencia es la relación costos/beneficios. Se considera que una terapia o enfoque terapéutico es eficiente en la medida de que ahorre o consiga los objetivos en el menor tiempo, dinero y con el menor dolor psicológico al paciente. A lo que muchos modelos teóricos no han querido entrarle, es a la evaluación de la eficiencia en los tratamientos.

Finalmente, podríamos decir que esto de la “evidencia científica” nos remite nuevamente al concepto de Ciencia, que es lo que la comunidad científica sostiene, regula, modifica, a través de un paradigma que no es contemplado como la “Verdad”. Paradigmas vienen y paradigmas van. Estos son los que dictan que es pertinente para la ciencia de ese momento, lo que se investiga y lo que es una evidencia. Habría que reflexionar sobre esto y acerca de que, aunque ningún paradigma puede decir que es verdadero, si existen paradigmas mejores que otros, en la medida en que explican mejor la realidad y resuelven problemas más complejos. Quien quiera saber más de esto, puede remitirse a leer las obras de Thomas Khun.

4. Sí a la crítica de la teoría.

Sería ideal empezar a discutir sobre teorías y paradigmas. En Diálogos no estamos a favor de la postura que alega “falta de respeto” cuando se cuestiona alguna postura teórica. Recordamos que siempre lo que está a discusión son las ideas, la teoría, no las personas. Postulamos que lo que hace crecer los proyectos, las ideas y las teorías, es la discusión y el diálogo (por eso nos pusimos ese nombre). Básicamente, las grandes universidades se han reconocido por ser un hervidero de ideas, diferentes, contrarias y eso es lo que las ha hecho grandes. Algunos teóricos comienzan a hacerse escuchar en el sentido de que no quieren escuchar críticas; quienes fallan ahí son, evidentemente, los teóricos: las teorías son hijas de los humanos y deben seguir siendo medio y fin para el refinamiento del pensamiento, mientras más las critiquemos, mejores pensamientos tendremos.

Si realmente quiere ser un terapeuta que se respeta y lo respeten; especialícese, siga en continua formación, actualización y supervisión, lea investigaciones, preocúpese por investigar también y por favor, si lo suyo no es la psicoterapia, no diga que lo es; llame a las cosas por su nombre, puede que ni psicólogo sea (rezan: al pan, pan y al vino, vino); ya estamos muy quemados solitos, no nos queme más.



[1] Además de los mostrados en las películas y pseudodocumentales como ¿Y tú qué sabes? (1 y 2), El secreto y toda esa ralea de “científicos” felizólogos que tienen cabida hasta en las aulas y, lo peor, cuenta cada vez más con mayores seguidores.
[2] Revista electrónica Mosaico, número 6
[3] Sino ponen objetivos no es psicoterapia, es otra cosa: acompañamiento espiritual, consejería… análisis.



Artículos


por Juan Ramón González Rosales. P. 5-6.

por María Luisa Ávalos Latorre. P. 7-11.

por Mariano Castellanos González. P. 12-14.

por Félix A. Castellanos M. P. 15-17.

por Lidia Karina Macías Esparza. P. 18-24.

Entrevista por María de los Ángeles Hernández Martínez. P. 25-30.

Entrevista a Waldo Ernesto Nava Meléndez, por Érika Gabriela González Flores en colaboración con Alejandra González García. P. 31-33.

por Alejandra González García. P. 34-36.

por Leonardo García Lozano. P. 36-40.


Secciones

Mucho gusto
por Karla Preciado Mendoza. P. 41.

por Sergio Quiñonez Romandia. P. 42.

por Angélica Llamas Sandoval. P. 43.

por María de los Ángeles Hernández Martínez. P. 44.

El rincón del tío Pelón
por Morelli. P. 45-46.

¡Que pare el mundo!
por Sanx. P. 48.

Esta flor ya se rompió
por Candi Uribe Pineda. P. 49-50.



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17 de agosto de 2008

El cronopio

El cronopio, “ese ser desordenado y tibio”, es un poeta colectivo. En otras palabras, los poetas de todos los tiempos, y sobretodo bajo el sistema de producción capitalista, se han caracterizado por una triste y oscura soledad que los obliga a crear nuevos mundos donde la poesía se torna colectiva y las cosas tienen nuevos nombres, victoriosos, que vistos de cerca, representan una ruptura total con la agonía.


Los poetas sueñan, desde el fondo de su sangre, una sociedad poética colmada de Eros y libertad; y el cronopio es el ciudadano de una sociedad de ese talante, es una clase social o estado del espíritu que permite hacer de la poesía una conciencia real dentro de un espacio y tiempo determinados. El cronopio es la oportunidad que se da el hombre para hacer de su sociedad una obra de arte, un poema genial, conciencia de la necesidad de ser poetas como colectividad y como humanidad.

Por eso es que actualmente los famas, amigos del poder y de la señora seriedad, viven molestando, burlándose y rompiéndole el alma a los cronopios que buscan ocupaciones raras, felices, basadas en lo extraordinario. En tanto sedientos de lo fantástico, los cronopios vienen a ser vulnerados, en términos de su ensoñación objetiva, léase libertad, por las costumbres viejas y arrugadas de unos famas que temen caerse de espaldas o que etiquetan los recuerdos y los cuelgan de las paredes de la sala.

Para otros lectores de Cortázar, los cronopios son simplemente: niños. Esta interpretación no es descabellada en tanto la relación fama-cronopio es una relación lineal, vertical, en la que los cronopios juegan a tatuar el agua, a devorarse el mundo como si fuera una galleta, mientras los famas están ocupados en el Gran Asunto, adheridos a la Gran Costumbre, explicando lo inexplicable, comprando el diario para tragárselo en ayunas, coqueteándole a las esperanzas con nudos de corbata que los ahorcan, aglutinados en conciertos de piano que quiere romperse, felices porque tienen un reloj-pulsera al que se condenaron a darle cuerda… mientras tanto, los cronopios están vendiendo trocitos de agua de colores, adornando monumentos con trozos de mangueras amarillas; siguiendo con la vista una baba del diablo; buscando la llave de la puerta en la mesa, en el cuarto, en la casa, en la calle, hasta quedarse por fuera y saberse sin llave para abrir la puerta; recetando para los males del cuerpo un ramo de rosas; odiando a sus padres.

En medio de tregua y catala, los cronopios asumen el mundo como algo que necesariamente debe ser roto por una pelota, o por un beso. Así, hay una relación directa entre ser niño, ser poeta y ser cronopio: la ensoñación total de los instantes enredados en los juegos. En el fondo, ser poeta es pasársela jugando con el lenguaje, arrancándole los brazos, estrellándolo contra las paredes, limpiándolo con la panza después de estropearlo en los charcos de la calle. En el fondo, también, ser revolucionario (léase cronopio), significa beberse en ayunas el mundo y quejarse todo el día por el dolor de estómago; adherirse a la piedra para esperar que le nazcan alas para que, en vuelo, podamos lanzarle mariposas. Y ser niño es simplemente andar boquiabierto descubriendo el mundo con las uñas, odiando lo negro y lo blanco, amando el marrón de las eras imaginarias, construyendo la historia a cuenta de cantos y raspones en las rodillas… Invención de una ciudad de hombres y mujeres limpios de sombra y aptos para el amor verdadero…